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10 de Aug de 2020

Franklin Delgado

Columnistas

Latam fracasó en su primer enfrentamiento contra COVID-19

El diablo está en los detalles”, frase atribuida al arquitecto Ludwig Mies Var Der Rohe, del siglo XVIII en Europa. No obstante, su sentido me parece atinado para referirnos a la situación de la COVID-19 de hoy día en Latinoamérica (Latam).

El diablo está en los detalles”, frase atribuida al arquitecto Ludwig Mies Var Der Rohe, del siglo XVIII en Europa. No obstante, su sentido me parece atinado para referirnos a la situación de la COVID-19 de hoy día en Latinoamérica (Latam). A pesar de que la meta era clara para todos, nos hemos perdido en los detalles de la lucha contra el virus. Nuestro continente muestra la tasa más alta de contagio y fatalidad a nivel mundial. De ahí el significado de esta; que pareciera que el maligno nos perdió en el camino hacia la meta.

Resulta que el fin de todos los Gobiernos latinoamericanos en la guerra contra el virus era el mismo: “Evitar las muertes y el colapso del sistema de salud”. Sin embargo, luego de cuatro meses, la mayoría de las naciones latinoamericanas ha fracasado en su primer enfrentamiento y al pasar de los días no parece mejorar.

¿Por qué fallamos en las primeras batallas?

Todos los Gobiernos de Latinoamérica prestaron atención a un líder mundial en materia de salud, o por lo menos así nos los hicieron creer. ¿Entonces qué sucedió?, ¿por qué algunos países pudieron detener la tasa de contagios y otros no?, si la mayoría supuestamente cumplió fielmente las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud.

En mi opinión, aun cuando muchos gobernantes estaban decididos a acabar con el virus mortal, la ejecución de las estrategias, a cargo de subalternos, no fueron prioridad, incluso hasta hemos sido testigos de casos de una corrupción galopante so pretexto de la pandemia. Entonces los detalles no fueron precisos y atesorados, porque simplemente sus gestores y/o supervisores andaban en otras cosas más productivas a nivel personal. A esto hay que sumarle la posición politiquera de otros líderes que le restaron importancia a una enfermedad tan letal, concentrándose en otros fines meramente populistas.

Para un reto tan importante, literalmente de vida o muerte, la mayoría de nuestros pueblos, elegimos democráticamente a políticos de profesión y no verdaderos profesionales y estadistas. En consecuencia, estos políticos llenaron nuestras instituciones de Gobierno con otros personajes menos preparados que los primeros y algunos hasta con intereses personales de enriquecimiento. Esta debilidad de nuestros pilares de gobierno, nos han jugado en nuestra contra y nos mantienen confinados, con nuestras economías paralizadas y con la tasa de contagios más grande del mundo. Y aquí radica el éxito de las muy pocas naciones latinas que al momento de la crisis habían elegido a verdaderos estadistas, planificadores, profesionales y con altos valores morales, que llevaron a cabo recomendaciones de la OMS (trazabilidad, aislamiento social, robustecimiento de la infraestructura sanitaria e investigación científica) y teniendo un cuidado férreo en los detalles.

Lejos de un lamento, me quedo con la satisfacción y esperanza de que algunas naciones latinoamericanas, tanto sus gobernantes como sus pueblos, han podido ganarle las primeras batallas a este virus letal, y nos queda de aprendizaje que la elección de nuestros líderes es una decisión que no puede tomarse a la ligera, porque debemos seleccionar a los mejores candidatos profesionales para un reto futuro de esta magnitud.

Abogado