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15 de Aug de 2020

Ricaurter Paz

Columnistas

Los patriotas no podemos olvidar el 20 de diciembre de 1989

¡Gracias a Dios! hoy puedo narrar lo que vivimos ese día 19 de diciembre de 1989. Si hubiésemos demorado unos minutos para llegar a la ciudad capital, hoy pudiésemos estar cumpliendo 30 años de fallecimiento

El día 19 de diciembre de 1989, un grupo de trabajadores de la Librería Universitaria y de la Dirección de Auditoria Interna de la Universidad de Panamá –UP-, en conjunto con auditores de la Contraloría General de la Nación, emprendimos una gira de trabajo, por todos los Centros Regionales Universitarios, para realizar el inventario anual de las librerías universitarias. Después de un arduo trabajo, nos fuimos a caminar por varios lugares de la provincia de Chiriquí, pues nos detuvimos frente al cuartel de las fenecidas Fuerzas de Defensas. Aquí observamos que había mucho hermetismo, la intranquilidad rodeaba el cuartel que nos hizo sentir que la invasión era un hecho y que estaba cerca. Bueno, decidimos solicitar permiso a las autoridades universitarias para irnos a la ciudad y así evitar que la invasión nos agarrará viajando por la carretera, en un auto propiedad del Estado, ya que podía ser muy peligroso. Las autoridades acceden a dicha solicitud y ordenan nuestro regreso al campus Octavio Méndez Pereira.

Emprendimos nuestro retorno a la capital, sin saber que la invasión estaba detrás de nosotros; y cuando nos acercábamos a tierras canaleras, sentíamos que la carretera se nos alargaba cada vez más. Al llegar al puente de las Américas como a las 11:10 p.m., sentimos paz y tranquilidad, de saber, que estábamos cerca de nuestros hogares. Un compañero emocionado suelta la frase: “Ahí están mis soldados, con temor, pero ahí están. Esos son mis valientes soldados”. Pasando por dicho puente, recuerdo que habían varias tanquetas pequeñas, acompañadas de varios militares cuidando la entrada y salida del puente. Más adelantes encontramos otra brigada de panameños, eran el escuadrón Codepadi y los batallones de la dignidad. Estaban artillados entre sacos de arena y entre escombro de un edificio viejo que se encontraba en ese entonces en la Avenida de los Mártires.

Los que participamos en la gira de trabajo nos sentimos contentos de que cada uno agarró sus maletas y se dirigió a sus hogares.

Quien escribe llegó a su casa como a las 11:56 p.m., abriendo la puerta para entrar. Oigo a unos vecinos gritando ¡Llegó la invasión! ¡llegó la invasión! Me dirijo hacia donde ellos para ver lo que ocurría y observo que el ejército yanqui estaba atacando la base de la Fuerza Aérea Panameña (FAP). Pude observar que los militares panameños respondían los ataques con lo poco que tenía para defenderse.

¡Gracias a Dios! hoy puedo narrar lo que vivimos ese día 19 de diciembre de 1989. Si hubiésemos demorado unos minutos para llegar a la ciudad capital, hoy pudiésemos estar cumpliendo 30 años de fallecimiento, pues el ejército del Comando Sur llegó bombardeando y asesinando, sin compasión, todo lo que encontraban por su camino. No les importaba hombres, mujeres ni niños inocentes. Llegaron a asesinar a miles de panameños; y hoy todavía no sabemos cuántos murieron y dónde están enterrados.

Comunicador social y artista plástico