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23 de May de 2022

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    Julio Bermúdez Valdés

Columnistas

China

Prohijado por EUA, transcurre por estos días un intenso debate mundial sobre las ventajas y desventajas

Prohijado por EUA, transcurre por estos días un intenso debate mundial sobre las ventajas y desventajas, los peligros y los riesgos que supuestamente implican las relaciones con la República Popular China.

Del debate, llevado adelante con fuerza por los principales voceros norteamericanos, se desprende una realidad: China no es ya el encerrado país del que solo se conocía la imagen de su Gran Muralla. El gigante ha despertado como advirtiera en su momento Napoleón Bonaparte, y de tal manera que se proyecta como un desafío muy serio para la primera potencia global, jugando en su propio terreno.

Pero ¿qué explica tanto escándalo? De manera acuciosa y hasta discreta, China trabajó por el sueño de los cien años de Deng Xiao Ping en la formación profesional de su población, no incurrió en guerras desgastantes contra ninguna nación, y de manera multifacética desarrolló su industria, su comercio y cada aspecto intelectual de su sociedad, fijando como meta central la lucha contra la pobreza heredada desde los años difíciles.

Aspecto central de su trabajo ha sido que, sin renunciar a sus principios políticos y filosóficos, ha sido capaz de reconocer en el capitalismo que adversó alguna vez, sus aciertos, sus méritos y sus ventajas. Contrario a las políticas de guerras, de conquistas y sometimiento ensayadas por otras potencias, Beijing puso en marcha una política de cooperación y competencia que demostró que en el marco capitalista era posible un intercambio justo y solidario, sin la fuerza de los fusiles ni la exhibición de los chantajes.

Llenó las universidades de occidente con sus ciudadanos, que luego regresaron a servir a su país, y hoy sus universidades compiten con las mejores del mundo. En un tiempo relativamente corto China ha sido capaz de superar la pobreza en amplios sectores de su población. Solo en los últimos 40 años unos 800 millones de sus ciudadanos saltaron de la extrema pobreza a mejores niveles de vida.

Claro que, desde un ángulo cultural, la disciplina de su sociedad ha sido uno de sus principales activos, lo que en occidente es tenido como la militarización de la misma. Pero de esos hechos se desprende otra conclusión inevitable: los logros de China son tan consistentes y evidentes que hoy por hoy despiertan aprensiones en países tan adelantados como EUA.

De otra manera no se explican las ofensivas desatadas por Washington contra Beijing en distintas esferas. Hasta en el terreno comercial las relaciones entre ambos países han pasado de la cooperación al enfrentamiento, y EUA, que siempre ha sido el país que impone condiciones, ahora corre por el mundo advirtiendo y presionando para que se tenga cuidado con China. Hace poco, el secretario de Estado, Mike Pompeo, pedía a Alemania limitar el acceso a la información estadounidense para quien trabaje con Huawei.

Ya en noviembre del año pasado, Pompeo ha visitado Panamá para hacer advertencia en los mismos términos y no hay nación a la que no le infunda esos temores. Entonces, todo indica que, para EUA, China es un adversario que hay que tomar en cuenta y con mucha seriedad.

China ha desarrollado relaciones en distintas partes del mundo, ha aportado recursos y tendido la mano a naciones que por años le pidieron sin éxitos a otras naciones, o que enfrentaron presiones y hasta invasiones militares. En las últimas décadas ninguna nación puede decir que haya sido objeto de agresión por parte de esa nación asiática.

No sería acertado permitir que la guerra comercial entre EUA y China incorpore distorsiones a las relaciones del gigante asiático con el mundo. Tales distorsiones parecen ser el centro de una estrategia norteamericana destinada a frenar los progresos obtenidos por Beijing en sus relaciones en distintas partes del mundo.

PERIODISTA