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22 de Oct de 2019

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Guillermo A. Cochez

Columnistas

Los retos de la nueva Asamblea Nacional

¿Qué cambios profundos a lo que tenemos como Asamblea hoy, podrán esos proponer?

Los retos de la nueva Asamblea Nacional

Muchos se preguntarán: ¿los diputados que se reelijan estarán conscientes de los retos, en cuanto a su transparencia, que afrontará la nueva Asamblea Nacional a instalarse el 1 de julio próximo? ¿Qué cambios profundos a lo que tenemos como Asamblea hoy, podrán esos proponer? ¿Estarán conscientes del daño institucional que le han hecho el país con su comportamiento de los últimos 10 años? Lamentablemente solo veo respuestas negativas o muy guabinosas para estas interrogantes que seguramente muchos votantes se estarán haciendo.

Preguntas difíciles e incómodas para quienes han estado en el hemiciclo por dos, tres, cuatro o cinco períodos consecutivos, manteniendo todo como está, caso de Tito Afú que en 25 años de diputado, aun cuando confesó haber recibido sobornos por el caso Cemis, solo ha presentado tres proyectos de ley. El escenario legislativo se ha ido empeorando en cada legislatura, por ejemplo, ahora que le han vuelto a dar planillas a los diputados para que aprobarán los dos magistrados propuestos tardíamente por el Gobierno. Como si fueran conquistas laborales que no se pueden perder, por ejemplo, disponer de 30 o 40 trabajadores a su servicio que no tienen utilidad alguna para los intereses de Panamá o diversas prebendas que inclusive se comparten con gente sin derecho a ‘tenerlas', como los viajes por 53 países, que confesó y se jactó su secretario general, Franz Wever. ¿Eso lo podremos cambiar?, es lo que me pregunta mucha gente cuando les anuncio mi postulación como candidato a diputado. Si es cierto, lo ven difícil y prácticamente imposible.

La decadencia institucional del país está en pleno apogeo. Y una de las causas radica en quiénes han sido los diputados, particularmente durante los Gobiernos de Martinelli y Varela, donde se estableció más profundamente el corrupto sistema de parlamentarios que se venden o se alquilan al gobernante de turno; como si fuera un mercado persa. Se ha desvanecido la división de poderes que debe existir entre los tres Órganos del Estado, fundamento de todo sistema liberal democrático. Es el mismo tipo de decadencia que se dio antes del golpe de Estado de 1968 y que produjo 21 años de dictadura. Es lo mismo que pasó antes de que emergiera un caudillo como Hugo Chávez en Venezuela y miren lo que ese país tiene después de más de 20 años de desgobierno y robo incalculable de miles de millones de dólares.

Panamá requiere de un primer mandatario que sea humilde, antes que todo. Que sea efectivamente transparente y accesible. Que irradie el ejemplo al resto de la Administración Pública. Que si encuentra un copartidario en trampas lo destituya; que no designe parientes en la estructura estatal, como ha ocurrido siempre. Que acabe la práctica de nombrar botellas o gente incapaz en el servicio exterior y en el mismo Gobierno. Que tenga la capacidad de buscar consensos y pueda dialogar con todos los sectores del país. En fin, un estadista como el que no hemos tenido desde que Ernesto Pérez Balladares ocupó la Presidencia de la República.

A la par de eso, el país debe elegir una Asamblea que cuestione todo lo que huela a corrupción. Que sea vigilante ante la designación del nuevo contralor general de la República en diciembre próximo; que exija las mejores credenciales a quien el presidente escoja para integrar las entidades que requieren ratificación de la Asamblea, como es el caso de los miembros de la Junta Directiva del Canal de Panamá; para evitar gente con conflictos de interés, como es el caso de Alberto Vallarino, con intereses en tierras en las riberas del Canal.

Que sean los más abiertos posibles a las iniciativas ciudadanas y de organizaciones sociales para que sean su voz en el mejoramiento de la legislación nacional. Estoy convencido de que sí lo podemos lograr. Hay muchos candidatos de los mismos partidos, cansados de la forma como sus cúpulas manejan los intríngulis partidarios y que quieren participar en el cambio legislativo que debe haber. A esos, se sumarán los independientes que logren su curul y, entre todos, podremos facilitar el impostergable cambio institucional que tanto le urge al país.

Con este gran grupo que saldremos electos, podremos lograr el sueño de reformar la Constitución en los aspectos puntuales que requieren ser modificados, entre los cuales se encuentra la manera de escoger a los diputados y a los magistrados de la Corte y el control del exceso de poder que tiene el órgano Ejecutivo. Juntos lo podremos lograr; verán que no será tan difícil nada.

CANDIDATO A DIPUTADO, CIRCUITO 8-8.