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13 de Oct de 2019

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Julio Bermúdez Valdés

Columnistas

¿Dónde está el programa?

Es posible que algunos candidatos lo tengan en borrador o que lo estén afinando, porque aspirar hoy a la Presidencia de la República

Es posible que algunos candidatos lo tengan en borrador o que lo estén afinando, porque aspirar hoy a la Presidencia de la República implica encarar a futuro una serie de retos inevitables, para cualquiera de los siete candidatos que gane los comicios de mayo venidero.

La educación, tema recurrente en el desarrollo estratégico del país, pese a lo cual no se acaba de concretar la propuesta curricular esbozada a finales de los años 90, no solo por el desarrollo económico de la nación, sino por la cuestión social que tiene tantas aristas.

No basta con el desarrollo de las materias técnicas, hay que redefinir el concepto humanista de nuestra educación, tan decisiva en la formación y consolidación de nuestra nacionalidad durante el siglo XX.

La definición de enfoque y una política pública respecto a los sectores agropecuarios, que siguen desarrollando una agenda de demandas justas, ante la desatención de que ha sido objeto en la última década.

El país no debe seguir sujetando su soberanía alimentaria a una política de importaciones desenfrenadas que colocan en riesgo la existencia misma de ese sector. ¿Qué proponen al respecto nuestros candidatos?

La pobreza sigue siendo tema inaplazable, que no se resuelve con subsidios ni paliativos temporales, que condenan al país a una zozobra social, debido las diferencias abismales en la forma como se reparten los ingresos, sobre todo ahora que, a diferencia de todo el siglo XX, Panamá tiene a su disposición el mayor de sus recursos, el Canal de Panamá.

Pero existen otros temas que, vinculados a la coyuntura internacional pueden poner en juego la soberanía y la autodeterminación de la Nación.

He sido rigurosamente crítico con la administración Varela en muchos de los temas anteriores, pero en justicia habrá que reconocerle su decisión y valentía al abrir las relaciones de Panamá con China, un componente estratégico en los nuevos días de Panamá, la región y el planeta.

La visita del presidente Xi Jing ping a Panamá en diciembre pasado ha puesto al alcance de los panameños, sobre todo de nuestros empresarios, un mercado de mil 400 millones de habitantes, que en el marco estrictamente comercial, promete para el país una prosperidad a partir de una relación de respeto mutuo.

El presidente Juan Carlos Varela deja andando un tratado de libre comercio que abarca distintas esferas de la economía, pero que sobre todo promete incrementos importantes en el PIB de Panamá.

Es una relación ganar-ganar, pese a lo cual su expresión estratégica ha devenido en evidente preocupación para Estados Unidos, precisamente por las características de respeto que asume y las ofertas que puede hacer a Panamá la potencia asiática en distintos rubros.

¿Cuál es la posición de nuestros candidatos al respecto, considerando que en ocasiones las peculiares relaciones de Panamá con EE.UU. podrían resentirse por los intercambios con este nuevo socio que parece hacer mejores ofertas que las de los viejos aliados? ¿Las enfocarán a partir de la dinámica con que las ha iniciado Varela?

Otro de los temas que no deberían eludirse en los programas es la política exterior panameña. Pese a que la apertura de relaciones con China la administración Varela ha sido transparente, no ha ocurrido lo mismo en las que mantenemos con EE.UU. Varias son las visitas que tanto el presidente como la canciller Isabel Saint Malo han realizado a ese país sin que hasta ahora se conozcan detalles.

Panamá sin embargo participa en coaliciones extranjeras que propician golpes de Estados en terceros países, abre sus puertas a ejercicios y tropas de misiones no definidas aún y, como si fuera poco, ha ido instalando un concepto de ejército en uno de los componentes de seguridad pública, en franca violación a la Constitución Nacional.

Lo delicado de este último tema es que algunas encuentran aval tanto en el Tratado de Neutralidad de 1977 como en acuerdos suscritos al margen de la Asamblea Nacional, y que no parecen muy coherentes con los acuerdos Torrijos - Carter de la misma fecha.

Panamá podrá saber hacia dónde gira cada candidato, cuando los programas sean de conocimiento público. La ciudadanía no puede seguir viviendo en base a megaproyectos sin una línea coherente, planificada, que le ponga norte a su política pública y donde los sectores más vulnerables, así como la soberanía nacional, constituyen factores que no se pueden ignorar.

PERIODISTA