25 de Feb de 2020

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Roberto Antonio Pinnock Rodríguez

Columnistas

El papa Francisco y la tozudez de las élites empresariales

Este carácter de quien alcanza a ejercer liderazgos públicos, no se adquiere al asumir los cargos

Ahora que las aguas de la cotidianidad social y política han ido volviendo a sus cauces, luego del paso histórico del papa Francisco por nuestra capital, a propósito de la JMJ, cabe seguir reflexionando con sentido crítico acerca de en cuál tierra ha caído su semilla, que nos permita prever su germinación en nuestra sociedad. Veamos.

Respecto al cimiento o pautas que rigen el modelo en el que se basan las relaciones sociales para la producción y aplicación de las políticas de distribución de riquezas, el papa, marcó un parteaguas cuando se dirigió a las autoridades y cuerpo diplomático el 24 de enero.

Por un lado, describió el tipo de sujeto social o individuo que puede impulsar un modelo que se congenie con la doctrina cristiana: ‘Las nuevas generaciones (...) reclaman de los adultos, pero especialmente de todos aquellos que tienen una función de liderazgo en la vida pública (...) llevar una vida que demuestre que el servicio público es sinónimo de honestidad y justicia, y antónimo de cualquier forma de corrupción' (Papa Francisco, 2019. Encuentro con las autoridades, el cuerpo diplomático y representantes de la sociedad civil, Panamá).

Este carácter de quien alcanza a ejercer liderazgos públicos, no se adquiere al asumir los cargos; contrario a la idea popular de que el poder corrompe —salvo en sentido figurado—, lo que sugiere el papa es que el ejercicio del poder se hace corrupto, si el que lo ejerce lleva consigo el germen de la corrupción y no el de la honestidad y justicia.

El modelo en el cual las élites económicas controlan y están por encima de las decisiones de las élites políticas —plutocracia— condiciona a que quede totalmente anulado un no corrupto en sus buenos propósitos, si no tiene el germen de la corrupción. Ergo, esta exhortación papal tiene una remota probabilidad de que se concrete, razón por la cual el pontífice lo planteó como un reto histórico para que los jóvenes lo modifiquen.

Por otro lado, se refirió a los principios rectores que orientan la producción de riquezas hacia el Bien Común, a saber, la ‘Participación efectiva' y la ‘Solidaridad'.

En cuanto al primero, destacó que: ‘Es imposible pensar el futuro de una sociedad sin la participación activa —y no solo nominal— de cada uno de sus miembros, de tal modo que la dignidad se vea reconocida y garantizada en el acceso a la educación de calidad y en la promoción de trabajos dignos' (Op. cit.).

En nuestro país hay cada vez menos trabajos dignos, como producto de la elevada explotación del trabajo asalariado y cuasi asalariado por parte de los inversores de capital. Empleos que remuneran por debajo del salario mínimo para puestos similares, incertidumbres en la permanencia de los trabajadores, contratación de mano de obra extranjera a la que se le conculcan sus propios derechos, para deprimir salarios, etc. ¿Será factible que los jóvenes se encuentren con una realidad donde los que se enriquecen abundantemente gracias al empleo no digno promuevan el trabajo digno?

Respecto del segundo ámbito, se refirió al compromiso de los jóvenes por vivir un modelo de un mundo más humano. Esto lo afirmó negando su antónimo, negando el modelo basado en la competitividad que los jóvenes tendrán que desafiar donde: ‘presas del paradigma tecnocrático, creen que el único camino posible se transita en el «juego de la competitividad, [de la especulación] y de la ley del más fuerte donde el poderoso se come al más débil»' (Op. cit.).

En pocas palabras, planteó que es contrario al imaginario cristiano una economía basada en las normas de la competitividad capitalista. Esta competitividad conduce a someter a las leyes del mercado a cuanta institución social exista.

¿Serán capaces los señores del capital privado, de ceder en sus pretensiones de ampliar los seguros de pensiones privatizadas en el sistema de seguros sociales de la CSS, introducido en el año 2005 con el Gobierno del señor Martín Torrijos? Mismo que está provocando el colapso del sistema de pensiones.

Tal como se visualiza hoy día, cabe esperar una fuerte embestida de las élites empresariales, en el sentido contrario a los pronunciamientos del papa Francisco, haciendo espinoso el terreno donde ha regado su semilla de paz y justicia durante la JMJ.

SOCIÓLOGO Y DOCENTE UNIVERSITARIO.