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06 de Aug de 2020

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Roberto Antonio Pinnock Rodríguez

Columnistas

Coronavirus o lecciones de solidaridad sin solidaridad

Una de las noticias que en la semana dio para la comidilla y el morbo pueblerino fue la solicitud del presidente Cortizo el miércoles 24, para que superemos la crisis resultante del COVID 19 de la única forma efectiva para salir de ella: con solidaridad.

Una de las noticias que en la semana dio para la comidilla y el morbo pueblerino fue la solicitud del presidente Cortizo el miércoles 24, para que superemos la crisis resultante del COVID 19 de la única forma efectiva para salir de ella: con solidaridad. Esto que parece una perogrullada, no se congenia con la actitud y conducta de gente clave de “arriba” y de “abajo”; de políticos, empresarios ni de todos los panameños comunes y corrientes del país.

Fue notorio que el señor presidente pidiera a todos los sectores sociales una conducta solidaria, pero no hizo alusión directa a los tipos de aportes que puedan hacer los más ricos y poderosos del país para responder a esa solicitud, como si lo hizo con la gente que no contamos con grandes riquezas materiales, ¿o las anécdotas de los plátanos iban dirigidas a los vecinos del PH, donde residen connotados multimillonarios?

Reiteradamente, tanto en las ya monótonas -pero importantes- conferencias de prensa diarias como en otras intervenciones de miembros del Ejecutivo, se deja entrever que a los banqueros y agiotistas de las financieras “no se les puede obligar” (en palabras del ministro de Comercio) a asumir acciones solidarias. ¡Qué ironía!, con todo lo que han ganado en este país endeudando a la población hasta los tuétanos y con autoridades que prácticamente hasta les piden permiso para establecer alguna medida insulsa de parte de ellos.

Este selecto grupo empresarial, proviene del que aplaudió desde inicios del siglo pasado a EUA, para que impidiera la constitución de un banco central en Panamá. Y no solo lo aplaudieron en 1904, sus herederos actuales -controladores de la economía panameña desde 1970- se han encargado de asumir las riendas del papel que un banco central desempeña en cualquier Estado soberano -excepción hecha de la emisión de dinero que aquí está proscrita, precisamente por la inexistencia de esa banca central-, razón por la cual, las autoridades le piden permiso a ellos para actuar y no al revés, dejando de ejercer la defensa del interés colectivo de los panameños, según mandato constitucional.

Hoy, estamos limitados para asumir medidas cónsonas con la realidad precaria del país, en virtud de esa falta de banca central. Hoy, estamos limitados en los sectores agropecuarios e industriales, cuando la crisis está planteando su necesaria presencia robusta, precisamente porque estas élites financieras pusieron sus recursos en las actividades terciarias de la zona de tránsito, desamparando las inversiones en los sectores primario y secundario que tanto lo han requerido.

Por tanto, si los principales sujetos -banqueros y potentados- del centro financiero internacional se han beneficiado con la ausencia de una banca central, perjudicando al resto de la población; si se han beneficiado con el olvido del campo, creando condiciones para que se den las migraciones desde el interior hacia la región metropolitana, si se aprovechan de las bajas tasas internacionales no trasladando ese beneficio a sus usuarios, lo menos que cabe es que muestren disposición a compensar en algo ese perjuicio histórico contra el país, fomentado por ellos.

Ante esa actitud insolidaria por excelencia, legitimada por el propio Gobierno que los representa más a ellos que al pueblo, no cabe extrañarnos por qué en la cadena de mando hacia abajo y hacia los otros órganos del Estado, la actitud insolidaria campea. Esto es lo que se revela en la actitud del rechazo de los diputados a renunciar -a solo un día después del llamado del presidente Cortizo- a una parte del subsidio electoral que les corresponde por ley. Ciertamente, esto no resolvería las necesidades de la crisis ya planteada, pero mostraría una disposición ejemplarizante para aliviar la tragedia de pequeños empresarios y de trabajadores afectados por la crisis.

Sin duda, los no ricos, tenemos mayor disposición a compartir los plátanos verdes y mucho más, señor presidente. No hace falta que quienes no son auténticamente solidarios, nos den lecciones de solidaridad. Esta, la hemos demandado siempre, a contrapelo de esos mismos sectores económicos y políticos que han despedazado sistemáticamente la aplicación de ese principio, como lo hicieron con el régimen de pensiones de la CSS en el 2005 o con las privatizaciones de los bienes revertidos del Canal o con los servicios de salud -tercerizados- y de energía.

Sirva esta crisis del coronavirus para asimilar las lecciones que emergen, entre ellas, poder ejercer el principio solidario que otrora regían a nuestras instituciones públicas y culturales.

Sociólogo y docente de la UP.