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04 de Apr de 2020

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Rafael Carles

Columnistas

Bienestar, satisfacción y felicidad

“La búsqueda de la felicidad es un objetivo noble y muy serio para todos nosotros, y uno de los objetivos principales es enfatizar la importancia del mismo propósito”

Una vez pregunté a un colega que estaba por jubilarse sobre qué esperaba de la vida. Su respuesta fue inusual: “Mi bienestar es regular, pero mi satisfacción es excelente”. La verdad es que esa respuesta no la entendí y con los años descubrí que se trataba de un concepto muy trillado como es la felicidad.

Es común en estos tiempos preguntarle a la gente que responda qué tan feliz es en una escala limitada de 0 a 10. Cabe destacar que la mayoría de las personas está dispuesta a dar respuestas rápidas a esa pregunta. En 2017, Finlandia fue catalogada como la nación más feliz del mundo, con un promedio de 7.58. Costa Rica ocupó el puesto número 13 con 7.08 y Panamá la posición 27 con 6.43. Pero si tomamos esas respuestas con seriedad y la analizamos con profundidad, podemos llegar a algunas conclusiones sobre cómo las personas se ven afectadas por variables como ingresos, desempleo, matrimonio, divorcio, hijos, trabajo y enfermedad. Y solo así poder entender entonces el impacto en el bienestar y en la satisfacción con la vida, y saber si de verdad somos felices o no.

Tal vez el ejercicio no sea tan sorprendente, pero algunos hallazgos pueden resultar alarmantes. En particular, muchos eventos aparentemente terribles solo tienen efectos modestos sobre el bienestar de las personas después de un período inicial de angustia. Al responder a cuestionarios, los pacientes con diálisis renal y los jóvenes que han perdido una extremidad como resultado del cáncer, no muestran niveles reducidos de bienestar con la vida. Los parapléjicos muestran solo reducciones modestas. Es decir, personas que han perdido facultades físicas y han quedado minusválidos, dicen estar bien con sus vidas. ¿Cómo es eso?, diría cualquiera.

Los franceses reportan niveles de satisfacción significativamente más bajos en sus vidas que los estadounidenses, pero los franceses muestran niveles significativamente más altos de bienestar. Es cierto, cualquiera preguntaría cómo puede ser esto, pero las encuestas pueden medir los sentimientos y estados de ánimo, y dar una idea bastante precisa de cuánto les gusta o no les gusta a las personas las experiencias que constituyen sus vidas. Sobre esto, Daniel Kahneman, Premio Nobel de Economía, ha inspirado una gran cantidad de investigaciones sobre cómo se sienten las personas acerca de sus vidas.

Los formuladores de políticas públicas han observado que la investigación y la idea de medir bienestar, satisfacción y felicidad, han atraído un gran interés en muchos países, aunque ninguno de estos temas son partes crucial de la agenda gubernamental. Por ejemplo, para ser verdaderamente felices, se necesita experimentar placer y propósito, y cuando el equilibrio está desbalanceado o cuando las personas se enfocan en uno a expensas del otro, el bienestar y la satisfacción con sus vidas se afectan. En Panamá, la gente disfruta mucho celebrar carnavales, comer en restaurantes, ver televisión o chatear por celular, pero para aquellos que desean un propósito es mucho mejor practicar un deporte, cocinar en casa con la familia, conversar con la pareja o hablar con los hijos.

Las mediciones sobre el nivel de placer y propósito para lograr felicidad son sorprendentemente estables a lo largo de la vida, con una excepción notable, según los encuestadores: las calificaciones de propósito de las personas entre 15 y 35 años son muy bajas. Todos sabemos que el dinero no puede comprar felicidad, pero sí bienestar y satisfacción, especialmente en las personas pobres, aunque también en las que no son pobres. Tener ingresos adicionales además aumenta la satisfacción con la vida, pero por encima de un cierto umbral, no parece afectar el disfrute de la vida.

En el segmento de las personas adineradas, cuando les preguntan sobre su satisfacción con la vida, los encuestados usualmente dan un número inflado, concentrándose en la cantidad de dinero que tienen y no parecen dar mucha importancia a los demás criterios que sí mejoran su experiencia real de vida, como son la capacidad de viajar y el tiempo para jugar con los hijos y estar en familia.

Lo esencial aquí es que la mayor fuente de felicidad es la búsqueda misma de la felicidad: disfrutar de la vida, sentirse bien, compartir y dar a los demás, es todo lo que importa. La búsqueda de la felicidad es un objetivo noble y muy serio para todos nosotros, y uno de los objetivos principales es enfatizar la importancia del mismo propósito. Por eso, como escribió Aristóteles: “La felicidad es el significado y el propósito de la vida, todo el objetivo y el fin de la existencia humana”.

Empresario, consultor en nutrición y asesor de salud pública.