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04 de Jun de 2020

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Ernesto A. Holder

Columnistas

La importancia de la conciencia

“Esa larga aventura […], nuestra existencia misma sobre la Tierra, debe continuar y nos toca guardarnos, mantener la conciencia de que la existencia de la humanidad depende de nosotros y eso requiere un grado superior de entendimiento […]”

Lo bueno es que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), ha sido instrumental en servir de puente y canal de comunicación entre representantes científicos de 122 países alrededor del mundo, ante los desafíos que nos presenta la expansión mundial del COVID-19. "Todos dependemos de la ciencia para sobrevivir", subrayó Marcos Pontes, ministro de Ciencia, Tecnología, Innovación y Comunicación de Brasil, citado hace unos días en la nota informativa de la Unesco.

La organización mundial también informó que: "La comunidad científica internacional se ha movilizado alrededor de la emergencia durante varias semanas, en particular compartiendo y poniendo a disposición universal los resultados de la investigación y una reforma sin precedentes de sus métodos de trabajo (las principales revistas científicas han hecho que el contenido sobre el virus sea accesible para todos, más de 1000 han sido los artículos de investigación que se han publicado en respuesta a la apelación de la OMS (Organización Mundial de la Salud). Los consorcios internacionales de investigación se establecieron en cuestión de días, lo que permite un rápido progreso, incluida la secuenciación del ADN del virus en unas pocas semanas)".

Muy bien que, en estos tiempos, en donde la ciencia y la investigación científica para el desarrollo humano, ha alcanzado niveles superiorísimos a los de épocas de exterminio en el pasado. Nuestros científicos (sí, nuestros científicos: blancos, asiáticos, negros, latinos, cristianos, judíos, ateos, agnósticos, etc.), trabajan afanosamente y en colaboración, 24 horas al día, en busca de los remedios (para utilizar un término muy vernáculo), que nos salven de esta pandemia. Mientras tanto, la mayoría estamos haciendo lo necesario para supervivir. Haciendo lo que en otros tiempos algunos de nuestros antepasados hicieron sabiamente.

“Lo malo es que existen, […], dos grupos […], que viven 
con indolencia marcada y con un grado inigualable de 
desfachatez ante los retos que la sociedad
 enfrenta en estos momentos […]”

Mario Mendoza, escritor colombiano, autor de "La importancia de morir a tiempo", obra citada anteriormente en este espacio, en su escrito titulado 'El eterno retorno', señala que: "Lo que parece, más bien, es que hemos estado aquí desde hace tiempo, que hemos construido ya muchas veces civilizaciones magníficas, muy sofisticadas, y que grandes catástrofes han borrado a esas culturas de la noche a la mañana. Unos pocos sobrevivientes que han logrado esconderse en rincones apartados del planeta han sido los encargados de volver a comenzar nuestra ya larga aventura sobre la Tierra".

Lo malo es que existen, a mi parecer, dos grupos (con sus excepciones), que viven con indolencia marcada y con un grado inigualable de desfachatez ante los retos que la sociedad enfrenta en estos momentos y, ante todo, en oposición a las órdenes que las autoridades imploran a diario que sigamos. La indolencia de los extremos y la falta de conciencia nos amenazan. Los extremos de un conjunto humano que debe hacer lo propio por seguir el camino hacia el futuro.

Ya ha circulado en demasía el video de la famosa boda celebrada en un lujoso edificio de la Ciudad de Panamá y, al otro extremo, el video de la ciudadana que tiene cinco hijos y que le exige al Gobierno el dinero necesario para darles de comer. Dos extremos opuestos de la cadena social, pero igual de insolentes que muchos no entendemos cómo razonan en tiempos de amenaza mortal. Igual, el alto número de personas que son detenidas incumpliendo las órdenes de cuarentena.

El diccionario de la Real Academia Española define el término 'Conciencia' como: 1- "Capacidad del ser humano de reconocer la realidad circundante y de relacionarse con ella".; 2- "Conocimiento inmediato o espontáneo que el sujeto tiene de sí mismo, de sus actos y reflexiones".; 3- "Conocimiento reflexivo de las cosas"., y 4- "Acto psíquico por el que un sujeto se percibe a sí mismo en el mundo". Los que estamos en el centro de esos dos extremos entendemos el peligro y también sabemos los riesgos de contagio para toda la cadena social. Navegamos la cotidianidad al tanto –conscientes– de esos peligros mortales.

Esa larga aventura de la que habla Mario Mendoza, nuestra existencia misma sobre la Tierra, debe continuar y nos toca guardarnos, mantener la conciencia de que la existencia de la humanidad depende de nosotros y eso requiere un grado superior de entendimiento que los dos desvergonzados extremos prefieren desconocer. Toca aprovechar el esfuerzo de los científicos del mundo para trascender con conciencia, vencer el COVID-19 y ser mejores.

Comunicador social.