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15 de Dec de 2019

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Ricardo Arturo Ríos Torresopinion@laestrella.com.pa

Columnistas

Poeta Laureatus

“La poesía te escoge, no la escoges”, M. O. N.

La poesía es el alma de la literatura. Panamá es tierra de bardos, ellos hacen posible “La épica de la Soberanía”; una mujer pare con dulzura uno de los poemas más emblemáticos del devenir lírico de la nación panameña: “Al Cerro Ancón”. La rapsoda anticipa la saga nacionalista que termina con el enclave colonial. Gaspar Octavio Hernández es el vate que traza la lucha heroica de la juventud panameña con la siembra de banderas, iniciada con la Operación Soberanía del 2 de mayo de 1958 y la cual culmina el 9 de Enero de 1964. “El Canto a la Bandera” es la ruta de la redención patriótica.

Manuel Orestes Nieto es el trovador de la Patria Sagrada. Manuel es el poeta laureatus por excelencia de la lírica nacional en el Panamá Contemporáneo; mientras otros juglares, se estancan, Orestes Nieto en cada nueva entrega se supera con un imaginario inédito. Manuel es galardonado con el Premio Nacional de Literatura Ricardo Miró en cinco ocasiones: 1972, 1983, 1996, 2002 y 2012. Manuel es el orfebre de la palabra profunda.

“ALTAMAR” es el compendio, en dos volúmenes, del eterno navegar sin naufragios. El primero comprende los años 1997, 1998, 2001, 2002, 2005, 2008, 2010, 2012 y 2013. El libro es el devenir de una creación renovada. El periplo de ansiedades, tristezas, alegrías, sueños y promesas. El diálogo es sobre la crisis existencial y evolución anímica de un ente sensitivo, también es de los fracasos, derrotas y triunfos imborrables de un poeta de huracanadas pasiones. Manuel es el contestatario que asedia el acontecer nacional con la elegancia del humanista y la puntualidad cervantina, lo hace sin concesiones ni complacencias.

La poesía es metafórica, de amorosos abrazos y de luz ambarina. El aluvión es creativo, como el Chagres que unifica una nación en el rescate del ser ontológico subyugado por las aves imperiales.

De una angostura geográfica está hecha nuestra patria. Somos los hijos de los caminos, una legión bastarda con la sangre manchada por oleadas de depredación y saqueo y por la caliente avaricia del oro. Somos indóciles como Quibián, Urracá, Bayano y Victoriano.

Lo fugaz anida en nuestras almas. Somos hijos del instante, impulsivos, impredecibles. La nación se forja contra todo pronóstico. Vencimos la adversidad con la épica de la esperanza. Nuestro parto es doloroso, difícil y traumático. Somos violados, pero nuestra Patria es virginal, pues siempre renacemos con una fuerza imbatible.

El deslumbrante mar que nos hizo con la resonancia del amor y el crepitar del coraje. Somos Hércules, vencimos al Coloso del Norte sin disparar un tiro. Somos el Chagres, la montaña, el mar, la sal nutriente, el cálido sol, la lluvia primaveral.

Fueron los perros de caza, la impiedad, la agonía artera en manos de los semidioses de metal y fuego atrapados en la codicia de matarse entre ellos. La conquista infernal de los demonios del fuego. Fuimos el oro entintado con la sangre en bestial exterminio. El requerimiento les da el derecho de la congoja de las matanzas.

Pero no nos entregamos. La épica de la Soberanía es la respuesta al Coloso del Norte. Nuestra historia está hecha de esclavitud y libertad, de adioses y reencuentros, de agua perpetua. Nuestro febril corazón zurcido a la pleamar. Nosotros somos asidos a las mariposas, siempre permaneceremos. Somos los hijos del Quijote.

Con un remo para impulsarnos por los siglos en el trópico encendido y la salinidad del Caribe en nuestra singular historia, donde el aliento germinal del jaguar nos hace subsistir a las épocas sombrías.

Con la piel rasgada por las devastadoras soledades, volvimos a danzar y cantar esta historia de abrazos para anidar un renacimiento bajo un día sin sombras, como en un éxtasis.

Aquí nací, en un diminuto grano de sal. Aquí crecí en el estallar de las olas contra las rocas. Aquí moriré, frente a la espuma del mar que me vio nacer. Fui libélula de mariposas multicolores. El celeste es mi vértigo y mi ternura en este privilegiado y amoroso filamento de tierra entre dos prodigiosos océanos.

Aquel país en su memoria. Ella me contaba de su país de montañas desde donde se miran dos mares a la vez. Su país es una bruma alegre en los ojos, donde el sol es una fiesta roja que tiñe el océano. Un país en el borde del cielo, como de rocío, sin entornos ni murallas, el país amado en la templanza, donde está el árbol de frutos de oro. El famoso auristán de Cristóbal Colón en la Carta de Jamaica de 1503.

Una tierra de inverosímiles aventuras, de grandes hazañas. Una juventud indomable que desafía al imperio de Wall Street, en una mañana inmensa de mayo de 1958, de noviembre de 1959 y en una tarde gloriosa del 9 de Enero de 1964.

“Fusilarás la Patria” es el más hermoso y trascendente poema dedicado a Victoriano Lorenzo, es la síntesis de una infamia, del temor de las élites a los cholos insurgentes, de una guerra que se volvió negocio, digo una negociación para hacer un país independiente, para abrir el foso de agua de mar a mar.

El mar de los sargazos es el texto hilvanado de esmeraldas y cristales, un centelleo de robles y pinos, una ilusión de magnolias y lirios, un canto a la Patria Sagrada, la lírica fluye en un frenesí que te impacta el alma, cada palabra es un universo, una elegía, una fiesta de luz, la Patria tiene el aroma de los eucaliptos y nuestro horizonte es siempre la inmensidad. El poemario es presentado en el Círculo de Lectura de la USMA, en una gala, la cual convocó al Panamá literario.

“Altamar”, en su segundo volumen, incluye los cuadernos poéticos de 1968-1970, 1973, 1976, 1979, 1980-1982,1984, 1985,1987, 1988 y 1991. La obra es un memorial de sentimientos, tiene todo lo que palpita, devota y honda confesión, de lo que es capaz de estremecer para siempre, la dignidad de resistir.

El vate en Sangre vidriada confronta con dolor, rabia y coraje la invasión del Imperio de Washington en diciembre de 1989. El cielo incendiado en medio de la noche y el terror cayendo desde arriba. La oscura matanza entre las sombras en una urdida pesadilla. El hongo de la muerte con su raíz envenenada. Una invasión con discriminación, un polígono de tiro con la gente dentro. El Chorrillo martirizado, cuánta impunidad entre tanta muerte, una perversa invasión.

Panamá es un país que te pisan, te violan, te matan; donde apuñalan el puñal que apuñaló el puñal.

Manuel Orestes Nieto es el poeta laureatus de Panamá.

Referencia bibliográfica. Orestes Nieto, Manuel. Altamar/Panamá: La Rama Dorada, 2019. 3ª. ed. 196 p. Volumen I. Impreso por Editora Sibauste. Volumen II. 3ª. ed. 2019. 231 p.

Docente, historiador y escritor.