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22 de Oct de 2019

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Roberto Antonio Pinnock Rodríguez

Columnistas

Emprendurismo y sueños de opio para los pobres

‘El concepto de emprender, no debiera estar alejado de prácticas organizativas, solidarias [...], lo que supone apoyo institucional en esa misma línea [...]'

Un grupo de 12 campesinos jóvenes de las montañas de Capira, está muy entusiasmado con su iniciativa ‘emprendurista', que cuenta con apoyo del Inadeh, en lo que se refiere a aprendizaje de técnicas de producción y gestión empresarial.

Alguien los convenció de que con este esfuerzo saldrán del círculo de la pobreza en el que están sumidos. Comenzaron el año pasado con 100 pollos que una afamada empresa avícola les vendió, y que fue su cuota inicial para encaminarse a ser respetables empresarios. Hoy solo les quedan 18 gallinas ponedoras y ningún pollo.

‘La pobreza de los socios tiene cara de perro', me dice Gabriela, presidenta del grupo, al explicarme por qué, más que crecer, se han mantenido estancados, añadiendo que no solamente han tenido que hacer uso de pollos para su precaria alimentación, sino que hubo una mortandad de estos animales que no tuvieron recursos para enfrentarla. Además, tienen que pagar el alquiler de la tierra que usan, porque no tienen propia, salvo la de sus viviendas.

Me describe Gabriela que ellos tienen unas ventas promedio mensuales de unos 320 dólares. De los cuales caben restar 200 dólares dedicados a los gastos de la producción, lo que los deja con 120 dólares mensuales de ‘ganancia'. Si esto lo dividimos entre los 12 miembros, ¡ya vemos qué rápido saldrán del círculo de la pobreza para ser prominentes empresarios y qué manera más novedosa de retener a jóvenes en el campo para evitar su emigración a las áreas marginales urbanas!

Seguramente, serán excelentes candidatos para recibir alguno de los subsidios de ‘ataque a la pobreza' que nuestros Estados subdesarrollados han generalizado con réditos político clientelistas y vocación de parasitismo social.

En las montañas de Coclé, me encuentro con otro grupo de ‘granjeros' que hace parte de otra iniciativa apoyada por una fundación privada. Esta, ofrece apoyo similar al que le otorga Inadeh al grupo de Gabriela y hasta apoyándolos con estudio de mercado y todo ese protocolo para proyectos de pequeña escala.

Lamentablemente, el resultado es idéntico al del grupo de los 12 jóvenes de Capira. Esta asociación de seis familias, liderizada por el señor Chirú —de poca escolarización, pero profunda sabiduría— se lanzó a diversificar el contenido nutriente de su propia alimentación y la de sus vecinos del área. Producen no solamente tubérculos y frutas en la granja (autosostenible, dicen) sino también, tilapias.

La cuestión es que los vecinos de los poblados cercanos están sumidos en igual o peor situación de pobreza que ellos que no pueden vender tilapias en los volúmenes y frecuencia que permite alcanzar economías de escala para salir del círculo de la pobreza. Aquí parece haberse confundido lo de producción autosostenible con autoconsumible.

De algo sí están sirviendo estas iniciativas emprenduristas en estos campos: retener un tiempo más a la mano de obra útil para las grandes explotaciones ganaderas de la región, además de crear productores a quienes los intermediarios pagan menos por más producción de alimentos, porque no tienen capacidad de negociar sus precios ni sacar su producción a mercados urbanos.

Luego, cuando estos grupos campesinos se despierten de este sueño de opio, querrán hacer las cosas cada quien por su cuenta, porque solidariamente, con organización, salir de la pobreza se ve como inalcanzable. Así, la ideología de la ética individualista capitalista se habrá impuesto.

El emprendurismo, tal como lo plantea esta ética de los capitalistas monopolistas, no llevará a ningún pobre a salir de su pobreza; más bien garantizará que estos sigan en esta situación para contar con mano de obra barata y ‘clientela' de politiqueros.

El concepto de emprender, no debiera estar alejado de prácticas organizativas, solidarias —globalización de la solidaridad como plantean los últimos papas frente al capitalismo salvaje—, lo que supone apoyo institucional en esa misma línea, contribuyendo a que los grupos emprendedores trabajen con capital semilla o activos que generen economías de escala; es decir, en volúmenes suficientes para saltar la línea de la pobreza. No otorgando, semillitas, unos cuantos pollitos, unas cuantas tilapias, predios que no llegan ni a 10 hectáreas...

Hay que hablar de emprendimientos económicos sí, pero en el sentido de una economía solidaria, cónsona con el concepto profundo y no lastimero ni de sobras, de la limosna que cabe compartir en tiempos de Cuaresma... y más allá.

SOCIÓLOGO Y DOCENTE UNIVERSITARIO.