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18 de Oct de 2019

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Columnistas

A magistrado regalado se le mira el diente

Refranes panameños como “a caballo regalado no se le mira el diente” son retazos ciertos e importantes de nuestra cultura popular y que han dejado huellas firmes en nuestras tradiciones.

Refranes panameños como “a caballo regalado no se le mira el diente” son retazos ciertos e importantes de nuestra cultura popular y que han dejado huellas firmes en nuestras tradiciones. Sería bonísimo que con la escogencia de los magistrados no nos pase como a uno de los más “avispa'os” de los Llanos de Coclé, que compró un caballo nuevo para la molienda y como lo vio nuevo, fuerte y obediente no lo revisó, para luego de un año darse cuenta de que el caballo estaba ciego, molía bien, pero estaba ciego. La expresión “magistrados deben tener carácter” es cabal y que muchos compartimos en este país aturdido por tantas sorpresas.

Bueno, entonces actuemos como en la Roma de los años 855. Cierto, para estar seguros de si los letrados tienen carácter, hace falta copiar el método que utilizó la Santa Sede después de que se coló como Santo Papa una mujer, asumiendo el título de Benedicto III o Juan VIII. El origen y nombre de esa señora está en la historia y el mundo la reconoce como la papisa Juana.

Acá en la cordillera donde vivo hay artesanos un poco toscos, que pueden construir un asiento como el papal conocido en aquel entonces como Sedia stercororia, con un hueco apropiado en la sentadera, de manera que alguien meta la mano y de contar el candidato con el carácter grite: “habet duos testículos et bene pendentes”. Como se hizo en Roma y no sé si se continúa con ese requerimiento.

Panamá en dos meses está por cumplir 117 años gobernado en algunos periodos por “juegavivos”, taimados y vendepatria y es precisamente porque cualquier ladrón, petulante o corrupto reconocido es candidato a puestos públicos sin pasar requisa ni esculcamientos necesarios; es decir, lo que diga la prensa de ellos y piense el pueblo vale cebo, se justifica entonces y va siendo hora que la bandera extinga con febril desasosiego a los que... (no me acuerdo más ahora mismo la inspiración del poeta, pero sé que su melisma se acerca a la pena de muerte). Lo interesante es que la lista de los abogados panameños que aspiran a ser magistrados de la CSJ supera los 70.

Ahora, a quién van a poner a palpar la autenticidad de los candidatos. En el 855 la Santa Sede puso a un diácono, que se demoraba mucho tocando. Lo más socorrido en este caso es que el inspector sea del Ejecutivo o del Legislativo, de manera que la armonía entre los tres poderes del Estado sea sólida, verdadera y contemos con unos magistrados con carácter.

Economista y escritor costumbrista.