Panamá,25º

05 de Dec de 2019

Avatar del Julio Yao Villalaz

Julio Yao Villalazopinion@laestrella.com.pa

Columnistas

¿Por qué sacaron el esqueleto del TIAR del clóset?

En un artículo que circuló ampliamente, “Venezuela, una intervención imposible”, explicamos por qué las acciones contra la República Bolivariana de Venezuela violaban el Derecho Internacional (Julio Yao, Red Voltaire, 3 de marzo de 2018).

En un artículo que circuló ampliamente, “Venezuela, una intervención imposible”, explicamos por qué las acciones contra la República Bolivariana de Venezuela violaban el Derecho Internacional (Julio Yao, Red Voltaire, 3 de marzo de 2018). Citemos lo esencial.

Las intervenciones contra Venezuela constituyen “una empresa ilegítima e imposible porque viola escandalosamente la Carta de la OEA, la Carta de la ONU y el Derecho Internacional”.

La violación colectiva del Derecho Internacional abarca décadas de acciones ilícitas, desde que Hugo Chávez llegó al poder en Venezuela y EU empezó a perder allí sus ventajas, canonjías y subsidios petroleros.

“Pese al incuestionable desprestigio de esa organización, la Carta de la OEA consagra principios del Derecho Internacional que imposibilitan la intervención individual o colectiva de sus miembros en los asuntos internos y externos de otros Estados y que son, mutatis mutandi, los mismos principios de la Carta de la ONU, entre otros:

1. Todo Estado tiene derecho a elegir, sin injerencias externas, su sistema político, económico y social, y a organizarse en la forma que más le convenga (Artículo 3, literal e).

2. Las controversias de carácter internacional que surjan entre dos o más Estados americanos deben ser resueltas por medio de procedimientos pacíficos (Art. 3, literal i).

3. Ningún Estado o grupo de Estados tiene derecho a intervenir, directa o indirectamente, y sea cual fuere el motivo, en los asuntos internos o externos de cualquier otro. El principio anterior excluye no solo la fuerza armada, sino también cualquier otra forma de injerencia o de tendencia atentatoria de la personalidad del Estado, de los elementos políticos, económicos y culturales que lo constituyen (Art. 19).

4. Ningún Estado podrá aplicar o estimular medidas coercitivas de carácter económico y político para forzar la voluntad soberana de otro Estado y obtener de este ventajas de cualquier naturaleza (Art. 20)”.

El Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca de Río de Janeiro (TIAR) de 1948 es un fósil de la Guerra Fría (hermanito de la OTAN) que se pensó para rechazar una “agresión comunista” que nunca ocurrió, pero que realmente sirvió como paraguas de las intervenciones de EU para apoyar a sus vasallos, títeres y cipayos.

El último clavo al sarcófago del TIAR se lo puso el propio EU al apoyar al Reino Unido en la Guerra de las Malvinas de 1982, clavo que también enterró al Tratado de Neutralidad del Canal al extenderle Washington ilegalmente a Londres el paso expedito a sus naves de guerra y facilitarle sus satélites y observatorios en tierras argentinas.

En la invasión a Panamá en 1989, EU ni siquiera se preocupó por las apariencias y nos invadió sin la OEA, sin la ONU y sin el consentimiento de su Senado. Bastó la sola arrogancia imperial del señor George H. W. Bush.

Cuba, Nicaragua, México, Bolivia, Ecuador y Uruguay se retiraron del TIAR. Venezuela ni siquiera es miembro de la OEA y, por esta razón, no se le puede aplicar. Uruguay votó en contra de la resolución del pasado lunes, 23 de septiembre, en tanto que Trinidad y Tobago y Panamá se abstuvieron.

Por ello, preguntemos: después de 37 años de muerto el TIAR, ¿por qué y para qué sacaron su esqueleto del clóset?

Como ha dicho Thierry Meissan: “Siria y Venezuela apuestan por el futuro en el mismo momento, aunque de forma paralela. Y es perfectamente normal, ya que el origen de sus conflictos no era nacional, sino resultado de la estrategia del Pentágono tendiente a destruir las estructuras de los Estados que no se pliegan a la globalización, primeramente en el «Medio Oriente ampliado» o «Gran Medio Oriente» y ahora en la «Cuenca del Caribe», estrategia enunciada en la doctrina Rumsfeld/Cebrowski”, (“La unión nacional en Siria y en Venezuela”, Red Voltaire, 24 de septiembre de 2019).

EU ha decidido destruir a los Estados que no se arrodillan ante Washington (“o nos entregan sus riquezas o los aniquilamos” —Trump dixit). No es un problema de chavistas y antichavistas, de izquierdas y derechas, ni tampoco de defender a Venezuela.

Se trata, como ha dicho el canciller de Uruguay, Rodolfo Nin Novoa, de defender el Derecho Internacional y de que “con la resolución de activar el TIAR para sancionar dirigentes del Gobierno venezolano vinculados a (supuestas) acciones ilícitas, los países están abriendo paso a una intervención armada”, enfatizando que Uruguay “jamás se prestará para ese tipo de acciones”.

Por ello, EU ha ensayado y continúa experimentando modalidades de guerra contra Venezuela jamás implementadas ni conocidas en la historia, superando con creces a Adolf Hitler en sus etapas más horrendas y tenebrosas.

Expulsado del Medio Oriente, un tiburón blanco anda suelto, loco y desesperado en la Cuenca del Caribe y nada muy cerca de las playas de Cuba, Nicaragua y Venezuela.

Como el país más estratégico de la región y con una vía interoceánica que debe ser un remanso de paz y neutralidad para el planeta, Panamá debe abandonar la ambigüedad y la hipocresía en nuestra política exterior dizque de querer favorecer una solución pacífica en Venezuela y simultáneamente empedrar con buenas intenciones el camino del infierno.

Analista internacional y exasesor de política exterior.