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16 de Jan de 2020

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Columnistas

La invasión en 2008, ¡prohibido olvidar! (II)

“Aquí hay uno”, decía un soldado invasor en Río Hato en medio de la oscuridad, apuntando a un soldado herido, "¡mátalo!" (shoot him!) y el otro, como un idiota, obedecía mecánicamente.

“Aquí hay uno”, decía un soldado invasor en Río Hato en medio de la oscuridad, apuntando a un soldado herido, "¡mátalo!" (shoot him!) y el otro, como un idiota, obedecía mecánicamente. “Aquí hay otro!” Y así, sucesivamente, les daban el tiro de gracia a los que quedaron vivos.

Mientras los invasores podían ver en la oscuridad (eran “los reyes de la noche”, decían), los estudiantes “Tomasitos” huían empiyamados por los montes, guiados por oficiales (entre ellos, Francisco Porras). Les dieron cacería a los que se internaron, huyendo despavoridos por los potreros porque los aviones fantasmas Stealth F117-A, usados por primera vez “en combate”, les arrojaron bombas de 2,000 libras cuando dormían, las que también arrojaron sobre El Chorrillo.

Nadie los contó; nadie conoce sus nombres. La lista de víctimas que tenía la Cruz Roja de Coclé misteriosamente desapareció, como desaparecieron – requisados por los invasores— los registros y archivos de muertos en hospitales y morgues, incluyendo el Hospital Santo Tomás, para que el mundo no supiera de qué murieron, cuántos murieron, con qué tipo de armas fueron heridos, y quiénes, luego de ser operados, fueron retirados de los hospitales y asesinados con las manos atadas a las espaldas, los cuales aparecieron en fosas comunes, con vendas y yesos.

Un sacerdote patriota de las Fuerzas de Defensa de Juan Díaz —Vicente Moreno — me enseñó una lista con cientos de víctimas, más corta que las que yo tenía. Esa es la democracia de EEUU! La “democracia” que querían la Cruzada Civilista y sus cómplices.

¿Qué se hicieron los niños de El Chorrillo, que pintaron lo que vieron? Vi los dibujos de los niños de la compañera Antonella Ponce, muerta prematuramente, y también del psicólogo social, Dr. Guillermo Cohen-DeGovia, preocupado por los efectos traumáticos post-invasión.

Los hijos y nietos de la invasión integran ahora pandillas porque jamás recibieron atención psicológica ni ayuda económica de ningún gobierno.

¿Qué pensarán y sentirán los hijos de los que murieron aplastados por los tanques cuando huían del fuego y de las balas y bombas incendiarias de los helicópteros Apache que cayeron como enjambre de avispas sobre El Chorrillo; es decir, qué dirán los niños sobrevivientes?

¿Qué dirán y sentirán hoy los hijos de los policías y marinos que fueron asesinados con las manos en alto, empiyamados en la madrugada del 20, en Amador, Gamboa y Coco Solo?

Qué dirá Trinidad Ayola, viuda del Teniente Octavio Rodríguez, el primer héroe panameño, líder de los defensores del Aeropuerto de Paitilla que eliminaron a cuatro Navy Seals e hirieron a otros nueve, para ser abatido cobardemente por la espalda?

Qué dirán los familiares del otro héroe, el Alférez Manuel de Jesús Castillo, teniente de la Infantería de Marina en Coco Solo (Colón) quien puso a salvo a un centenar de sus compañeros antes de ser abatido, ya que se expuso innecesariamente al fuego de ametralladoras y fue por eso homenajeado por los invasores?

¿Qué sentirán los familiares de las mujeres violadas y luego asesinadas, estranguladas con los cordones de las botas de los invasores que se apostaron en la Avenida 12 de Octubre, justo enfrente del llamado “Diario Libre de Panamá”? O los hijos de las mujeres violadas cerca del Instituto Panamericano en Las Sabanas?

¡Malditos los Bush, los Cheney, los Reagan, los Colin Powell, los Maxwell Thurman, los Marc Cisneros y las Condoleezas de este mundo!

Ojalá haya un infierno lo suficientemente grande donde puedan arder clavados a una estaca para siempre!

Los mártires y héroes de la invasión murieron para vivir en nosotros, y nosotros les decimos, presente!

Internacionalista y ex asesor de política exterior