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29 de Nov de 2020

Juan Carlos Mastellari

Columnistas

‘Panamá Agropecuaria 4.0': precio de alimentos, agricultura de precisión y vocación exportadora

La única forma para bajar los precios de manera sostenible, y aquí no hay espacio para cuentos ni ideologías, es aumentar la oferta

‘¡En Panamá la comida está carísima!'. Es algo que se escucha en abarroterías, supermercados, restaurantes; en todos lados. Hasta estudios internacionales ubican a Panamá como un país de comida cara. Seguro Ud., al igual que muchos de nosotros, ha tenido que ajustar lo que consume para estirar su presupuesto.

La única forma para bajar los precios de manera sostenible, y aquí no hay espacio para cuentos ni ideologías, es aumentar la oferta.

Esto es una cuestión tan exacta como que 2+2 son 4. El control de precios no funciona a largo plazo. Ni los productores ni la industria ni los comercializadores ni los consumidores lo quieren ni les funciona. Desincentiva la producción, en consecuencia, disminuye la oferta y termina aumentando los precios o creando escasez.

Hay que trabajar en romper oligopolios, pero es bastante evidente que la naranja baja de precio durante su temporada de cosecha y ocurre lo mismo con la piña, sandía o cualquier otro producto en Panamá. A muchos he escuchado sorprenderse de que en el Perú, por ejemplo, ven aguacates a $0.25 la unidad. La razón es que el Perú es líder mundial en exportación de ese producto.

La visión de una Política Agropecuaria 4.0 debe apuntar a convertirnos en un país exportador de alimentos, usando la más alta tecnología y con el excedente, tener suficiente oferta para mantener los precios bajo control. Algo falta por hacer cuando desde un tope de $1100 millones en 2008, las exportaciones se han desinflado hasta poco más de $600 millones en 2017.

Hay demasiada tierra inútil y tenemos un sistema logístico de clase mundial. No poder exportar parece un contrasentido. Me parece que por mucho tiempo hemos volcado —con éxito— toda nuestra atención al área interoceánica y al sector servicios. Pienso que ha llegado el momento de mirar del otro lado del puente y crear las condiciones para llevar impulso empresarial e inversiones relevantes al sector agroexportador.

Algunos pensarán que eso de exportar alimentos es una locura. Dirán que no tenemos vocación y que jamás seremos competitivos. Pero me niego a creer que climas tan extremos como el de Holanda o Israel, países exportadores en varios rubros, son mejores que el clima panameño. La mano de obra pareciera ser también un mito. Holanda es el segundo exportador de alimentos del mundo y su costo por hora de mano de obra es cercano a los $15.

El problema no es si se puede. Hoy existe tecnología para producir cada vez más, con cada vez menos y en cualquier condición climática. Invernaderos de alta tecnología, fincas verticales, fumigación con drones, cosechadoras de manejo autónomo, iluminación artificial, ‘CRISPR', sensores ambientales, de plagas y de crecimiento, son solo algunos ejemplos de avances tecnológicos en producción de alimentos.

El Estado debería jugar un rol central en esta nueva Política Agropecuaria 4.0. Mientras se activa la iniciativa privada de gran escala (énfasis en ‘mientras'), el Estado debe participar en la producción, el procesamiento —sobre todo en el procesamiento— y la exportación de alimentos. Una de las metas de esta nueva política agropecuaria debería ser que no haya ni una hectárea ociosa y el Estado debería intervenir con inversión, incentivos y empresas estatales o mixtas, para fomentar o producir alimentos para exportación. Parafraseando a Omar Torrijos y su frase ‘ni una gota de agua al mar', digamos ahora ‘ni una hectárea del campo ociosa'.

La OMC no prohíbe iniciativas como esta y establece lo siguiente ‘…la OMC no trata de prohibir, ni siquiera desalentar, el establecimiento o el mantenimiento de las empresas comerciales del Estado, sino únicamente asegurarse de que no operan de forma incompatible con los principios y las normas de la OMC'.

Panamá Agropecuaria 4.0 debería hacer un ‘benchmark' de todos los incentivos existentes en países que dicen ser ‘competitivos'. Así como no podríamos criticar a un atleta que no gana medallas porque no tiene las herramientas, de la misma manera, parece injusto decir que no somos competitivos, cuando otros producen con una montaña de incentivos que nosotros no tenemos. ¿Qué te parece que la Comunidad Europea dispone de $50 Billones (con ‘B') anualmente para subsidios directos e indirectos al sector agropecuario?

No es que sea fanático de los subsidios, pero sí soy fanático de nivelar el campo de juego para competir en iguales condiciones.

Me cuesta reconocer que productores en otros países son mejores que los nuestros. No soy productor todavía, pero sé de la capacidad de los panameños cuando nos proponemos grandes cosas. En mi opinión, lo que falta es llevar nuevo talento, alta tecnología, grandes inversiones, apoyo estatal y nivelar el campo de juego. ¿O es que nuestra tierra y nuestro clima son de otro planeta? Nuestros productores no son tuertos, mancos ni cojos.

Con Panamá Agropecuaria 4.0 los ingenieros agrónomos se deberían poner de moda. Hasta la última hectárea disponible debería tener un estudio agroclimático y luego, un ejército de agrónomos y expertos internacionales debe acompañar la producción en cada rincón del país. Esta iniciativa debe contar con amplio apoyo presupuestario, ya que inclusive se establece a nivel constitucional así: ‘Realizar estudios de la tierra, a fin de establecer la clasificación agrológica del suelo panameño'.

El Idiap debería pasar a ser un centro de estudios de orden mundial, con amplia capacidad presupuestaria, para buscar alianzas y colaboración con entidades de altísima reputación, como la Universidad Wageningen de Holanda, Zamorano de Honduras, y el Volcani Center de Israel, entre otras.

Deberíamos evaluar la misión del IMA o crear una nueva entidad con una única misión: ¡Exportar! A través de una alianza público-privada, con inversiones, gestión y estructuras de gobierno corporativo como ACP, Tocumen o Cable & Wireless, esta empresa desarrollaría plantas procesadoras de alimentos a lo largo y ancho del país, incentivando de esa forma más producción para la demanda internacional.

Hay fundamento constitucional para hacerlo. El artículo 126 dicta que el Estado debe tomar medidas para impulsar la creación de corporaciones de producción, industrialización y distribución.

Esta empresa mixta puede servir además para minimizar los riesgos en la producción, al garantizar la eliminación de prácticas injustas de negocios en la cadena de comercialización (‘unfair trading practices'), donde el productor generalmente lleva la peor parte. También puede entrar a comercializar fertilizantes y semillas, para propiciar una competencia activa en estos rubros críticos para los costos de producción.

Esta nueva empresa estatal o mixta será, guardando las proporciones, similar a Nestlé, Kellogg's, Bimbo u otras, con un visión 100 % de exportación.

Además de las sugeridas anteriormente, otras acciones específicas de Panamá Agropecuaria 4.0 podrían ser: (i) una campaña publicitaria internacional ‘Fresh From Panama' que vaya ubicando al país como una fuente de productos de exportación; (ii) acelerar la apertura de oficinas de Panamá Exporta; (iii) el diseño de garantías para que la banca privada y el sector financiero en general dinamicen el financiamiento a la actividad agroexportadora; (iv) la implementación de ‘aranceles flotantes' que se ajusten con los tiempos de cosecha (ya existe en otros países); (v) la creación de un CAPA (certificado de arrendamiento de predio agropecuario) para generar actividad de producción en predios disponibles; (vi) la promoción agresiva de generación solar y biodigestores en plantas de agroexportación; (vii) incentivos para parques agrologísticos; entre otros.

Una de las razones por las que nuestra economía crece a buen ritmo, pero muchos no lo sienten, es la concentración de ese crecimiento en la zona interoceánica. Panamá Agropecuaria 4.0 diversificaría el crecimiento, con una derrama económica de énfasis en el interior del país. ¡Hagámoslo!

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