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18 de Apr de 2021

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Ernesto A. Holder

Columnistas

La inclusión: un compromiso necesario

‘Hay quienes critican la firma de este compromiso por los candidatos presidenciales. Creen que no es necesario. [...] Aunque no es garantía, rubricar el compromiso es necesario'

La semana pasada, los siete candidatos presidenciales firmaron el siguiente compromiso con la comunidad afropanameña: ‘Los abajo firmantes, candidatos a la Presidencia de la República por el periodo 2019-2024, nos comprometemos a realizar desde la más alta magistratura del Estado Panameño los esfuerzos necesarios para ejecutar las políticas de inclusión que le aseguren a la población afropanameña su verdadera participación en los beneficios que produce el proceso desarrollo del país para eliminar de manera sostenible las desigualdades y las injusticias sociales experimentadas generacionalmente'.

En una época en donde el racismo y la xenofobia exponen sin resquemores sus más perversas y violentas acciones, envalentonados por la postura sinvergüenza del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, aquí en Panamá, estas señales de inclusión marcan la diferencia. ‘Señales', solo eso por ahora.

Lo de Trump no tiene remedio y muy a pesar de que las fuerzas que lo rechazan alzan su voz desde todos los escenarios posibles (en el Congreso, las universidades, en las calles y plazas de esa gran nación), podría darse que con pronunciamientos y políticas públicas correctivas de un futuro nuevo Gobierno estadunidense, se corrija lo ejecutado por el Gobierno republicano de Trump. Pero muy difícil será corregir la verdad de las almas de los que se han visto envalentonados y que abiertamente descalifican con violencia verbal y física todo aquel ser humano que no sea blanco. Para corregir eso, pasarán muchas décadas, si es que algún día se logre de verdad.

El mismo fenómeno se ha dado en algunos países alrededor del mundo. Y si los cambios sociales y políticos son pendulares, como he sostenido y como hemos visto en las últimos tiempos, cierto es que, esta traslación a la derecha ha sido tan o más peligrosa que en otras épocas recientes.

Lo positivo en algunos escenarios es el rechazo a las amenazas de exclusión que se dan desde varias perspectivas y que aún sirven de freno al avance y desarrollo de teorías que tienen el objetivo de sostener la supuesta ‘superioridad' de unos sobre otros desde el punto de vista racial.

En el año 2010 publiqué el artículo titulado ‘Cómo interpretar a Watson', sobre un prestigioso investigador ganador del Premio Nobel en 1962 por sus descubrimientos sobre la estructura del ADN, quien había hecho unas declaraciones en el año 2007 que llevaron a su descalificación del mundo científico y académico. James Watson dijo que se sentía ‘…deprimido sobre las posibilidades de África', porque ‘todas nuestras políticas sociales están basadas en el hecho de que su inteligencia es igual a la nuestra –cuando todos los estudios dicen que no es así'. (‘Inherently gloomy about the prospect of Africa', because ‘all our social policies are based on the fact that their intelligence is the same as ours - whereas all the testing says not really')'.

Despojado de todos sus reconocimientos, con toda la evidencia científica en su contra, estudio tras estudio, investigación tras investigación y con casi doce años de ostracismo, el Dr. Watson se reafirmó en sus declaraciones. En un documental de la PBS presentado recientemente, Watson subrayó sus opiniones racistas nuevamente, dejando perplejo a medio mundo, particularmente a científicos y académicos.

La doctora Julie A. Cothern, del Departamento de Psicología del Missouri Western State University, realizó un estudio titulado ‘Prejudice and Racism: Where does it come from?' (‘Prejuicio y racismo: ¿de dónde provienen?'). En él concluyó –en parte– que: ‘A medida que una persona madura, aprende más sobre otras culturas (…) ' mientras que encontró que ‘las generaciones más jóvenes son más críticas'. Además, ‘mientras más alto es el nivel educativo de una persona, más conoce sobre otras culturas, dando como resultado actitudes de menos prejuicio y mayor apertura'. El Dr. Watson es una excepción a este planteamiento, y hay otros tantos, pero en términos generales una educación más amplia sobre las culturas y el mundo tiende a librar a las personas de las ataduras de sus prejuicios, generalmente inculcadas en el seno de su círculo familiar y social cercano.

Hay quienes critican la firma de este compromiso por los candidatos presidenciales. Creen que no es necesario. Lo bueno del Dr. Watson es que habla en voz alta y los seguidores de Trump han salido de sus madrigueras. Siempre están los que sonríen, pero no sabemos. Aunque no es garantía, rubricar el compromiso es necesario.

COMUNICADOR SOCIAL.

Lo positivo [...] es el rechazo a las amenazas de exclusión que [...] (frena el) [...] desarrollo de teorías que (sostienen) la supuesta ‘superioridad' de unos sobre otros [...]'