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01 de Jun de 2020

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Rafael Carles

Columnistas

Binomio perfecto para salvar el país

“[…] hacemos un llamado al Gobierno para que pague sus cuentas pendientes, seguros que con la capacidad de gerencia de los empresarios saldremos del atolladero. Ya en una ocasión el binomio Gobierno – Empresa Privada funcionó para reconstruir el país”

Durante las últimas once semanas, más de 220 mil contratos han sido suspendidos en el Mitradel, eso sin contar la inmensa cantidad de miles de empleos informales que han desaparecido y no están registrados. Se espera que para fin de año uno de cada tres panameños estará sin empleo.

Esto no ha sucedido voluntariamente. Todos estos trabajadores laboraban en industrias y empresas que fueron obligadas a cerrar por causa de la cuarentena. Y a punta de comunicados trasnochados, decretos contradictorios y conferencias de prensa vespertinas, las medidas de reapertura fueron postergándose, al punto que se han creado las condiciones perfectas para la suspensión masiva de empleos.

Aunque el Gobierno ha preparado un plan pospandemia con más de $2 mil millones para reactivar la economía, hay que entender que ya no se trata simplemente de reactivar la economía, sino de reconstruir el país. Al estar todo cerrado por los últimos ochenta días, nadie compró cosas y la economía se detuvo totalmente. Las aerolíneas no volaron, los hoteles no abrieron, los restaurantes y las tiendas de ropa perdieron 75 % de sus ventas, las distribuidoras de autos bajaron 60 %, las ventas de los minoristas y los consultorios médicos cayeron más del 50 %, y los supermercados y farmacias que, sí abrieron, están 25 % por debajo.

Y lo peor parece que aún no ha llegado. Varios países de la Unión Europea nos metieron en una nueva lista de paraísos fiscales. Y Costa Rica decidió cerrar sus fronteras y detener así el flujo de cientos de contenedores provenientes de México, Guatemala y El Salvador con mercancía básica para nuestra subsistencia.

El país, pues, está en perspectivas tan malas como nunca ha estado. Además, la crisis es global, el problema muy profundo y amplio, y nadie todavía sabe cuánto más durará. El coronavirus ha dejado un devastador costo humano y económico a su paso, y el alcance y la velocidad del estancamiento económico no tienen precedentes modernos. Las ganancias y los avances logrados durante la última década han sido borrados en unas cuantas semanas. La afectación no es solo a nivel de una capa social o un segmento concreto de la economía; aquí, tanto empresarios e inversionistas como trabajadores y productores, están metidos en el mismo bote.

Por eso, esta crisis requiere de una fórmula salvadora que funcione. Porque al apagarse la economía y destruirse la cadena productiva, la única solución para esta situación es aplicar una política económica nacional de reconstrucción donde, por un lado, el Gobierno aplica medidas de alivio y, por el otro, la empresa privada impulsa la actividad productiva y genera la inversión. El problema es que, con todas las implicaciones y el daño económico causado a nivel mundial, es probable que, si esto se hace bien, todavía no será suficiente.

De allí que es urgente levantar la cuarentena y arrancar de inmediato. Entre más nos demoramos, más se recrudece la economía y más permanentes serán los daños al aparato productivo. Sabemos que la estrategia inicial del Gobierno fue salvar vidas y evitar el contagio de la población, y reconocemos que las medidas sanitarias adoptadas para aplanar la curva cumplieron su cometido. Pero la coyuntura y la naturaleza de la realidad obligan a tomar nuevas decisiones y comenzar la fase donde es fundamental abrir la economía para inyectar dinero para que las empresas y los trabajadores regresen a sus actividades.

En el verano de 1990, tras una intervención militar estadounidense y 21 años de dictadura, el país estaba saqueado y en ruinas. Fue entonces cuando Guillermo Endara, Guillermo Ford, Rubén Carles, Mario Galindo y Luis Moreno decidieron pagar las cuentas pendientes a proveedores locales y poner el dinero a circular, y de esa forma recuperar la confianza y generar el consumo. Todos sabemos que esa estrategia funcionó y que durante esos años la Contraloría ejerció un control férreo para asegurar el buen uso de los dineros públicos y evitar sobreprecios o abusos.

Por tanto, hacemos un llamado al Gobierno para que pague sus cuentas pendientes, seguros que con la capacidad de gerencia de los empresarios saldremos del atolladero. Ya en una ocasión el binomio Gobierno – Empresa Privada funcionó para reconstruir el país. La crisis del coronavirus no se resolverá politiqueramente, pateando la bola para evitar costos políticos (CSS), regalando canonjías para calmar aspiraciones particulares (maestros, obreros e industriales, entre otros) ni haciendo actos públicos y compras de insumos que generen suspicacia y desconfianza en la población. Es hora de que el Gobierno coja el timón con liderazgo y facilite con transparencia la generación de inversiones, y junto a la empresa privada y una clase trabajadora pujante, salvemos todos al país. De lo contrario, una mayor crisis se cierne en el horizonte, donde una implosión social demoledora y una economía quebrada nos dejaría sin país donde vivir.

Empresario