19 de Ago de 2022

Columnistas

Un concurso y un país

El pasado sábado se celebró en el teatro Anayansi de la ciudad de Panamá la final de la decimoquinta edición del Concurso Nacional de Oratoria, organizado por la compañía Cable & Wireless.

El pasado sábado se celebró en el teatro Anayansi de la ciudad de Panamá la final de la decimoquinta edición del Concurso Nacional de Oratoria, organizado por la compañía Cable & Wireless. Tuve el honor de ser miembro del jurado de la competición y desde esa perspectiva escribo estas líneas.

En los enfrentamientos deportivos, culturales o de otra naturaleza se respetan las reglas del juego, existe la igualdad real de oportunidades y se premia a los mejores. De algún modo son condiciones de laboratorio que no se dan en la vida cotidiana, los negocios o la política. Y precisamente por eso, a través de las competiciones, tenemos la posibilidad de observar las mejores cualidades de los seres humanos. Eso es lo que hemos contemplado en los quince finalistas del Concurso Nacional de Oratoria: las grandes virtudes de los panameños más jóvenes. Diez chicas y cinco chicos de diferentes regiones del país demostrando que el empeño, el juego limpio, la solidaridad y el compromiso tienen premio.

Durante un año miles de jóvenes han participado en las distintas fases de selección del concurso. Empezando por sus propios colegios y continuando por las provincias y distritos educativos en los que se ha organizado la competición, los concursantes han ido superando, con esfuerzo e ilusión, las diferentes fases de clasificación. Al final quedan quince, pero durante meses son miles los involucrados en un proceso que obliga a todos los participantes a ofrecer lo mejor de sí mismos. El Concurso de Oratoria es como una piedra lanzada a un lago, cuyo impacto genera ondas concéntricas a su alrededor. Esas ondas se deslizan por los colegios del país, llegan a padres, profesores y, a través de los medios de comunicación, al conjunto de la ciudadanía. De esta forma, el concurso de debería tener un efecto pedagógico no solo para la sociedad panameña, sino especialmente para el conjunto de la clase política y los actuales gobernantes.

El tema de esta edición, “Educación y ciudadanía responsable”, dio pie a que los jóvenes, en sus exposiciones iniciales y en las respuestas a la cuestión de la igualdad de oportunidades, pusieran de manifiesto en tono crítico, pero educado, las carencias del sistema educativo panameño. Con mucha serenidad hablaron de fracaso escolar, falta de medios, o calidad insuficiente de la educación pública. Diversos responsables del Gobierno, como la ministra de Educación o la primera dama de la República, pudieron escuchar cómo jóvenes cargados de buenos sentimientos hacían un llamamiento a que la educación se convierta en una prioridad para el Gobierno, el conjunto de las instituciones y la propia sociedad. Ojalá la voz de estos jóvenes llegue lejos y haga mella en las conciencias de los que tienen poder y medios para cambiar las cosas. Porque lo que parece evidente, como dijeron los jóvenes, es que situar a la educación de calidad como una prioridad política redundará a medio y largo plazo en una sociedad más cohesionada, justa y próspera.

Por otra parte, Cable & Wireless, que organiza un certamen que ha cumplido su décimo quinto aniversario, demuestra con su apuesta e inversión económica, que también una compañía privada puede convertirse en impulsora de cambios que redundan en el interés general de un país. Estamos acostumbrados a que las acciones de servicio público vengan de manos de gestores públicos, pero en esta ocasión es una empresa privada la que presta un servicio de indudable interés general para la juventud panameña.

Meryen González, flamante ganadora del concurso, nos contó al finalizar el certamen que era la tercera vez que había intentado clasificarse para la final. Su empeño ha tenido recompensa y reconocimiento, porque con el resto de sus compañeros será merecedora de una serie de becas y ayudas, algunas financiadas por el propio Gobierno, para estudiar en la universidad de su elección. El ejemplo debería servir para el resto de los estudiantes, y también para profesores, padres y especialmente autoridades: la cultura del esfuerzo, el tesón y la superación es el único camino para conseguir las metas que nos fijamos como personas y como sociedad. Todo el país debería tomar buena nota de la lección que han dado estos quince jóvenes.

Miembro del jurado del Concurso de Oratoria.