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11 de May de 2021

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Tomás Paredes Royo

Columnistas

Venezuela: ¿cómo salir de este zaperoco?

Frente a la situación de ruptura que existe hoy en Venezuela, las posibles soluciones parecen decantarse en dos vertientes diametralmente opuestas

Hablar a estas alturas de posibles soluciones a la crisis venezolana es bastante complicado por el desbordamiento de las pasiones, los intereses particulares y las agendas escondidas que existen alrededor del tema.

Desde hace varios años, Gobierno y oposición vienen hablando de la necesidad de negociar un entendimiento, donde primero Chávez y luego Maduro, han salido a defender su cuestionada legitimidad con el resultado de las urnas. No obstante, las crecientes limitaciones del Gobierno para atender y satisfacer las necesidades del pueblo han hecho que los votos pasen, poco a poco, de reflejar la voluntad de los venezolanos, a demostrar la habilidad del Gobierno para sostenerse en el poder.

Sin embargo, esos diálogos han sido hasta ahora más bien monólogos dentro de un ambiente de baja credibilidad y mucha desconfianza, donde las partes se han equivocado en la medición de las fortalezas y debilidades ‘del otro' y donde los de Gobierno y oposición han tenido como objetivo común satisfacer a sus seguidores, más allá de lograr una solución política en beneficio del país. Esta confrontación ha tenido en el tiempo diversos matices e interlocutores, y, aunque las circunstancias han variado, el objetivo de la oposición sigue siendo el mismo: sacar como sea a Chávez/Maduro del poder.

Frente a la situación de ruptura que existe hoy en Venezuela, las posibles soluciones parecen decantarse en dos vertientes diametralmente opuestas: por un lado el uso de la fuerza militar, ya sea extranjera o local, y por el otro, la negociación entre las partes, donde participen y se reconozcan todas las aristas del problema y se produzca una salida política y pacífica al conflicto.

El camino de la fuerza, ya sea por medio de una invasión o un alzamiento militar, es el preferido por los enemigos del diálogo, los impacientes, los eficientes, aquellos que no ponen los muertos y promueven la paz de los sepulcros. Estos saben bien, sin que les importe mucho, que el luto, la desolación y los futuros traumas sociales para Venezuela y América Latina son difíciles de predecir y de cuantificar.

El camino del diálogo, más lento y más arduo, requiere de mucha sensatez, madurez, desprendimiento y comprensión de cada una de las partes para encontrar objetivos de entendimiento, una convivencia y un futuro político a todos los grupos en conflicto, con el propósito de construir una Venezuela inclusiva, participativa y equitativa. Sin embargo, esta vía del diálogo, a mi juicio, debe considerar algunas premisas básicas, más allá de la usual amnistía que se otorga a los protagonistas de ambos bandos, además de otras condiciones de carácter general y administrativas que faciliten a que el diálogo se concrete y prospere.

En primer lugar, las partes deben concertar de antemano que las Fuerzas Armadas Bolivarianas pasen a ser garantes de cualquier acuerdo, despojadas de cualquier papel beligerante, dirimente o protagónico como lo han hecho hasta el momento. Esta despolitización de las instancias militares requerirá un pase a retiro de la mayoría de la cúpula militar existente y la retoma de la profesionalización del soldado venezolano. En todo caso, debe quedar claro que el papel que le corresponderá a las Fuerzas Armadas es garantizar la Constitución y hacer cumplir las leyes de la República.

En segundo lugar, cualquier solución debe pasar obligatoriamente por la reestructuración completa del Consejo Nacional Electoral, de manera que se garantice una recomposición del sistema electoral venezolano y unas próximas elecciones libres y democráticas. Este nuevo CNE debe conformarse con personas ajenas al conflicto, o de común acuerdo entre las partes, de manera que se puedan garantizar los derechos políticos colectivos e individuales de los ciudadanos para ser candidatos, para votar y ser elegidos en un proceso electoral libre, abierto y democrático.

Por último, cualquier esfuerzo por encontrar una solución duradera al conflicto venezolano, debe dejar por fuera la tradicional arrogancia y los sentimientos de revancha de la derecha y el clientelismo y los resentimientos de la izquierda, con el fin de forjar una patria nueva, una Venezuela que ponga todos sus recursos y atributos al servicio de sus ciudadanos y del mundo.

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