Panamá,25º

16 de Nov de 2019

Juan Carlos Mas C.opinion@laestrella.com.pa

Columnistas

El proceso constituyente

“[...] desde ya puede iniciarse el proceso constituyente en las bases. No es menester el permiso de nadie”

Inicio estas líneas comentando las aseveraciones de quienes creen que los estudiantes que protestan en la calle lo hacen sin conocer el texto de las propuestas, como si fuera ello un pecado original. Quienes opinan así desconocen que, en esta etapa, lo importante no es lo que diga la letra de los documentos presentados, sino la forma en que se concibió su redacción sin consultar a las bases, como si fuera el producto de un grupo de iluminados; es que se pretende ignorar la relación entre la forma y el fondo. No se trata de que un documento esté bien presentado y con coherencia, lo que importa es desde dónde nace, cómo y quiénes lo hacen. Nadie aceptará una constitución que no sale del seno de la población; es eso lo que le dará legitimidad.

En los 30 años que siguieron a la invasión todos, absolutamente todos los Gobiernos crearon el escenario para espacios dialogantes donde se agotaría, por dilución entrópica, la indignación popular. No importa que en estos espacios de diálogo participaran, o no, representantes de organizaciones sociales, porque es de humanos dejarse seducir por una invitación a una conversación permanente que nos alivia de nuestras responsabilidades diarias de trabajo. Pareciera que dialogar nos dignifica, pero son espacios donde el diálogo no es interrumpido, pero la concreción de los pronunciamientos se deja en manos expertas.

Desafortunadamente debo decir que en alguna manera algunos organismos de las Naciones Unidas se prestaron durante un periodo de treinta años, no solo en Panamá, sino en todas las partes donde hubo conflictos, para diluir el reclamo y construir la adaptación mental al nuevo orden neoliberal; si hasta una expresidenta de la República condujo gran parte de esas instancias de conciliación de intereses.

Lo nuevo, como las raíces, debe venir desde abajo, desde el suelo de la comunidad. Una verdadera constitución es expresiva del estado de las relaciones de fuerza en la sociedad. En consecuencia, por más que esté bien redactada, si nace desde arriba será expresiva de los intereses predominantes.

Los espacios naturales de la construcción de una constitución deben empezar desde abajo:

1—. En las discusiones locales de vecinos o en las asambleas de los estamentos donde acuden las gentes que están relacionadas por el mismo tipo de actividad laboral. En esas asambleas se identifican las cosas que deben ser removidas de las relaciones y lo que debe reflejar una nueva relación que respete el ordenamiento natural de los productores o trabajadores;

2—. Después con estas reivindicaciones identificadas debe pasarse al nivel de acuerdos dentro de los que se conoce propiamente como asamblea constituyente, integrada por los representantes designados por las bases (nótese que no se trata de un torneo electoral). En este espacio de discusión puede ser requerida la intervención de los especialistas en la materia constitucional armonizando las propuestas de abajo, para que la demanda de un estamento engrane correctamente con la de otros estamentos. La pericia que se exige en este nivel no es propositiva, sino de armonización;

3—. Para finalizar, debemos arribar al tercer nivel que es el de construir el poder popular que deviene de la aplicación de estas normas.

Lo importante de la secuencia enumerada es que la legitimidad de la misma no nace de una aceptación del poder formal ya arcaico, sino de la autoconvocatoria de la sociedad y de sus estamentos para discutir lo que le es pertinente; o sea que desde ya puede iniciarse el proceso constituyente en las bases. No es menester el permiso de nadie.

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