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18 de Oct de 2019

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Mario Velásquez Chizmar

Columnistas

Astro rey

Resolver el problema educativo es un reto complejo, que exige voluntad de hierro y autoridades con visión de país.

E s admirable la unanimidad existente, entre las ofertas electorales en carrera, respecto a la relevancia de la calidad de la educación para ingresar a categorías económicas que aporten estabilidad sostenible a la familia; porque incluyen con eficacia a todos los sectores productivos, laborales y empresariales, en los índices de crecimiento. Las diferencias afloran cuando examinamos el conjunto de medidas que plantean ejecutar, destinadas a cruzar los umbrales de la desigualdad y la pobreza. También, cuando ponderamos la proyección del candidato en la comunidad, después de sus caminatas, reuniones y compromisos con sectores sociales organizados, apariciones públicas y discursos. Se trata de la oportunidad de ubicar con precisión el grado de importancia concedido al tema y su prelación en la gestión gubernamental prometida.

Resolver el problema educativo es un reto complejo, que exige voluntad de hierro y autoridades con visión de país. Toca mejorar la escala salarial de los educadores, implementar programas para elevar su formación, pagarles a tiempo, facilitarles su movilidad, permitir condiciones físicas apropiadas para el éxito de sus labores, así como un sinfín de aspectos que a la fecha se han señalado con suficiente profusión a objeto de lograr un trabajo de excelencia en esa dirección de colocar la educación como el mejor vehículo para despegar, económica y socialmente, del mundo de países emergentes. La atención del problema de la educación es más urgente que el largo e incierto proceso de la constituyente. La corrupción encuentra hoy un importante ‘aliado' en las falencias de la educación. La incidencia de su distorsión en el lento e influenciable servicio público actual, también es importante. Se ha demostrado que la educación puede usarse con efectividad para disminuir los índices delincuenciales. La agroindustria incrementa el uso de la tecnología, y por ende su productividad, al mejorar la educación. Con un presupuesto de B/.24 000 000 000.00 para una población que ronda los 4 millones; un Canal que aporta más B/.1500 000 000.00 al tesoro nacional y una zona libre de las más dinámicas en la tierra, entre otras virtudes, Panamá debería competir con Finlandia como el país más feliz del mundo.

En materia educativa y de formación general, nuestro sistema permite hoy que impere una sociedad injusta, de notables desequilibrios, donde la reverencia al dinero mantiene sojuzgada la voluntad colectiva y la ignorancia es uno de los mejores instrumentos para que florezcan la desigualdad y los abusos. Es por esto que apropiarse del universal anhelo de una educación de calidad, debe vincularse con el combate contra la desigualdad y proponerse como una tarea especial dentro del planteamiento electoral ofrecido. Cuando Nito Cortizo establece que la sexta frontera de hoy la constituye la desigualdad y que la lucha por extinguirla debe unir a todos los panameños, como en su época sucedió con la quinta frontera que mancillaba nuestro orgullo nacional, agregándole que la educación será la estrella que alumbrará su camino, está conjugando la referida ecuación, de forma tal que su ofrecimiento de enriquecer la calidad de la educación se constituye en la mejor herramienta para empezar a borrar esa sexta frontera. Consecuentemente su respuesta, a la inquietud de cómo impulsar la economía, también fue ‘mejorando la educación'. Es decir, para Nito Cortizo, fenómenos como la educación, la desigualdad y el crecimiento económico, son inseparables. No entenderlo así, es más de lo mismo.

La formación integral de individuos dignos que aprendan a pensar para no ser víctimas otra vez del clientelismo ni de la manipulación ideológica que otorga fatalidad natural al capitalismo salvaje, al juegavivo y a la robadera, comenzará efectivamente, solo si quien comanda la nave comprende la educación también en forma integral; o sea, como parte esencial de la oferta electoral en su conjunto, pero como el trebejo indicado para que los cambios sean irreversibles y el fraude en la gestión gubernamental se destape completamente y se castigue a los culpables. El dilema es, por un lado, realizar un gran esfuerzo para que las directrices actuales de la educación alimenten su crecimiento estadístico y, por otro lado, emprender acciones creativas que desemboquen necesariamente en un panorama educativo distinto, de grado superior, con predominio del raciocinio y educadores solidarios con el éxito del educando y del país. Esta última opción, la que necesita Panamá, solo puede impulsarse si la educación penetra en la epidermis de los dirigentes políticos, lo que se evidencia en el tratamiento que se le pretenda dar al tema. Esto significa que puede ser un punto más en la agenda o la ‘estrella que alumbrará' su camino, como ocurre con Nito Cortizo. Construir más escuelas, con más maestros sobreviviendo con salarios de hambre y en escuelas sin 24 horas de custodia policial como patrimonio público costoso, donde la enseñanza es que ‘el crimen sí paga', no es educación de calidad. ¡Elevemos la educación a categoría de astro rey!

ABOGADO