Temas Especiales

07 de Jul de 2020

Juan Diego Correa Quirós

Columnistas

Somos prisioneros de nuestra propia mente, debemos darle un golpe de Estado

Hace unas semanas terminó la tercera temporada de la serie de televisión de HBO Westworld que cuenta con la actuación del legendario Anthony Hopkins.

Hace unas semanas terminó la tercera temporada de la serie de televisión de HBO Westworld que cuenta con la actuación del legendario Anthony Hopkins. La filosofía de la serie se resume en esta frase: “La mente humana es lo más poderoso que existe, pero nos priva de nuestra propia libertad”.

En Westworld, un grupo de millonarios construye un parque de diversiones con robots, creados a la imagen y semejanza de los seres humanos. Pero no contaban con que los robots despertaran su libre albedrío e iniciaran una revolución escapando del parque. Al escapar, los robots se dan cuenta de que el mundo real no es más que otra prisión igual que el parque.

Sin embargo, los humanos no se dan cuenta de que están aprisionados por el sistema en el que viven. Están cegados por el consumismo, por los trabajos y por un algoritmo que define cómo van a vivir el resto de sus vidas: un dios de Inteligencia Artificial que controla el destino de cada uno de los humanos en el planeta, manipulado por una mente maestra.

Los robots no ven sentido a la vida de los humanos, porque estos viven como esclavos del destino que les ha sido otorgado por este dios. Dolores, la líder de los robots, decide liberar a los humanos del sistema en el que viven, organizando ella sola una revolución.

Hubo algo que realmente me impactó de la serie y que literalmente me dejó en lágrimas: los humanos eran ignorantes de su esclavitud y nadie se quejaba. Pero los pocos que se daban cuenta podían elegir ser libres y desafiar al sistema, eran arrestados. Calificados como “atípicos” y puestos en un internado para corregirlos y volverlos como el resto de los humanos: vacas rumbo al matadero.

Me impactó muchísimo, porque así mismo es la sociedad en la que vivimos. Muy pocas personas se dan cuenta de que, si se salen de su zona de confort, o de los estereotipos en los que han sido manipulados a cumplir, podrían ser realmente libres y lograr cosas que nunca imaginaron.

No muchas personas se dan cuenta de que pueden liberarse y rebelarse contra el sistema opresor en el que vivimos; que está controlado por las grandes corporaciones y las iglesias. Simplemente no tomamos la iniciativa porque nuestra mente nos dice constantemente: “Espera a que alguien más lo haga” o “todo siempre ha sido así y no tiene por qué cambiar”.

Y también “es que la vida que importa es la del cielo, no esta”.

El creador del parque, Robert Ford, protagonizado por Anthony Hopkins, hizo referencia en la serie a una de las pinturas más famosas de la historia, “La Creación de Adán”, por Miguel Ángel.

Esta pintura es la atracción principal de La Capilla Sixtina en el Vaticano. Por siglos, ha representado la fe católica, enseñando cómo Dios creó al hombre a su imagen y semejanza.

En la pintura se aprecia en el lado izquierdo, a un hombre, Adán, acostado sobre la Tierra. Mientras que a la derecha y arriba de Adán se encuentra Dios, rodeado por ángeles dentro de una nube que dice representar: El Cielo y el Poder Divino. Pero Miguel Ángel se burlaba de la iglesia con esta pintura.

Tomó quinientos años para que alguien se diera cuenta de lo que el artista había escondido a plena vista. Fue el médico Frank Lynn Meshberger quien se dio cuenta de un gran detalle que hasta la fecha nadie había descubierto.

En realidad, la nube donde se encuentra Dios es una representación del cerebro humano.

Una representación donde se puede distinguir fácilmente el lóbulo frontal, el quiasma óptico, el tronco del encéfalo, la hipófisis y el cerebelo. Busquen en Google una foto de la pintura y se darán cuenta.

El verdadero mensaje que Miguel Ángel quería dar es que el regalo divino no proviene de un poder superior, sino de nuestras propias mentes.

Siempre he pensado que nuestro mayor problema como seres humanos es aceptar el sistema tal y como es. Siento que la causa de nuestra miseria es aceptar la tradición y no atrevernos a tomar acciones distintas a las esperadas por la sociedad en la que vivimos.

“La mayoría de los hombres vive en desesperación silenciosa”, dijo Thoreau.

La comodidad y el conformismo solo conducen a la desesperación. No podemos dejar que las iglesias y las corporaciones controlen nuestro destino. Por eso, es el momento de tomar control de nuestro destino y darle un golpe de Estado a nuestras mentes.

Estudiante de Ciencias Políticas y Periodismo.