Temas Especiales

06 de Jul de 2020

Ricardo Bustamante Valdés

Columnistas

Panamá, la capital del ruido

Uno de los comentarios más frecuentes que escucho de amistades extranjeras y también de vecinos y residentes es la cantidad de ruido que se escucha en toda nuestra ciudad capital.

Uno de los comentarios más frecuentes que escucho de amistades extranjeras y también de vecinos y residentes es la cantidad de ruido que se escucha en toda nuestra ciudad capital. Pareciera que estuviéramos en un concurso permanente donde el que logra producir más bulla es el ganador. Dentro de este grupo de antisociales sobresalen con creces los conductores de buses y articulados con esas troneras que no tienen otra función que asustar a los bebés, incomodar a los enfermos, disparar alarmas de autos y aumentar los niveles de temor y ansiedad de una sociedad que ya está en sus límites con esta cuarentena. Por supuesto que no son todos, pero esos que a diario practican estos actos destruyen la imagen de todos los demás. Tengo el caso de una señora que reside en un séptimo piso de una torre de apartamentos en la vía España, tiene un bebé pequeño, al que duerme meciendo en sus brazos. Ella vive con temor, porque, cada vez que pasa un camión de uno de estos desadaptados, el bebé se despierta aterrado. Otro es un señor que, saliendo de la AMP de Diablo, quedó trepado en la acera, luego de que uno de estos malhechores, solo por diversión, sonara su tronera asustándolo.

De acuerdo con la OMS, cualquier volumen que supere los 55 decibeles puede tener un impacto negativo en nuestra capacidad auditiva y una tronera promedio supera los cien decibeles y en muchos casos producen un ruido similar al de los aviones al despegar. Se ha establecido también que escuchar estos ruidos por más de ocho segundos y en forma repetitiva puede producir daños auditivos irreversibles. Es más, estudios hechos por las autoridades suecas indican que el exceso de ruido va frenando la capacidad de oír e incrementa los problemas cardiovasculares y el insomnio crónico.

Entonces, ¿qué será lo que induce a estos choferes a este grave comportamiento social? Son resentidos, con baja autoestima y utilizan esas bocinas como un arma para agredir a los demás. Quizás hasta asocian el ruido con su virilidad y, como luego de tantos años la mayoría ha perdido audición, son sordos a la súplica de los demás y no es extraño que trasladen este comportamiento a sus hogares gritándoles a sus esposas e hijos, a los que por supuesto ni siquiera logran escuchar lo que estos le dicen.

Pero el problema tiene dos caras. Durante la administración Moscoso se emitió el decreto ejecutivo 306 del año 2002, reforzado luego por el #1 del 2004 que seguían lineamientos internacionales sobre las graves consecuencias que para la salud acarrean los ruidos. Por eso en nuestro reglamento de tránsito se incluye como causal de multa esta conducta. Entonces ¿por qué no se aplican estas leyes? Porque el sector transporte es una mafia con la que nadie se quiere meter y muchos a los que le corresponde poner el orden son parte del problema.

Invito a cualquier ciudadano que quiera ver y sentir lo que hoy denunciamos estacionarse frente a la sede policial de Ancón y allí oirá y verá de lo que estamos hablando. Instamos a las autoridades del Minsa, de la ATTT, de Minseg…, a que hagan su trabajo y no permitan ni toleren más este comportamiento criminal. Cientos de panameños seguimos siendo afectados a diario por esta pandemia y encerrados no necesitamos de más estímulos agresivos que aumentan nuestro temor y nuestra ansiedad, afectando a la población como a nuestras mascotas que lo sufren aún más porque escuchan mejor.

Aspiramos a tocar la conciencia de los conductores, de los vendedores y mecánicos que promueven estas armas, de los empresarios que utilizan los servicios de estos choferes y que pueden exigirles que no los quieren con troneras y en especial a esos señores de “Proteger y Servir”, para que hagan valer su lema, eliminando a la brevedad posible este atentado a nuestra salud.

Empresario