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21 de Jan de 2020

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Víctor Manuel Collado Sánchez

Columnistas

Sigue la saga constitucional

El gran problema del plan de reformas del gobierno es que pasa por las manos de los diputados y eso genera un mal sabor...

La decisión de retirar las reformas de debate en la Asamblea Nacional (AN) fue lo mejor que pudo hacer el Ejecutivo en el cierre del año viejo. Y eso nos permite soltar temas para debates desapasionados.

1. Persiste la contradicción entre el gobierno con su plan de reformas constitucionales y un gran sector, especialmente el popular, que demanda una nueva Constitución a través de una Asamblea Constituyente sin considerar, por ahora, el apellido. Esta asimetría indica que el método será tan importante como el propio contenido constitucional.

El gran problema del plan de reformas del gobierno es que pasa por las manos de los diputados y eso genera un mal sabor y peor augurio de efectos insospechados, sin que exista poder conocido que lo evite.

2. Es indispensable que el Gobierno ordene la difusión publica de lo firmado con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Es inexplicable mantener ese anonimato a 13 días desde su anuncio el 23/12. De insistir en ese secreto sería tanto como empezar con el pie izquierdo.

3. Si el plan oficial se concentra en la reforma de los 3 poderes del Estado y en establecer la mejor relación de aquellos con las instituciones de investigación y fiscalización como se prometió en el programa de gobierno “Uniendo Fuerzas” y lo repitió el Presidente el 23/12, se habrá empezado con el pie derecho.

4. Aunque no hay método que garantice las mejores reformas ni la Constitución perfecta, no hay que perderle la pista al contenido de las propuestas sin considerarnos bien servidos solo por el nuevo método escogido.

Si por la metodología o exceso de complacencia se obtiene un chorro de propuestas a través de mesas por provincias, comarcas, una nacional, otra de expertos y finalmente una de garantes, se habrán usado los 2 pies al mismo tiempo con los enredos, riesgos y desbarajustes imaginables.

5. Si la Concertación se equivocó en forma y fondo, y la AN nos remarcó lo incapaz que puede llegar a ser, eso no se traduce en que habremos llegado a la tierra prometida de manos del PNUD.

6. El alargue sobre la decisión final en torno a la Constitución permite el reacomodo y movimiento de fuerzas político-sociales y económicas, en ejercicio de sus respectivos intereses por definir el modo, alcance y contenido de este tema. Podría, por ejemplo, coincidir con un declive en la curva del gobierno o en el mejor momento de su gestión. Podría llegar en una coyuntura de repunte para las fuerzas de la oposición o en el mejor momento para una estocada que le reduzca sus posibilidades para el 24. Y para el movimiento popular, podría ser ese momento singular para despojarse de egos, protagonismos personales, de repetir discursos desfasados y empezar a construir una unidad de recursos, ideas e iniciativas, sabiendo que la Constitución es la única ley que establece las reglas y programas sobre la organización del Estado panameño, o, de lo contrario, anquilosarse en el tablado nacional deletreando proclamas de tiempo pluscuamperfecto como soldaditos de museo empuñando rifles disfuncionales cargados con municiones de papelillo.

Abogado y escritor