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17 de May de 2022

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    Samuel Lewis Galindo

Columnistas

Por qué escribo

Reflexioné un rato antes de darle una respuesta a él y a mi mismo. ‘Por ancestro', le contesté

Varios apreciados amigos me han preguntado, con insistencia, por qué sigo escribiendo. Para darle respuesta a ellos, me permito actualizar un artículo que escribí en 1992.

Un buen amigo me sorprendió hace unos días, cuando en medio de la conversación me dijo: ‘Leo todos tus artículos con mucho interés y la mayoría de ellos me gustan, pero quisiera preguntarte: ¿Qué te impulsa a escribir? Por lo regular te refieres a temas escabrosos y muy polémicos que te buscarán problemas que no necesitas'.

Reflexioné un rato antes de darle una respuesta a él y a mi mismo. ‘Por ancestro', le contesté.

Nada es mejor para disfrutar lo que escribes que leer. Alguien dijo una vez: ‘El que escribe lee dos veces'.

Todo ciudadano con civismo, debe, de acuerdo con su situación y posibilidades, contribuir a encontrar vías que conduzcan a la nación por senderos de progreso material y de superación moral y espiritual. Tenemos que promover los genuinos valores de la patria para que nos sirvan de inspiración y guía. No debemos marchar hacia adelante si no vemos hacia atrás y recogemos las sabias enseñanzas de quienes forjaron la nación. Es más fácil, por supuesto, y muy cómodo, guardar silencio y dejar que otros opinen.

Me inicié escribiendo en el diario El País (fundado por mi padre en enero de 1956) sobre temas deportivos. Después me referí a temas generales, utilizando las iniciales de mi nombre: SALEGAL (varias personas aún me llaman así). Inicié mi columna, entre otras cosas, con una campaña sostenida sobre la poliomielitis que estaba atacando mucho a los panameños. El presidente Ricardo Arias E., muy gentilmente, me solicitó que acompañara a su esposa, doña Olga de Arias, a Washington a buscar la vacuna Salt, que hacía milagros contra el polio. Tuvimos éxito y lo logramos, gracias a la intervención personal del presidente Eisenhower.

Después de El País escribí, por invitación, en el diario La Prensa. Luego por insistencia que me hizo mi tía Rosario Arias de Galindo, en aquel entonces presidenta de la Editora Panamá América, lo hice en ese diario. En la actualidad escribo los domingos en La Estrella de Panamá que dirige don Gerardo Berroa. Creo que en mi larguísima vida (92 años), si Dios me lo permite, superaré, en poco tiempo, los 2000 artículos sobre temas de distinto interés general.

Es bueno que mis amables lectores conozcan bien que yo, en una forma u otra, siempre estuve vinculado a escritores de la talla de: Eduardo Ritter Aislán, Gil Blas Tejeira, Leonidas Escobar, José Isaac Fábrega, Horacio Aguirre y, por supuesto, a mi padre, Samuel Lewis Arango, y a otros distinguidos escritores. Aprendí mucho de ellos, pero, por supuesto, jamás llegué a ser, por mis limitaciones, lo que ellos fueron, pero no puedo negar que todos mis esfuerzos fueron una aspiración muy genuina que nunca pude satisfacer. ‘El que no aspira, expira', dijo una vez un distinguido expresidente.

Pensamiento: ‘El deseo de escribir aumenta a medida que se escribe', Erasmo.

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