22 de Feb de 2020

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Julio Bermúdez Valdés

Columnistas

Venezuela, de 23 en 23

‘[...] por el momento, creo que los estrategas de la intervención en Venezuela tendrán que esperar otro día 23'

Tanto el de enero como el de febrero de este año, han sido días de serias tensiones en América Latina, por la posibilidad de una invasión militar extranjera en Venezuela, sobre todo por la intensa propaganda que las ha antecedido.

Vidas de por medio, es cierto que un número plural de voces favorece la acción, sobre todo por el carácter institucional que le ha dado el Grupo de Lima, pese a que es evidente que el estímulo principal procede de Estados Unidos.

Pero es cierto también que, pese a la enorme inversión económica que han implicado estas movilizaciones, en ninguna de las dos fechas se han cumplido los objetivos divulgados por el Grupo de Lima, la Organización de Estados Americanos y Washington: derrocar al régimen de Caracas. En esa dinámica han intervenido factores que merecen un posterior análisis.

No cuentan los esfuerzos posteriores, operativamente ambas han fracasado. El agravante de la última es que ahora el autoproclamado presidente Juan Guaidó está fuera de Venezuela.

Ahora bien, puede que para algunos resulte incomprensible la forma simple como algunas voces respaldan una invasión militar extranjera en la República bolivariana, pero habría que entender que los que promueven el fonema parten de las experiencias de Granada y Panamá en el siglo XX: EE.UU. llegó, ‘arregló todo' y se fue… aunque esto último no sea del todo cierto.

Pese a que trasciende informativamente un movimiento de fuerzas especiales norteamericanas hacia Colombia y Puerto Rico, por lo que algunos observadores temen que esté en marcha la intervención militar extranjera en Venezuela, hay algo que no encaja: el Grupo de Lima, tan agresivo al principio, parece tomar distancia ahora de una acción como esa.

¿Un contrasentido, a estas alturas? No creo. Detrás de la bondad pacifista del Grupo de Lima parecen estar informaciones según las cuales ni los ejércitos del Perú ni el de Brasil participarían de la invasión.

Una situación como esa rompería la tesis de la coalición de países encabezada por EE.UU., y relegaría la responsabilidad del acto a Washington y Colombia, de ahí que los últimos balances enfaticen en las consecuencias que tendría para este último país implicarse en una guerra con su vecino. EE.UU. no ha tardado en precisar que estaría junto a Colombia.

Pero… ¿cuáles son las características que rodean esta situación y que parecen detener en seco las primeras tesis de la intervención y la readecua ahora a dos países?

Un veterano militar nos ha hecho recordar que, durante la Guerra Fría, en las décadas 60 y 70, sobre todo después del triunfo de la Revolución cubana, Estados Unidos enfrentaba dos problemas serios en América Latina: la corrupción de las oligarquías que empobrecían cada vez más a sus pueblos y; 2. la amenaza del comunismo que crecía exponencialmente en la región.

Es un secreto a voces que para esas fechas EE.UU. apeló a los militares e impuso un rosario de dictaduras, cuyo saldo fue el de miles de personas asesinadas, detenidas, torturadas, desaparecidas y exiliadas. Tan solo de Chile salió más de un millón de personas, otros miles de Argentina, Bolivia, Uruguay, Paraguay y Brasil.

En su obra Operación Cóndor, John Dinges da cuenta de la cooperación de Washington con esos regímenes, cuyos detalles no son, por ahora, objeto de análisis. Sí lo es, sin embargo, la puntualidad con la que los militares de esos países se alinearon con EE.UU., aunque a la hora de pagar los costos de esas acciones no encontraron en Washington la misma lealtad. Muchos fueron detenidos, juzgados, condenados y terminaron sus días en la cárcel. Panamá no está fuera de ese escenario.

¿Cuánto pueden pesar hoy esas experiencias en las noticias provenientes de los ejércitos de Brasil y el Perú? ¿Y cuánto en la decisión que el Grupo de Lima ha tomado en Bogotá?

La situación con Venezuela debe arreglarse sí, pero en un marco democrático, pacífico y entre venezolanos. La región debe ayudar en la conformación de ese escenario. Existen algunas voces que cuentan con que al primer bombazo los militares de ese país salgan corriendo, lo cierto es, sin embargo, que, por el momento, creo que los estrategas de la intervención en Venezuela tendrán que esperar otro día 23.

PERIODISTA