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14 de Oct de 2019

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Roberto Antonio Pinnock Rodríguez

Columnistas

Subsidios: ¿desarrollo sostenible o parasitismo social?

‘[...] toda clase de subsidios otorgados de manera incondicional y con plazos extremadamente largos, no hace otra cosa que fomentar parásitos sociales [...]'

En nuestras clases sobre el problema del desarrollo sostenible, suelo preguntarles a mis estudiantes cuáles subsidios conocen y sobre todo, cuáles son los más cuestionados. Los subsidios otorgados a las poblaciones de pobreza y extrema pobreza salen a relucir como los más cuestionados e inapropiados.

La ‘Beca universal' es el más sometido al escarnio. Y tienen algo de razón, pero en lo que a política económica y social se refiere, no son sus argumentos abundantes en mezquindad —normal en todos aquellos expuestos a la manipulación mediática interesada en fomentar el egoísmo social— los que fundamentan lo inapropiado de este tipo de subsidio.

A la sazón, les explico que en la medida en que la beca universal —que en realidad es una asistencia social y debiera llamarse por su nombre— se le dé igualitariamente a todos los estudiantes sin distinción de ninguna índole, sin condición de ninguna clase, provoca la profundización de mayor desigualdad, en virtud de que le otorgas recursos de todos a los que necesitan un apoyo de esa naturaleza, tanto como a los que no requieren de ese apoyo para los propósitos escolares.

Es el caso de Luis y Dionisia, pareja de docentes penonomeños con un ingreso mensual de 3600.00, que con tres hijos escolares aumentan su ingreso con este subsidio... pero lo usan para adquirir artículos suntuarios que nada aportan a las obligaciones escolares, lo que multiplicado muchas veces en hogares similares representa recurso público despilfarrado, excepto para la clase social dedicada a la venta en gran escala de esos artículos fastuosos.

Por otro lado, mis estudiantes reproducen lo que los poderes mediáticos difunden: los subsidios a cuestionar son los otorgados a las clases pobres y medias, más no los destinados a las clases pudientes. Los estudiantes dicen, en buena parte acertadamente, que subsidios como el mencionado son fábricas de ‘parásitos sociales'. Solo que esto no ocurre únicamente con los grupos de estratos socioeconómicos vulnerables, sino también con los pertenecientes a las clases dueñas de grandes negocios.

Es decir, sale a relucir que nadie percibe que a los ricos también se les otorgan subsidios, que por lo común solo sirven para profundizar las desigualdades socioeconómicas con los pobres. Mis amigos economistas les llaman subsidios a la oferta, porque estos lo reciben como estímulos a la producción de bienes o servicios que ofrecen a través de sus empresas. Esto es turbador, en los contratos con la nación para fomentar la atracción de inversión extranjera, en forma de exenciones de impuestos se otorgan multimillonarios recursos de todos los panameños, lo que pone en cuestión qué tanto gana el país a ciencia cierta, al no tasar, por ejemplo, las externalidades negativas —vulgarmente hablando, los perjuicios— generadas a otros consumidores y productores.

Tomemos el caso de la explotación minera de cobre y oro en costa abajo de Colón. No solamente, las cifras ‘invertidas' en las construcciones de caminos, arreglo de locales públicos y demás, el Estado se los devuelve, sino que los costos generados a amplias poblaciones colindantes en razón de perjuicios provocados, los pagan directamente estas mismas poblaciones o según sea más o menos populista el Gobierno, se lo cargan a papá Estado.

Por ejemplo, según especialistas biológicos, la actividad minera ha destruido más de cuatro mil hectáreas de bosque y su destrucción viene propiciando la desaparición de insectos que juegan un papel medular en la producción de alimentos por la polinización. Se conoce de pequeños productores de la zona (Coclesito y norte de La Pintada) que ya comienzan a sufrir este efecto, provocando impactos severos en su modus vivendi agrario. ¿Quién hace pagar a la transnacional minera por estos perjuicios?

Nadie, al menos en este Gobierno, impedirá que esta corporación depredadora de nuestro ambiente y de las condiciones de vida de miles de campesinos, siga siendo subsidiada con nuestras riquezas. Hasta una ley para blindarla frente a eventuales reducciones de sus subsidios, se viene cocinando desde este Gobierno en retirada, en aras de la ‘seguridad jurídica'.

Así, toda clase de subsidios otorgados de manera incondicional y con plazos extremadamente largos, no hace otra cosa que fomentar parásitos sociales, no solo en las clases pobres, también entre las clases ricas.

¿Se atreverá el próximo presidente a variar esta realidad? Todo sugiere que entre los de mayor probabilidad de ganar, ninguno da muestras fehacientes de que se atreverá a desparasitar a estos ‘prominentes' empresarios.

SOCIÓLOGO Y DOCENTE UNIVERSITARIO.