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14 de Apr de 2021

Andrés L. Guillén

Columnistas

China y Panamá: pro mutuo beneficio

En 1979 Deng Xiaoping se encargó del inicio de esta reciente e increíble modernización

La metamorfosis, o ese cambio completo y rápido de China en los últimos 40 años, tiene mucho de la transformación de oruga a mariposa, sin descartar por eso la existencia continua de China, con su apasionante historia de cuatro milenios, donde lo que cambia es lo que permanece para seguir cambiando.

En 1979 Deng Xiaoping se encargó del inicio de esta reciente e increíble modernización, dando comienzo a la construcción de un nuevo ‘socialismo con características chinas', que la han convertido hoy en la segunda potencia mundial, alterando así el balance existente del poderío global político-económico-militar, a la vez desafiando a los actuales poderes occidentales liderados por Estados Unidos de América (EUA).

Paradójicamente, esta moderna transformación comenzó con la decadencia de la dinastía Ching (1644-1911), la última de las 25 dinastías imperiales chinas, tras la guerra anglo-china del opio (1840) y sus secuelas: los ‘tratados desiguales' impuestos por el imperialismo occidental; su humillante explotación por esos mismos imperios y Japón; finalmente, su forzosa convergencia con Occidente y la revolución industrial.

Siguieron etapas en el siglo XIX y XX para confrontar esa decadencia: Movimiento de Autofortalecimiento (1861-1895); Reforma de los Cien Días (1898); la Revolución Republicana (1912); la Revolución Intelectual (1919); el Gobierno Nacionalista (1928-1948); la Revolución Comunista (1949).

Para China, pues, la actual coyuntura es un momento propicio y oportuno en su larga historia milenaria, situándola en una nueva cúspide, con poder económico y político suficiente para impactar al mundo y por supuesto a Panamá en la resolución de problemas y amenazas mundiales, presentes y futuras.

En el nuevo orden geopolítico global, la ‘pax americana' del siglo XX competirá con esta ‘pax sínica' del siglo XXI que nosotros los panameños, como ciudadanos de un país centroamericano de importancia estratégica para los intereses de ambos superpoderes, debemos analizar.

China forma parte de la Organización Mundial de Comercio (OMC), Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), entre otros organismos internacionales. También promueve acuerdos multilaterales para liberalizar más su comercio internacional; por ejemplo, en la cuenca del Pacífico: el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP-11) más Japón; Asociación Económica Integral Regional (RCEP) más la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean) que representan 45 % de la población y 40 % del comercio mundial; además, Acuerdos con la Unión Europea y múltiples países incluyendo Panamá, no solo para abrir más su comercio, sino para regular la transferencia de tecnologías y propiedad intelectual, su capitalismo estatal y subsidios industriales, entre otros temas.

En esa misma línea está su iniciativa de la nueva ruta de la seda (BRI, por sus siglas en inglés), involucrando 60 países con 70 % de la población mundial, concluyendo, en 2049, conmemorando los 100 años de su fundación como República Popular China.

Este multilateralismo chino contrasta con el unilateralismo predatorio de EUA, con su estrategia de imponer tratados individuales a cada país para facilitar su política de dividir y controlar a sus posibles rivales, como sistema de contención y confrontación.

¿Qué le conviene más a Panamá?

EXDIPLOMÁTICO