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24 de Jan de 2021

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Roberto Antonio Pinnock Rodríguez

Columnistas

Señorita Panamá o conservadurismo y razas indeseables

Lo digo porque esta aversión no se ejerce con la misma intensidad contra todos los foráneos, sino que se revela una especie de selectividad en esa supuesta xenofobia.

En esta semana fui entrevistado por una destacada reportera de TVN, para que emitiera mi punto de vista acerca de las objeciones públicas revestidas de cierta xenofobia contra la ganadora del certamen nacional que lleva a que represente al país en el concurso de Miss Universo. El principal argumento esgrimido por quienes la refutan gira en torno a su origen indostán.

Sociológicamente hablando, este comportamiento hace aflorar la existencia de una cultura que se ha mantenido en segmentos importantes de la sociedad panameña y que incluso, en momentos diversos de nuestra historia republicana, proclamó una categoría específica de inmigrantes, a saber, lo que denominó ‘Razas Indeseables'.

De 1926 a 1928 se sancionaron varias leyes de los que los grupos en el poder de la época consideraban como tales. En estas se señalaba que ‘quedan prohibidas las inmigraciones de chinos, japoneses, sirios, turcos, índico-orientales, indio-arios, dravidianos y negros de las Antillas y de las Guyanas, cuyo idioma original no sea el castellano, al territorio de la República' (Asamblea Nacional, 1928).

En este sentido, la llamada xenofobia no es tal, en el sentido de si aplicamos su definición conceptual que se refiere al desprecio u odio a las personas que provienen de una nación o una cultura diferente a la propia, o sea, a los extranjeros, incluidas sus manifestaciones culturales, su lenguaje o todo aquello que pueda asociarse a lo foráneo.

Lo digo porque esta aversión no se ejerce con la misma intensidad contra todos los foráneos, sino que se revela una especie de selectividad en esa supuesta xenofobia. A esto me referí en la entrevista televisada, planteando la pregunta de por qué no hubo la misma objeción cuando se ha tratado de otras personas que poseen características caucásicas, o de países ligados a esta etnia. No se reacciona de igual manera si de quien se trata proviene de Yugoslavia (como Croacia y otros países de la ex Yugoslavia) o de Canadá o de Inglaterra.

Se plantea entonces una especie de xenofobia que lleva a una discriminación hipócrita y sutil contra determinados grupos con características distintas a las de los grupos caucásicos o hispanos.

Estos grupos aspiraban (y aspiran) a ‘mejorar la raza' y mezclarse con las llamadas ‘razas indeseables' la desmejoraría.

En efecto, el Dr. Arnulfo Arias Madrid, como jefe de la cartera de Salud Pública de la época destacaba que ‘desde 1903 hasta la fecha la poca inmigración que hemos tenido ha sido (...) constituidas por razas consideradas indeseables'. (Departamento de Sanidad y Beneficencia, Boletín Sanitario, 1934).

En respuesta a esa realidad, el Dr. Arias, —mismo que enarboló la bandera ‘panameñista'— procuraría mejorar la raza y defender la nacionalidad proponiendo que: ‘Al mismo tiempo que se elimina el elemento indeseable, ya sea por repatriación o expulsión, se debe extender la ESTERILIZACIÓN sistemática (...) como medida de defensa social con miras al mejoramiento de la raza'. (Op cit, 1934).

Pues bien, las objeciones observadas contra la escogencia de las dos últimas Señorita Panamá, parecen revestirse de ese ropaje de xenofobia selectiva y de discriminación sutil, que oculta tras de sí las posiciones y actitudes de los sectores conservadores de las élites del poder, mismas que desde la educación pública y más recientemente los medios de comunicación y redes existentes han logrado reproducir en buena parte de la sociedad panameña sus ideologías discriminatorias.

Estas posiciones del conservadurismo, se acometen contra los representativos de clases sociales no provenientes de lo que el doctor Gersán Joseph identifica como ‘inmigrantes blancos que controlan los medios de producción, el comercio, los resortes de la política y los medios de comunicación'. (Ver su artículo en este medio y sección del 26 de junio de 2019).

En realidad, de la discriminación burda de las élites de las primeras décadas de la República a la discriminación sutil existente hoy día, no hay mucha diferencia, en cuanto a los resultados.

Habrá que reconocer que los procesos sociales y políticos de los años setenta que llevaron a que hijos de esas ‘razas indeseables' foráneas y autóctonas (las indígenas) asumieran el control de instituciones del Estado, cambió en alguna medida la intensidad de ese conservadurismo, que se recrea y reaparece en la vida cotidiana del país... hasta en un certamen de belleza femenina.

SOCIÓLOGO Y DOCENTE DE LA UP.