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03 de Jul de 2020

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Mariela Sagel

Columnistas

Infodemia

En la publicación española Estudios de Política Exterior encontré un amplio y muy sustentado número dedicado a la desinformación y pandemia, que abarca desde la fiebre por las teorías de conspiración que se ha apoderado del mundo, acusando a China, Estados Unidos, Bill Gates, George Soros, vacunas asesinas y hasta la tecnología 5G de ser lo causantes del virus COVID-19.

En la publicación española Estudios de Política Exterior encontré un amplio y muy sustentado número dedicado a la desinformación y pandemia, que abarca desde la fiebre por las teorías de conspiración que se ha apoderado del mundo, acusando a China, Estados Unidos, Bill Gates, George Soros, vacunas asesinas y hasta la tecnología 5G de ser lo causantes del virus COVID-19. Destacados investigadores debaten lo que yo he tratado de explicar a través de mis textos anteriores, de por qué la gente se cree todo lo que le llega por WhatsApp y la razón de que reenvíe sin criterio, cualquier bulo o calumnia en estos tiempos de incertidumbre.

Si bien los ciudadanos necesitamos estar informados durante el confinamiento, no necesariamente todas las fuentes son confiables y certeras. Hay que aplicar el discernimiento más que nunca. La inmediatez se ha apoderado de noticias falsas y se crea confusión y los que uno menos espera, se vuelven expertos en epidemias. Recientemente excandidatos a presidente en Panamá opinaron como si hubieran salido de la Facultad de Epidemiología de John Hopkins University, sin empacho en decir cuanto les vino a la cabeza, con tal de golpear lo que las autoridades han venido haciendo. La saturación de información causa gran confusión y crea un caldo de cultivo para desestabilizar y gestar alarma social, y eso no es bueno en una sociedad que está agotada, preocupada, ansiosa, y con ello se busca la división social, perforar la democracia y desmejorar la imagen del país.

Es muy difícil luchar contra la desinformación, es necesario elevar la alfabetización mediática de la ciudadanía y la nuestra, que tiene muy baja educación integral, la tecnología ha hecho su labor de ser instrumento de la “infodemia” que padecemos. Si bien las plataformas tecnológicas deben estar atentos a los “fake news”, la supresión de información podría verse como coartar la libertad de expresión e información que por derecho tenemos todos.

La sobreexposición informativa alrededor de esta pandemia está plagada de noticias falsas y los comentarios de la legión de idiotas que se creen con derecho a opinar, como los llamó Umberto Eco, (hasta con horrores ortográficos) en las redes aumenta la desconfianza en la ciencia, en las instituciones o en las narrativas oficiales. Necesitamos respuestas, ahora más que nunca, a fin de mitigar tanta incertidumbre. Hay que buscar la verdad, pero no la tuya o la mía, sino la verdad, como decía el poeta Antonio Machado en su famosa frase.

Dentro de toda esta sobreexposición a noticias que estamos a diario, están los presidentes negacionistas del conocimiento científico, Donald Trump y Jair Bolsonaro, cuya irresponsabilidad los lleva a encabezar la lista de países que más contagios tienen en el continente. Esta crisis mundial tiene su dosis de geopolítica, de confrontación de modelos tecnológicos y de capacidades disruptivas. Hay que seguir fuentes fiables y no divulgar lo que no sea cierto o comprobable. Estamos muy vulnerables y por eso debemos confiar en la información sólida y verdadera y protegernos de la desinformación.

Infodemia es acumulación de demasiada información, lo que ha creado un terreno fértil para la desinformación, que ha aumentado debido a la ignorancia, algunas veces sin intención y premeditación, pero que divulga noticias falsas y la desinformación intencionada, en el intento de influenciar políticamente a las masas. Es una realidad que la desinformación es parte de la agenda política de los retos que enfrentamos como país. Pero para dar el primer paso, hay que aceptar que se tiene el problema, interiorizar si no somos parte de esa diseminación de noticias falsas que se ha apoderado de las redes. La desinformación es un desafío estratégico y potencialmente devastador para cualquier sociedad democrática, pero mal abordado el debate sobre ella, puede convertirse en parte del problema y no de la solución.

Debe adoptarse, por parte de los que somos responsables de divulgar tanto hechos como opiniones, la verificación de datos, o “fact-checking”, como una respuesta a la desinformación y al deterioro de nuestros ecosistemas informativos. Quienes desinforman, o se aprovechan de las crisis para hacer proselitismo, aprovechan las vulnerabilidades que tiene el responsable de exponer la realidad de los hechos. Se ha visto un aumento desmesurado de consumo de información y de actividad online -canal preferente para divulgación de bulos y “fake news”-, además de que la polarización política y los efectos de la crisis económica crean un contexto propicio para erosionar e incluso quebrar nuestra democracia y marco constitucional. Detrás hay un tupido velo de intereses políticos, ideológicos y partidistas. La actual situación exige la máxima responsabilidad colectiva.

El término infodemia lo han alertado tanto el secretario general de la OMS como el Alto Representante de la Unión Europea para política exterior. Está ocurriendo en todo el mundo y Panamá no está exento de esa plaga.

No quiero terminar sin expresar mi más profundo agradecimiento a la Dra. Rosario Turner por el tiempo, la pasión y la entrega que puso en el manejo de esta crisis.

Arquitecta