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22 de Jan de 2021

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Carlos Augusto Herrera Rodríguez

Columnistas

La Cascada

‘Fueron más de 20 años de hermandad con alguien dotado de una cultura helénica y que además heredó la inteligencia que alimentó con la agudeza de ese norte para los negocios que proliferaron con la increíble capacidad de administrar [...]'

La noticia entró adjunta al golpe en seco y vacío en aquella media mañana del pretérito 14 de mayo de este año. Este suceso improviso y de esperado trance, fue transportado con palabras huecas y diferidas, que se pudieron alojar ipso facto en lo más profundo de mis sentimientos, pero tiránicamente almacenados al lado del lacerante dolor palmario que subyace desde hace 33 meses por la partida de mi hijo, pero en aquella sección destinada a purificar de un modo eterno el alma, mientras oscilamos en las explicaciones sobre los misterios de la vida finita sin réplicas, o embalumarnos con el ungüento de la fe, que a su vez las grandes religiones debaten entre la terminante encarnación o la anhelada resucitación de los buenos y el castigo para los malos.

Ya lo he dicho antes sobre aquellas aristas que cabalgan al lado de la desgracia, pero mi hermano VÍCTOR BUSH o BASILIO JUAN BOUSOUNIS nunca más desde aquel fatídico 26 de agosto de 2016 quiso hablar conmigo desde aquel anuncio por la partida de CARLOS AUGUSTO HERRERA GUARDIA, a quien trató como su hijo, por lo que evitó comunicarse, ya muy enfermo en ese sorteo del dolor que se redujo a cortos saludos telefónicos, pero con la desaparición del griego y amigo PANAGEL KURUKLIS se quebrantó su disposición, puesto que lo comentamos. Antes, lleno de vida, vino muchas veces de visita y con esa manera desprendida, siempre ofreció su apoyo y hasta hizo cambios por su cuenta en la oficina. Lo otro es que siempre me honró con las consultas legales que igual lo atormentaron con los abusos judiciales.

Fueron más de 20 años de hermandad con alguien dotado de una cultura helénica y que además heredó la inteligencia que alimentó con la agudeza de ese norte para los negocios que proliferaron con la increíble capacidad de administrar, lo que guardó en secreto con su extinto hermano mayor, GEORGE JOHN BUSH, quienes concibieron desde 1970 crear el restaurante La Cascada, ubicado en la avenida Balboa y calle 24, que se distinguió por los manjares descritos en 16 páginas del abultado menú que atrajo a los acantonados en la Zona del Canal, más los turistas, cuyo paso por el lugar fue siempre obligado para apreciar la fina decoración marina con enormes esculturas de peces, sirenas y de otros animales tropicales silvestres, más las abundantes plantas y los serpenteantes riachuelos con estanques y canales con peces dorados, que se veían en la transparencia con variados patos inflados que se balanceaban al ritmo de la comida que regaban los particulares. Los inolvidables hermanos dejan muestras del trabajo creado con tesón, al innovar antes de las trasnacionales, la venta de jugos en los carros, la Casa Redonda con comida popular y dulces variados, sin descontar el Hotel Ideal para alojar a los centroamericanos y otras cosas más.

Amigo y hermano VÍCTOR, no me acerqué en el funeral para ver por última vez el rostro y así cumplir con la zafra del silencio impuesta, pero no pude contener el llanto al tirar el puñado de tierra, a pesar de estar curado de espantos. Sabes bien que no le temo a la muerte y solo le he reclamado al hado indolente ese descuido de dejarme con vida y sufrir al despedirlos. En ese entierro estuve, pero no estaba, envuelto en los pensamientos de lo del ser o no ser, en esa astral trasmigración del alma y el secreto del destino final, que es el enigma develado para los que cruzan y ya sin el velo de los mortales, se debe caminar por donde solo está lo bueno. Acá hablé con los allegados para ofrecer cualquier apoyo intelectual a lo que sea y sin condiciones y de esta manera extender mi eterno agradecimiento puesto, que los amigos se escogen.

ABOGADO