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10 de Jul de 2020

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Olimpo A. Sáez M.

Columnistas

Mi 'amigo' Miguel Moreno

Lima, Perú. — Miguel Moreno no fue “mi amigo” en el sentido estricto de esta palabra ni fui parte de la legión de alumnos que organizó en el teatro, yo fui su “amigo” a la distancia, sin él saberlo.

Lima, Perú.— Miguel Moreno no fue “mi amigo” en el sentido estricto de esta palabra ni fui parte de la legión de alumnos que organizó en el teatro, yo fui su “amigo” a la distancia, sin él saberlo.

Cuando vivía en mi Cuarto Cucarachero de la Cuchilla de Calidonia, allá por los años finales de los 50, no existía la televisión en Panamá. En el verano, el Ministerio de Educación, organizaba en el Estadio Juan Demóstenes Arosemena en Curundú, unas actividades culturales donde acudíamos niños, jóvenes y adultos.

Allí, en una de esas noches, de un año que no recuerdo, se presentó un señor con vestido oscuro y declamó “CANTO A LA BANDERA”, quedé, para mi edad, electrizado. La voz, el dramatismo y la poesía de Gaspar Octavio Hernández calaron en mi corazón y en mi mente para siempre. Allí vi por primera vez a Miguel Moreno y desde entonces fue “mi amigo” a la distancia.

Pasaron los años. En 1973 estaba de profesor en el Primer Ciclo Nele Kantule en la isla de Ustupu y había fiestas populares. Le dije a la directora, Sor Mariana Marín, que tratará de invitar al Conjunto Folclórico de la Caja del Seguro Social y también al poeta Miguel Moreno y su Teatro Estudiantil. Logró que ambas invitaciones se materializarán. Allí volví a ver a Miguel Moreno por primera vez personalmente y le pedí que le declamara a los niños y jóvenes, lo mismo que a los pobladores. Todos se impresionaron. Lo volví a ver actuando en 1976 con motivo del Aniversario 150 del Congreso de Bolívar que el Gobierno de Torrijos celebró por todo lo alto.

Años después, el 17 de diciembre de 2018, la Sociedad Bolivariana y su presidente, el hoy embajador Alfredo Oranges, organizó un acto para recordar la muerte de Bolívar, sobresalieron Aristides Royo con su discurso de fondo y Miguel Moreno, al interpretar la Carta de Bolívar a su prima Fanny. Hizo derramar lágrimas entre los presentes.

Para el 9 de Enero de 2019, el Ministerio de Gobierno organizaba en el Museo del Canal un acto y me solicitó apoyo. No dudé en recomendar a Miguel Moreno para que declamara “PANAMÁ DEFENDIDA” del poeta José Franco. No fui complacido. Pero fue estupenda su presentación. Al final, en el brindis, se motivó con la presencia de dos niños del ayer y hoy dos jóvenes adultos, Amado y Karuso, que auxiliaban sus presentaciones de teatro, ya que su madre, María Sanjur, era la costurera de la ropa de los artistas. María tenía un archivo de papeles y de casetes de las presentaciones de Miguel Moreno que yo, de tiempo en tiempo, junto con María le hacíamos inventario.

En ese mismo año, 2019, me sorprendió con su grupo de artistas declarándome personalidad del año. Y recordó entre el público con su memoria prodigiosa, la invitación a la isla de Ustupu.

Para octubre del 2019, le pedí hiciéramos un recital para la televisión en Hosanna Visión para festejar el MES DE LA PATRIA. Me llamó para excusarse. Estaba resfriado. Y mi invitación era calculada. Presentía que Miguel Moreno se nos iba poco a poco y que debía aprovechar sus últimos alientos de vida y su permanente vocación de docente para que los panameños de hoy, jóvenes y viejos, escucharan al poeta y dramaturgo declamar las poesías nacionalistas que motivaron a tantas generaciones e inflamaron el coraje de muchos panameños.

Luego se enfermó. Lo hospitalizaron. Salió del hospital un mes después y se quedó en la casa.

Finalmente, en enero de este 2020, me llamó para invitarme a que lo acompañara a un acto en su honor. Lo vi, ya cansado, en la Sociedad Bolivariana. Me llamó aparte y me dijo: “Difunde por las redes y por donde puedas las poesías declamadas en el disco que te presté, esas poesías son para el pueblo panameño y no quiero que se olviden”. Juvenal, su discípulo, escuchó el susurro del mandado encomendado.

En víspera de mi traslado al Perú, me llamó Melva, la discípula, para decirme que Miguel Moreno estaba mal y que lo llamara para darle aliento. Le prometí hacerlo y no lo hice. Un día después, Melva me daba la mala y buena noticia. Mala, porque se iba un panameño, como decía Octavio Méndez Pereira de “raíz y de alas”. Buena, porque se fue a descansar.

Ese fue mi “amigo” Miguel Moreno, un “amigo a distancia”.

Político