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21 de Oct de 2020

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Guillermo A. Cochez

Columnistas

Llegar a 75 años: solo lo pude por Dios

"No diré como Giulio Andreotti, ex primer ministro italiano, que escribió “Mis primeros 50 años en política”. Lo que sí afirmo es que, mientras tenga entusiasmo, seguiré luchando por lograr un mejor Panamá"

El 21 de septiembre de 1945 nací en el Santo Tomás. Al día siguiente hubo fiesta, al celebrarse la fiesta del ilustre santo de Villanueva, fundado en 1703 por los españoles, como centro de salud para las mujeres pobres enfermas que no tenían donde ir.

Gracias a sus sacrificios, ya que mi padre era asalariado bancario y mi madre secretaria bilingüe, pudimos los cuatro hermanos, Luis Ricardo, Raúl Federico, Doris María y yo recibir una excelente educación. Sin poder acceder a una universidad extranjera por falta de recursos, estudié en la Universidad de Panamá, donde obtuve mi título de abogado. Demoré ocho años, porque el golpe de Estado cerró la universidad y estudiaba de noche por trabajar durante el día. Pasé por Internacional de Seguros, Esso Standard Oil e IBM de Panamá, donde viajé mucho a cursos en Centroamérica y México. Terminé mi paso en la General de Seguros, cuando me gradué y decidí estudiar un posgrado. Al regresar, me ofrecieron trabajar en varios bufetes grandes, pero me exigían dejar política y enseñanza.

Sentí en lo profundo de mi ser lo que ocurrió el 9 de enero de 1964, naciendo allí él sentimiento nacionalista que me ha guiado en toda mi vida. En segundo año de Derecho, en 1965, fui electo representante estudiantil y en octubre de ese año, junto con 25 jóvenes del PDC, nos echaron 20 días inconmutables (algo ilegal), por sentarnos en el piso del despacho del ministro de Salud, protestando por el abuso oficial contra dirigentes del partido por denunciar la corruptela del Gobierno liberal.

Viví la dictadura desde el primer momento. Me persiguieron en 1971, al activarme en las protestas por el secuestro y desaparición del padre Héctor Gallego. Servía de correo con la emisora de Betito Quirós Guardia para llevar para su retransmisión los casetes de las homilías que daban en la Iglesia del Carmen. El G2 lo impidió y me las requisó a la fuerza. Torrijos fue cómplice de este crimen.

Graduado en 1971, tras lograr un préstamo en el Ifarhu y una beca completa a la que me hice acreedor en Tulane University, pude concluir la maestría en Derecho Civil. Fue mi primer viaje a Estados Unidos. Lo había intentado antes, pero por razones que nunca supe, me negaban la visa. A mi regreso, en 1975, empecé a enseñar en la Facultad de Derecho de la Universidad de Panamá, donde laboré por 33 años. También me uní al grupo de jóvenes DC que intentaban, aún en clandestinidad, resurgir el partido, proscrito como todos desde el golpe de 1968.

La vida en dictadura fue muy intensa. En 1984, cuando se escogió la primera Asamblea Legislativa tras el golpe de 1968, salí electo con medio cociente, siendo el último legislador en recibir credenciales; el PRD se había robado 15 o 16. Gracias a que dos magistrados del Tribunal Electoral trabajaban conmigo en la Universidad, no se robaron la mía. (Murgas y Quintero). En la elección siguiente, 1989, fui el más votado en todo el país, lo cual no impidió que, buscando la segunda reelección en 1994, no obtuviera ni el 10 % de los votos de 1989.

Al igual que muchos, fuimos intensamente perseguidos. Mi apartamento era vigilado permanentemente por unidades del G2. De regreso de viaje por Washington y Munich, donde hablamos sobre Panamá, a tres semanas de la invasión, fuimos secuestrados en Tocumen (conmigo viajaba el legislador Francisco Artola (q. e. p. d.), manteniéndonos por 22 horas en el G2, siempre esposados con las manos en la espalda y encapuchados. Supuestamente la orden de Noriega era matarme, lo cual me negó cuando al final de su vida pude conversar con él, convenciéndolo de que pidiera perdón por lo que había hecho.

En los más de 30 años de “democracia” que vivimos no hemos dejado de estar presentes en la vida nacional. De eso consiste mi último libro, Luchar sin permiso, presentado en agosto en la última Feria Internacional del Libro y que, por la pandemia, por ahora solo se puede adquirir por internet (por B/9.99) en Amazon. Allí se narran todos mis comentarios de los diferentes Gobiernos desde 1989 hasta Varela y las razones del golpe de Estado de 1968.

He sido polémico, no lo niego. Incisivo más de una vez, cierto. Lo que sí puedo asegurar es que siempre convencido de que tenía que dar lo mejor para el país, aunque el precio a pagar fuera alto. Ser político, como decía mi amigo Mario Rognoni, es la profesión donde pierdes muchos amigos y ganas muchos enemigos.

Llegar a 75 años con salud y entusiasmo es un obsequio de Dios. Lo valoró y le doy gracias todos los días. Rodeado de mi esposa, cuatro hijos y siete nietos es otra bendición. No diré como Giulio Andreotti, ex primer ministro italiano, que escribió “Mis primeros 50 años en política”. Lo que sí afirmo es que, mientras tenga entusiasmo, seguiré luchando por lograr un mejor Panamá.

Abogado y político.