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16 de Oct de 2019

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Julio Bermúdez Valdés

Columnistas

Un metro para personas, no para carga

Hay que ver cómo, en horas picos, mañana y tarde, la ley de la selva se impone en las paradas

El Metro constituye hoy por hoy el sistema de transporte más eficiente con que cuenta Panamá. Millares de personas se mueven diariamente a través del mismo, sin tranque, sin semáforos ni contratiempos, y como resaltara el ingeniero Roberto Roy hace algún tiempo en Atlapa, ‘no hay un papel en el suelo'.

Diseñados por la empresa francesa Alstom, constituyen también uno de los más modernos de la región, y el comportamiento de los usuarios ha demostrado que cuando al pueblo se le aportan obras buenas, las sabe valorar y las cuida.

Sin embargo, hace ya algunos meses se observa que, pese a traer cómodos asientos, la empresa que los administra ha resuelto quitarles la mayoría a los vagones, con la aparente intención de que superen la capacidad de usuarios. Una vez llegaron a Panamá y fueron puestos en servicio en marzo de 2014, la capacidad anunciada de cada vagón con todo y asiento fue señalada en 200 pasajeros. ¿a cuánto suben sin asiento? ¿Vale la pena el desmantelamiento?

Aparte del daño que sufre la estética de cada vagón, el retiro de los asientos los convierte en contendores de carga, los deforma y promueve su deterioro; el apretujamiento de las personas comienza a recordar la vieja y rechazada situación que se daba en los tristemente célebres ‘diablos rojos', amén de la forma como el hacinamiento reduce el efecto del aire acondicionado, pone a cada persona a respirar una frente de la otra y aumenta la posibilidad de epidemias respiratorias.

Pareciera que los administrativos del Metro, cuya labor no deja de ser meritoria por esta observación, solo han considerado la posibilidad de aumentar la capacidad de los vagones y no la comodidad de los pasajeros, o evitar las consecuencias antes señaladas, transformando a las personas poco menos que en ganado. Con seguridad, quienes han tomado esta decisión no harían lo mismo con sus autos particulares.

En lugar de retirar los asientos que servían para adultos mayores y mujeres embarazadas o niños, deberían incrementar el circuito de los trenes y ordenar el ingreso de usuarios, a empujones en la actualidad. Hay que ver cómo, en horas picos, mañana y tarde, la ley de la selva se impone en las paradas. No es posible que el correctivo solo se vaya a aplicar cuando haya una tragedia.

El Metro de Panamá, inaugurado bajo la administración Martinelli, es hoy por hoy la segunda obra más importante del país después del Canal, motivo de orgullo nacional, no conspiremos contra sus bondades y contra su eficiencia.

PERIODISTA