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28 de Sep de 2020

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Jorge Luis Prosperi Ramírez

Columnistas

Controlar y evitar rebrotes: ¡un compromiso de todos!

“[…] (lo) más importante para nosotros (es): comunicarse claramente con el público sobre los usos apropiados y las limitaciones de los diferentes tipos de pruebas […]”

Hoy comenzamos una nueva etapa del camino en el levantamiento asimétrico y gradual de la cuarentena, y la recuperación también progresiva de nuestra economía. Lo que suceda en el futuro dependerá de nosotros, la población, empresa privada y el Gobierno, cada uno cumpliendo con su parte para mantener bajos los casos y las muertes, preservar el empleo y la actividad económica, y preservar el bienestar emocional de las personas.

Aunque me he referido en varios artículos al tema, consideré prudente hacer hoy este recordatorio, pues, este coronavirus, que ya ha enfermado a más de 97 000 panameños y ha dejado cerca de 2100 fallecidos en el territorio nacional, continuará circulando entre nosotros por algún tiempo. Eso significa que seguirá buscando personas susceptibles para infectarlas, y continuará extendiéndose entre la población hasta que haya suficiente inmunidad entre nosotros.

En ese contexto, los investigadores coinciden en subrayar que, para disminuir la frecuencia e intensidad de los rebrotes causados por el nuevo coronavirus, son fundamentales dos acciones; por parte de los ciudadanos, evitar el contagio, y por parte de las autoridades sanitarias, rastrear al virus. Estas intervenciones, junto con el fortalecimiento de la capacidad de resolución de nuestra red de servicios de salud, constituyen las columnas que sostienen nuestra respuesta para controlar y evitar rebrotes. Me referiré brevemente a las dos primeras.

La condición necesaria e indispensable para evitar el contagio es convencer a la población de cambiar sus comportamientos, particularmente aquellos relacionados con las medidas de distanciamiento físico y los mandatos de cubrirse el rostro. No obstante, habrá que superar la resistencia significativa a tales cambios. A nivel mundial, la falta de confianza en los Gobiernos, la sobrecarga de información y los mensajes inconsistentes a lo largo del tiempo han contribuido a esa oposición. Una comunicación de salud pública eficaz puede acelerar la adopción de nuevos comportamientos.

Los especialistas en comunicación social subrayan que, la comunicación eficaz incluye segmentar poblaciones en función de la combinación de canales, personas influyentes y mensajes que tengan más probabilidades de resonar en grupos individuales. La comunidad de salud pública podría aprender más de los expertos en focalización y adaptación de mensajes políticos y de “marketing” para el consumidor.

La aplicación de conocimientos del modelo de influencia a las comunicaciones relacionadas con COVID-19 es un área en la que la colaboración podría ayudar. En muchos países se están solicitando la ayuda de socios, celebridades e influencer para amplificar sus mensajes. Aquí pudiéramos sumar a nuestras celebridades en el campo deportivo, así como músicos, compositores y cantantes. Creo que nuestra población apreciaría mucho ese tipo de intercambios entre expertos y nuestras celebridades. Está demostrado que tiene mucha utilidad para llevar información de salud pública basada en evidencia a audiencias con menos probabilidades de acceder a fuentes oficiales.

Por otro lado, les corresponde a las autoridades de salud, instaurar un sistema capaz de detectar a una persona infectada al menor síntoma, poder rastrear y obtener información de sus contactos, hacerles un seguimiento clínico, así como pruebas de PCR y serológicas, y, si es necesario, aislarlos. En ese sentido, felicito el esfuerzo del Gobierno en estos últimos tres meses, sumando a la comunidad y empresas, asignando personal, equipamiento y sistemas de diagnóstico, para detectar y rastrear a las personas positivas. Este incremento de la trazabilidad ha dado su fruto en el descenso sostenido de casos y defunciones desde mediados de julio.

No obstante, como nos recuerda la consultora estratégica global McKinsey & Company, a nivel mundial las mayores lagunas se encuentran en la recopilación e integración de datos. Los expertos mundiales señalan que, no hay escasez de potencia para procesar datos en el mundo, pero todos se ven obligados a trabajar con los mismos conjuntos de datos imperfectos. Incluso siete meses después de la respuesta a la pandemia de COVID-19, existe un sorprendente nivel de desacuerdo sobre cuestiones tan básicas como el número real de personas que se han infectado con el SARS-CoV-2 y el número de muertes atribuibles a él. Continuar ampliando las pruebas, es una parte importante para mejorar la vigilancia. Agrego que, nuestro país no escapa a esta problemática, y debe ser una prioridad para poder avanzar con éxito en esta nueva etapa.

Por su parte, la prestigiosa fuente de noticias The Conversation señala algunas lecciones mundiales aprendidas para el éxito de los programas de rastreo de contactos y pruebas amplios, precisos y administrados de manera eficiente. Considero que las más importantes para nosotros son las siguientes: comunicarse claramente con el público sobre los usos apropiados y las limitaciones de los diferentes tipos de pruebas, incluidas las pruebas de antígenos, moleculares y de anticuerpos; abordar los desafíos logísticos y de la cadena de suministro para seguir ampliando el acceso a las pruebas hasta que se detecte la mayoría de los casos. Las tasas de positividad de las pruebas superiores al 5 % sugieren que se están perdiendo demasiados casos; hacer uso de pruebas conjuntas para aumentar la capacidad donde sea necesario, especialmente en entornos de baja prevalencia, combinando las pruebas de vigilancia con las pruebas de identificación de casos positivos.

Médico, exrepresentante de la Organización Mundial de la Salud (OMS).