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21 de Jan de 2020

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Pedro Rivera

Columnistas

Irán

La Tercera Guerra Mundial, a mí juicio está en apogeo. No me canso de repetirlo una y otra vez. Por ahora se trata de una guerra suave, de riesgos calculados, comercial, monetaria, mediática, ideológica, de embargos y bloqueos, desestabilización, terrorismo mercenario, terrorismo de Estado, tuits,...

No sé si en pocas líneas pergeñadas a la carrera lograré poner en claro mi visión sobre Irán y su contexto. Por tratarse de “sucesos en desarrollo”, todo puede pasar. No es que tema equivocarme, raro sería que no pasara, porque el azar es más certero que la “certeza” en el desenvolvimiento del melodrama humano.

La Tercera Guerra Mundial, a mí juicio, está en apogeo. No me canso de repetirlo una y otra vez. Por ahora se trata de una guerra suave, de riesgos calculados, comercial, monetaria, mediática, ideológica, de embargos y bloqueos, desestabilización, terrorismo mercenario, terrorismo de Estado, tuits, sonrisitas diplomáticas al dente, apretón de manos, alianzas coyunturales, cimitarras y puñales ocultos debajo de la manga, amenazas, ejercicios militares conjuntos, bombazos quirúrgicos, dedos embarrados de jalea de petróleo, mejor conocida en el “mundo libre como vaselina”. “Petroleum jelly” tuitearía Trump.

¿Hay o no guerra? ¿Es llegada la hora de Irán? Ese país de musulmanes es un uñero en el pie del 'mundo libre'.

Pero ya hay despliegue de drones, ladrones, cabrones y misiles en zonas de la periferia. Las potencias occidentales, incluyendo europeas, tienen sed y destapan las cañerías de sangre en Medio Oriente.

De esa vara ya tomaron Afganistán, Iraq, Libia, Siria. A Yemen y Palestina le están dando hasta con el cubo. En los dos últimos países no se juega al mirón-mirón sino al exterminio.

¿Hay o no guerra? ¿Es llegada la hora de Irán? Ese país de musulmanes es un uñero en el pie del “mundo libre”. De la noche a la mañana se convirtió, como lo fueron ya los mencionados, en “la mayor amenaza para la paz y la seguridad mundial”, ¡vaya la peste!

Ese país, todavía llamado Persia un poco antes de que se declarara la Segunda Guerra Mundial, hoy asediado por Occidente, debido al maldito petróleo que corre por sus entrañas, no es morada de monstruos como lo pinta la prensa occidental, y lo cree a pie juntillas, crédula, media humanidad.

Esa nación tiene una fascinante historia de siete mil años sobre la que pende la horrorosa promesa de ser borrada del mapa.

Lo que nunca se dice es que los orgullosos europeos vestían taparrabos cuando el Imperio Persa, 5,000 años a.n.E., en Mesopotamia, a la que se la considera cuna de la civilización, ya incubaba su identidad.

En diversas épocas Persia, hoy Irán, albergó, además del suyo actual, todos los territorios terminados en el sufijo “istán” que significa la tierra de…”, a saber, Afganistán, Kazajistán, Kirguistán, Pakistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán. Una de las características de estos países es que hablan el mismo idioma: farsi.

Por supuesto, Irán alguna vez extendió sus dominios a Irak,  Armenia,  parte de Turquía, Siria, Egipto y Jordania. Protectorados suyos han sido Omán  y Yemen.

Pero de algo estoy seguro: si la guerra pasa al siguiente escalón, al nivel de todo o nada, no ganará la fuerza bruta sino la inteligencia. La ganarán los pueblos que la historia enseñó a morir.

Estoy más convencido de que nunca, pase lo que pase, la verdadera guerra entre Irán y Estados Unidos se librará en el corazón de la humanidad.

Periodista y escritor