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13 de Dec de 2019

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Ricardo Arturo Ríos Torres

Columnistas

Rosa María, elogio de la amistad

‘A Rosa la conocí en mi niñez, era su vecino, en la casa de la avenida B; su madre, la cuidaba como la joya más preciada, no la dejaba jugar con los chiquillos'

A Rosa la conocí en mi niñez, era su vecino, en la casa de la avenida B; su madre, la cuidaba como la joya más preciada, no la dejaba jugar con los chiquillos. Luego la manda a estudiar a Cuba, España y Estados Unidos.

Cuando era director del Primer Ciclo Panamá, me aborda con su novela ‘El ataúd de uso', premio Miró 1982. ‘Ricardo, la lees y me haces una reseña, tu opinión es importante para mí'. Rosa hablaba como una sargento, directa y sin formalidades; en ese momento ya me iniciaba en la crítica literaria. Publico mi reflexión en el diario Crítica, en septiembre de 1983.

El encuentro con ella es decisivo en mi vida literaria, devoro todos los libros de la biblioteca personal de la Britton y en ‘La metáfora de los espejos', de 1995, hago una antología de la literatura contemporánea como resultado del permanente diálogo con una lectora voraz, como lo es Rosa. Se consolida nuestra amistad. Ella se desata con una narrativa diferente y se convierte en la estrella inédita de las letras nacionales.

La cátedra de Cultura literaria me lleva a organizar el Círculo de Lectura de la USMA. Rosa María me apoya y proyectamos a la USMA como la principal plataforma de lanzamiento de la literatura panameña y de otras latitudes. Ella me presenta a dos de sus amigos, Ramón Fonseca y Javier Riba Peñalba; les reviso sus libros y surge una relación amical, gracias a la autora de ‘El Señor de las lluvias y el viento', una de sus mejores novelas, en palabras de mi hija Choly, una de sus entusiastas lectoras.

Humberto López Cruz, catedrático, escritor y promotor cultural de los Estados Unidos, la descubre, gracias a una de sus alumnas, la cual comenta los libros de la Dra. Britton. Rosa María lo invita a un Congreso Internacional de Literatura que se realiza en Panamá. Nos conocemos y edito con él varios libros sobre autores panameños. Humberto se entusiasma con el Círculo de Lectura de la USMA y promueve el boletín Huellas, sus alumnos colaboran con los míos. Gracias a Rosa María, surge una amistad que favorece a la literatura panameña.

La amistad de Rosa María es como la de Sancho con Alonso Quijano, un elogio de lealtad y solidaridad; atiende a Margot Fonteyn y a Gretel, la esposa de Juan David Morgan, enfermas de cáncer. Le salva la vida a Ileana Golcher desahuciada de cáncer.

Luz María Jiménez Faro dirige Ediciones Torremozas en Madrid, nos hacemos amigos cuando le envío un poema de Stella Sierra para su antología de poetisas hispanoamericanas. Rosa María viaja a España y la pongo en contacto con Luz María, enseguida armonizan y Ediciones Torremozas le publica dos libros. Luego mi amigo Jorge Consuegra, escritor y promotor cultural, le publica con Planeta de Colombia ‘Todas íbamos a ser reinas'.

‘La Caravana de la Soberanía', que promuevo con Ana Elena Porras en el Movimiento de la Identidad y Memoria Histórica de cara al cincuentenario de la gesta del 9 de Enero de 1964, es avalada por Rosa María Britton desde la Biblioteca Nacional. Nitzia Barrantes, la directora técnica, organiza la exposición itinerante y en el acto de clausura, Rosa nos da sus palabras de aliento. La autora de ‘No pertenezco a este siglo' ama a Panamá y su literatura, y su vida profesional es testimonio de hacer Patria sin dobleces.

Rosa realiza una labor social con las prostitutas del país, organiza un plan de atención médica y control de su salud. Opera gratuitamente a las mujeres sin recursos económicos. A sus amigos los atiende en sus dolencias físicas y nos orienta médicamente.

Rosa, la de Panamá, promueve almuerzos literarios con José Franco, César Young Núñez, Ramón Fonseca, Juan David Morgan, Antonio Paredes, Neco Endara y yo. Son tertulias inolvidables, con mucho humor y la picardía de la Reina del Bataclán, sueño de su juventud.

La amistad para Rosa María es una entrega sin prejuicios, fraterna, leal, con decoro y dignidad. Siempre amiga en los buenos y malos momentos, siempre da una voz de aliento. Mi relación con ella fue excepcional, me decía lo bueno, lo malo, mis aciertos y errores. Nunca me falló en mis momentos de angustia existencial. Siempre confió en mí, le presenté muchos de sus libros.

Rosa vivió A SU MANERA... logré abrazar el mundo entero, con mil sueños. Crecí sin derrochar y viví a mi modo. El dolor lo conocí, seguí sin vacilar, logré vencer las decepciones, mi plan de vida jamás falló y me mostró mil y un recodos. Esa fui yo, arremetí hasta el azar, me arriesgué, lo que perdí no lo lloré, siempre viví, a mi manera. Amé, también sufrí y compartí caminos largos, perdí y rescaté, más no guardé tiempos amargos. Jamás me arrepentí, amé mis sueños, lloré y reí a mi manera. Me pueden criticar, aprendí a renunciar, nada dejé sin entregar porque viví, siempre a mi manera. Estoy en paz...

Las honras fúnebres fueron sencillas, un acto privado, familiar, con sus amigos más íntimos. Se inició con la canción ‘A mi manera' y terminó con Osvaldo Ayala cantando ‘Los sentimientos del alma'. Así era y es mi Rosa sin espinas, siempre valiente, vivió como pensó y sintió, siempre solidaria y con mucho amor a Panamá.

Rosa María estás siempre en mí, sobre todo en ese recodo mágico del Chagres donde anidan las ninfas y los duendes. La bruja Enericia está contigo en ese imaginario de mil fantasías. Eres una mujer atrevida en tu hablar, eres imborrable e imprescindible. Ya dejé de llorar, mi amiga Doris me sacó de mi dolor y ahora te escribo con el alma alegre, pues sé que estás con Borges, Jorge Amado, Octavio Paz, Rogelio Sinán en el planeta Tlon, en el círculo de lectura de los locos más apasionados del arte de escribir.

El 28 de julio día de tu cumpleaños brindo por ti, mi Rosa…

DOCENTE, HISTORIADOR Y ESCRITOR.

‘Así era y es mi Rosa sin espinas, siempre valiente, vivió como pensó y sintió, siempre solidaria y con mucho amor a Panamá'