Temas Especiales

31 de Oct de 2020

Minerva A. Hernández P.

Columnistas

Panamá tiene cáncer

Una de las enfermedades más horribles que agobian a miles de personas por desgracia es el cáncer, considerada una de las principales causas de muerte a nivel mundial y una de las más devastadoras por el desgaste físico y emocional de quien lo experimenta.

Una de las enfermedades más horribles que agobian a miles de personas por desgracia es el cáncer, considerada una de las principales causas de muerte a nivel mundial y una de las más devastadoras por el desgaste físico y emocional de quien lo experimenta.

No es una enfermedad que sea para tomársela a la ligera, pero con el permiso de quienes lo padecen me daré algunas licencias.

Panamá tiene cáncer. Si Panamá fuese un cuerpo y nosotros células, cada una cumple funciones y otras, en cambio, se deterioran, en lugar de impulsar al cuerpo a funcionar, destruyen y afectan la operatividad general. Células que se multiplican y van minando una zona, para luego expandir su imperio a otras, pues el principal objetivo es el bienestar propio (el de la célula cancerígena) sin contemplar que al final continúa formando parte del mismo cuerpo que lesiona y que si no se detiene, se quedará sin lugar donde estar.

El cuerpo en busca de conseguir energía va usando sus reservas y hace una lucha hasta los límites de sus capacidades para poder continuar funcionando.

Un país con buenos recursos se va deteriorando porque un grupo de panameños y panameñas ha decidido formar parte de la destrucción de un cuerpo vivo, sin contemplar el sufrimiento de otras zonas. Sin atender a que cuando no hay irrigación de sangre, en este caso dinero, de algún lado habrá de salir y usualmente es de otros sistemas o capas sociales.

Le tomamos la mano a Panamá y la miramos en los ojos del panameño que madruga, del estudiante que aprende, de la señora que limpia las calles, del docente que reparte conocimiento sin importar el dinero que devenga, en las ganas de ayudar de un voluntario y en las manos trabajadoras de un agricultor.

Ahí está, el cuerpo luchando para que el resto no colapse.

Si las medicinas fueran las leyes, este paciente está condenado a morir, porque el cáncer se volvió resistente, no hay ley que haga retroceder este mal que avanza sin piedad ni contemplación.

Y el resto sigue, con el sueño de una cura, con las ganas de vivir, con el deseo de un mañana con un mejor pronóstico.

Este paciente ya se enteró de que el cuidado paliativo no funciona, solo le distrae.

Este paciente sabe su condición, sabe que tiene los años contados antes de un colapso total que lo paralice y “se lo lleve”.

El paciente sabe, pero a veces se cansa de pelear y, como quien niega la realidad inminente, busca distraerse, entre redes sociales, amores de paso y domingos de juntas. A ver si así la verdad duele menos, porque está consciente de que se está muriendo, pero el dolor le recuerda que debe seguir buscando la forma de sanar, porque mientras viva y existan células con ganas de continuar, hay algo que salvar.

Panamá tiene cáncer, pero no se quiere morir, Panamá, con fuerza, desea vivir.

Psicóloga