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12 de Dec de 2019

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Columnistas

¿La ONU, la gran Torre de Babel frente al cambio climático?

“(António Guterres) ha pedido a los líderes del mundo que se darán cita en tan importante evento que “traigan planes, no discursos”...”

António Guterres, secretario general de las Naciones Unidas advirtió esta semana que “la naturaleza está enfadada” y ha reclamado una acción internacional para hacer frente al cambio climático.

Hasta allí totalmente de acuerdo, incluso lo respaldo aún más cuando ha pedido a los líderes del mundo que se darán cita en tan importante evento que “traigan planes, no discursos”.

Hoy en día, todo desarrollo y salto económico está vinculado al uso de la energía, el mundo se ha vuelto dependiente de diferentes fuentes de brío para su movimiento. Convirtiéndose así en el pilar fundamental para el funcionamiento, desarrollo, crecimiento y bienestar de las sociedades industrializadas y las potencias emergentes.

La mayoría de las actividades que guardan relación desde el inicio de la cadena de producción de energía pasando por su procesado, hasta llegar a su consumo representan más del 60 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero en el mundo. Lo que hace indispensables las propuestas de uso de fuentes de energías limpias y renovables de manera tal que logremos revertir el efecto negativo del cambio climático. Tomemos como referencia absoluta los informes que demuestran que en los últimos cuatro años han sido los más calurosos de la historia y las temperaturas invernales del Ártico han aumentado 3 °C desde 1990.

Estas secuelas del enfurecimiento de la naturaleza son evidentes cuando nos convertimos en víctimas directas de los desastres. Los nuevos indicadores de medición de los efectos de gases invernadero y el consecuente calentamiento global sugieren que tales eventos serán cada vez más frecuentes, aumentando los costos económicos, el número de personas sin acceso a agua potable, lo que incrementará el riesgo de enfermedades y reducirá la disponibilidad de alimentos. Todo es una sucesión de hechos que afecta indiscriminadamente a los países más pobres, donde este cambio climático se está convirtiendo en el mayor obstáculo para su desarrollo.

Este nuevo conclave en Naciones Unidas, debe tener como propósito el inicio de la transformación de las economías siguiendo los objetivos de desarrollo sostenible. Se deben desarrollar propuestas ambiciosas, incluyendo la transición global hacia energías renovables, uso de la energía solar, la energía eólica, la geotérmica, la energía de los mares y de las olas, todas limpias y renovables.

Aunque parezca paradójico desde la rúbrica del Acuerdo de París para luchar contra el cambio climático, en el año 2015 por alrededor de 200 países, las emisiones han aumentado y el país más poderoso del mundo, Estados Unidos, ha renegado de él, mientras que los niveles del mar están subiendo, los arrecifes de coral se mueren y estamos empezando a ver el impacto fatal de este cambio en la salud, a través de la contaminación del aire, las olas de calor y los riesgos en la seguridad alimentaria.

Esta nueva Cumbre del Clima, viene justo a tiempo, puesto que el cambio climático no va a esperar hasta que finalicen las negociaciones para más acuerdos. Los impactos sobre los ecosistemas y la vida de las personas serán cada vez más evidentes y resolverlos tendrá un costo cada vez mayor.

El acuerdo final que involucrará a todos los países tendrá que asegurar que las medidas de mitigación del cambio climático sean suficientes para alcanzar la meta de mantener el ascenso de la temperatura global por debajo de los 2 °C.

Las negociaciones están prácticamente terminadas; ya existe el Acuerdo de París, están las reglas de procedimiento. Ahora llega el momento de la aplicación de aquel pacto cerrado en 2015 en Francia. Es decir, el tiempo de la acción y los compromisos. Y eso es lo que busca el secretario general de la Organización de Naciones Unidas, António Guterres, solo me resta implorar, por el bien del planeta: que Dios y la suerte lo acompañen.

Diplomático de carrera.