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21 de Apr de 2021

Víctor Paz

Columnistas

Redimensione a su candidato ‘amigo'

No es fácil madrugar para llegar a tiempo al trabajo ni andar medio enfermo, porque el seguro social no tiene medicinas.

Y usted irá a votar. Hasta hace unos días atrás (quizás horas) nadie le hubiera convencido de hacerlo; sin embargo, como mucha gente lo está haciendo… para que ‘los malos' no utilicen su voto y porque en cierta forma se siente halagado de que el Estado por fin lo contemple en algo, irá a votar. Es normal, ¿a quién no le gusta sentirse considerado, más aún si se trata del ‘futuro nacional'? El problema lo tendrá cuando esté a solas, frente a la urna y no tenga por quién votar, ya que ninguno le convence. Eso me recuerda a una cómica que veía hace muchos años, en la que un niño iba a patear una bola de fútbol americano que le sostenía una niña. Ella, en el momento justo se la quitaba y él fallaba la patada. Y eso lo repetía una y otra vez. De hecho, el niño (que sabía de antemano lo que ocurriría) se preguntaba cada vez: ‘¿Por qué lo hago?'. El resultado no variaba, la niña siempre quitaba la bola, pese a que el niño hacía su mejor esfuerzo en patearla.

No es fácil madrugar para llegar a tiempo al trabajo ni andar medio enfermo, porque el seguro social no tiene medicinas. Tal vez no ha comido lo suficiente porque la comida está cara y tienes dos celulares que pagar, el cable, el internet, el televisor gigante en la sala, el aire acondicionado y otras cosas que definen su ‘estatus'. Le da mucha rabia que dejen a los maleantes (de alto o bajo perfil) libres e impunes. Piensa que en el país no hay justicia para la clase trabajadora, honrada y eso le disgusta, aunque no sabe qué hacer ni mucho menos cómo. Lo único que le alivia es usar un apodo y desahogarse en las redes contra todo y todos; digo, siempre que el jefe no le lea y le quite para siempre la promesa de aumento salarial. Pero mientras haya dinero para la cerveza, todo lo demás pasará. ¿Acaso, quién no es vulnerable en tales condiciones?

Entonces se le aparece este sujeto, actor de Chollywood, prometiéndole tantas cosas irreales, pero que a usted (por alguna razón) le gusta escuchar. Así como quien ve una telenovela; pero, ahora usted se siente protagonista. Ese sujeto que en cierta forma le cae bien, aunque no lo crea, hizo clic con algo adentro suyo. Quizás le parezca divertido verlo actuar, porque en el fondo usted está seguro de que solo actúa, pero le agrada. Seguro a usted no le agrada que le engañen, pero sí le agrada que lo intenten. Porque, en cierta forma, así sea para engañarle, ese sujeto le muestra interés; aunque probablemente, solo sea para engañarle. Su calidad de vida y autoestima se han deteriorado tanto, que ya casi le da igual si le engañan de nuevo o no. Con tal de que, por lo menos, lo consideren para algo... Porque los políticos han estado engañándolo por tanto tiempo que ya ni recuerda ni le importa. Luego, viene este actor, este comediante, a echarle cuentos porque necesita su voto para hacerse rico o más rico. La camiseta, el bloque y aquella longaniza de promesas, son apenas una excusa para que usted se sienta halagado, o piense que ganó ‘algo' mientras lo utilizan (o le abusen, en un futuro próximo). Peor aún, de cierta forma usted ha visto en esa persona al sujeto que ‘se atreve' a salir adelante como sea. Cosa que tal vez usted mismo no se haya atrevido, por pudores que lo han llenado de honra y mucha más pobreza también.

Sí; usted irá a votar. Y es probable que gane su candidato. Entonces se sentirá muy bien; pero la alegría le durará poco. En un año, aproximadamente, y aunque no entienda cómo, podrá darse cuenta de que el ciclo se repitió nuevamente. Luego, guardará luto por cuatro años más. La próxima vez que vuelva a patear el balón, para que los poderes económicos se lo quiten en el acto, piense en redimensionar al sujeto que le pidió su voto. Fuera de las chucherías que pueda regalarle, las promesas que le haga o el discurso que recite, obsérvelo en su real humanidad y sepárelo hasta de usted mismo (repito, hasta de usted mismo). Hágase y háganos el favor de no proyectarse en él; redimensiónelo, véalo con el cerebro y no con las emociones. Percíbalo a través de los ojos de la sociedad, de su comunidad, del país. No piense qué haría él (o ella) por usted, sino qué haría él (o ella) por Panamá. Y cómo lo haría, con qué dinero, en cuánto tiempo, de qué forma, etc. Mentalmente quítele la gorra y esa enorme sonrisa que empalaga. Cuestiónelo serio y con firmeza, de jefe a subalterno. Tampoco es una obra de caridad o un favor, es una entrevista de trabajo, pídale su hoja de vida, referencias comprobables, record policivo, prueba psicológica… prueba de dopaje, etc. Y cuando le responda, borre todas sus sonrisas y ademanes; entienda que él (o ella) no es su amigo, pero sí será su empleado, empleado público. Mientras muchos sigan votando por un superhéroe, patrón, amo o el villano que con su ‘viveza' lo redima a usted de las injusticias y calamidades de nuestro sistema (al peor estilo de Robin Hood), ninguno de nosotros podrá salir del pasquín tragicómico en el que parecen habernos encerrado de por vida.

INGENIERO EN SISTEMAS.