Panamá,25º

19 de Feb de 2020

Avatar del Modesto A. Tuñón F.

Modesto A. Tuñón F.

Columnistas

Legado teatral de Norman Douglas

Douglas fue un intenso promotor de la dramaturgia en todas sus expresiones.

Fue la llamada matutina el domingo pasado del poeta José Carr, que me puso en autos del deceso del hombre de letras Norman Douglas, importante director de teatro que hizo de Panamá su segunda patria y promovió el arte de las tablas en múltiples dimensiones durante los últimos cuarenta años. Al redactar estas líneas, desconozco las causas del fallecimiento, aunque supongo que fueron razones de salud que acabaron con su vida.

Douglas fue un intenso promotor de la dramaturgia en todas sus expresiones. Llegó al país en 1978, como consecuencia de las amenazas en que se vio involucrada una gran cantidad de intelectuales salvadoreños con el clima de inseguridad, víctimas de sectores vinculados con las fuerzas castrenses, que desataron la persecución desde el poder. Esta diáspora obligó a varias figuras de la cultura a buscar nuevos espacios para sus ideas y emprendimientos.

En su país, había formado el primer grupo de teatro independiente ‘El taller de los vagos' y dirigió adaptaciones y textos colectivos. De esa época son El juicio final, El cruce sobre el Niágara, El cementerio de los automóviles, Los papeles del infierno, de Enrique Buenaventura, entre otros.

Un hombre de vasta formación y conocimiento sociocultural; en especial, literarios. Vio la oportunidad de impulsar una actividad en los escenarios y estableció el grupo Tablas. Allí montó obras que no habían sido vistas antes en los proscenios locales. Textos de fuerte componente dramático; autores reconocidos por sus ideas controversiales y polémicas; pero fundamentalmente, cruciales para comprender los problemas contemporáneos de fin de siglo.

El material expuesto en las salas universitarias —fue apoyado por la Universidad de Panamá—, de la ciudad capital o en provincia que Douglas dirigió, tenía siempre una esfera de discusión en los círculos preocupados por estos afanes. Conflictos, altercados, exageraciones, intensidad, novedad, atrevimientos. Cualquiera de estos conceptos podría servir para relacionarlo con las experiencias de quienes asistían a los locales de estreno.

Pero esta tipificación también fue una proyección de su propia personalidad. Osado en sus planteamientos, carismático en sus puntos de vista, se hizo de amistades y enemistades; todas con la misma fuerza. Para algunos, era el amigo cercano de los planes innovadores. Mientras para otros, muy temerario, irrespetuoso y sus iniciativas constituían un campo no explorado en el teatro panameño.

El trabajo con los actores, imponía a Douglas un esfuerzo que implicaba arduas jornadas para lograr que el elenco alcanzara el nivel que imponían los guiones de las obras. Cada uno debía desdoblarse hasta conseguir el personaje en toda su expresividad. Presentó monólogos de él; además diálogos de mucha fuerza como aquel de Dos viejos pánicos y El beso de la mujer araña, de Puig.

Hubo clásicos, también modernidad, de allí el drama feminista de Monólogos de la vagina. Intervino en montajes muy representativos, como aquel basado en el poema de Korsi, sobre la cantina de la mulata Pancha Manchá. Montó La empresa perdona un momento de locura; otro encargo fue Panamá Offshore, original de Julia Fontana y José Cabezas sobre Los papeles de Panamá.

Durante los últimos años aplicó en el teatro, la herramienta pedagógica en el acercamiento a instituciones educativas para que jóvenes conocieran y apreciaran este arte de la composición dramatúrgica y así fortalecer su sensibilidad hacia esas muestras de la imaginación creativa con Shakespeare, Cervantes, García Lorca, entre otros.

‘El teatro es una manera de ser coherente con la historia que se cuenta', dijo en alguna entrevista que le hicieron y de esta manera concibió su tarea y su exploración a la ‘imagen poética'. Su muerte constituye una pérdida para las letras; en especial a la representación entre bastidores, la creación de personajes y sus conflictos que se desprenden de la realidad humana cotidiana.

PERIODISTA