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29 de May de 2020

Francisco Berguido

Columnistas

Las columnas de la peste

En muchas ciudades y pueblos de Europa se yerguen elegantes y viejas columnas de la peste o columnas de la Santísima Trinidad. Estas esculturas en forma de pilastras en medio de plazas o avenidas se visten generalmente de ángeles, santos y nubes doradas.

En muchas ciudades y pueblos de Europa se yerguen elegantes y viejas columnas de la peste o columnas de la Santísima Trinidad. Estas esculturas en forma de pilastras en medio de plazas o avenidas se visten generalmente de ángeles, santos y nubes doradas. Tales columnas se erigieron por montones como agradecimiento de las pueblos y poblados a Dios por salvarlos de la peste bubónica o peste negra que acabó con vidas y pueblos en Asia y Europa.

El estimado número de muertos por la peste del medioevo es de 200 millones de personas. Igual que el COVID-19, la enfermedad llegó de Asia y, por rutas comerciales, llegó a Italia desde donde se diseminó por toda Europa. La peste producía pústulas fétidas. Los cadáveres en las calles se apilaban. La fetidez se alzaba como nubes en las ciudades. La palabra peste o pestilencia asume también el significado de hediondez. Doscientos millones de personas en solo cinco años dejaron columnas de la Santísima Trinidad por toda Europa para que no nos olvidemos de la fragilidad de la raza humana. También podrían interpretarse como cápsulas de tiempo al aire libre, mensajes que nuestros antepasados mandan a través del tiempo diciéndonos “no se olviden de la peste, de esta ni de las que vienen”. Después de esa pandemia, otras grandes pandemias como la viruela, la gripe española y el SIDA, y epidemias más recientes, como SARS, MERS y Ébola son recordatorios de que la naturaleza también tiene fuerza microscópica.

Como los brotes epidémicos ocurren lejos y matan a gente que no conocemos, miramos para otra parte cuando se trata de prepararnos. Esta vez, ahora que nos afecta a todos, la miraremos de frente y nos prometeremos hacer todo nuevo, todo mejor. Ahora que ansiamos estrechar las manos de los amigos, juramos que abrazaremos al vecino. Otras pandemias han sido peores y, sin embargo, la capacidad humana de reponerse también está ligada a su corta memoria.

En el hermoso centro de la ciudad de Viena, entre sus bulevares y callejuelas, está el Graben, una calle peatonal grande con almacenes de lujo cerca de la catedral.

Graben, o zanja en alemán, se refiere al enorme agujero que se cavó para sepultar los miles y miles de cuerpos que se encontraban por toda la ciudad durante el periodo inmediatamente después de la peste.

La blanca columna de la peste de Viena con resplandecientes tonos dorados se alza como un grito desde hace más de trescientos años, imponente y orgullosa en medio de la majestuosidad del Graben; su significado, ignorado como la zanja de muerte que esconde debajo.

Bioquímico panameño, residente en Austria.