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07 de Aug de 2020

Víctor Paz

Columnistas

El Santa de los desposeídos y la eterna pobreza

Es muy bonita la historia de Santa Claus, dando regalos a los niños para celebrar el nacimiento de Jesús. Sin embargo, la Navidad de muchos adultos es muy diferente. Me refiero a que, en lugar de recibir a un Santa regalón, nos ataca un Santa ladrón. Sí, mucha gente pasa esta época deprimidos, sin dinero. Y así es cómo la alegría se convierte en tristeza navideña. Pero, aún más curioso resulta el hecho de que gran parte del dinero que nos gastamos celebrando la Navidad, se lo queda gente que ni siquiera profesa el Cristianismo.

La Navidad, muy lejos de ser una época de unión, paz y reconciliación, para gran parte de los panameños se descubre en forma de una terrible desposesión. A voluntad propia, vamos entrando de lugar en lugar hasta gastarnos gran parte del dinero arduamente trabajado o ahorrado. Nos hemos vuelto un país terriblemente consumista, pero hacia cosas banales y chucherías de “lujo tecnológico”. Sí, es cierto, aunque en Panamá sigue rodando dinero, sólo lo hace de un bolsillo al otro del mismo pantalón del poder, no de la gente.

Desposeer al ciudadano, es una práctica de opresión masiva muy antigua. Es apenas una parte del ritual de indefensión aprendida en la persona, que jamás hará algo para cambiar su dolorosa existencia (más allá de endeudarse para vivir y vivir para endeudarse, persiguiendo la satisfacción personal y social mediante objetos materiales).

Para desarrollar arraigo, el ser humano necesita saber que tiene algo propio (no de los bancos, megacorporaciones –incluyendo al gobierno-, o usureros varios). Sin arraigo el individuo no le encuentra mayor sentido a la vida, olvida de a dónde vino y no sabe hacia dónde va. Vivir sin arraigo, es vivir en el aire, como una veleta; o mucho peor, dependiendo siempre de a dónde nos soplen...

Aunque no sea lo correcto, en una sociedad como la nuestra el individuo sólo se experimenta a sí mismo a través de las cosas que posee. Y si posee nada, ni siquiera se posee a sí mismo. De allí nace la eterna pobreza y surgen frases tan lapidarias cómo: “No tiene a dónde caerse muerto”. Ahora bien, entiéndase que ganar mucho dinero y malbaratarlo, es como no tenerlo. Los desposeídos también son todos aquellos que aún ganando mucho, o poco dinero, lo ven pasar delante suyo, sin poder contenerlo, disfrutarlo por mucho tiempo, multiplicarlo o ni siquiera usarlo para algo adicional a una satisfacción efímera que, dicho sea de paso, aumenta aún más el sentimiento interno de minusvalía y desposesión.

La ilusión consumista, es sumamente dañina en sociedades como la nuestra, con problemas de precariedad aún en los temas básicos de subsistencia. En la que muchos ni siquiera saben distinguir la diferencia entre lujo y necesidad. De tal suerte, la navidad (que debería ser una época de regocijo) se convierte en el peor motivo para quebrar a muchas personas, desposeyéndolas abrumadoramente.

El autor es ingeniero en sistemas