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13 de May de 2021

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Clarence C. King

Columnistas

EE. UU.: elecciones, socialismo, racismo y coronavirus

La mayoría de las personas, aun con la gran cantidad de información confusa, contradictoria y manipulada que ha recibido, ha formado su propia opinión sobre el proceso electoral en curso en los Estados Unidos y sobre la peligrosa perspectiva sociopolítica, cultural y racial en ese país.

La mayoría de las personas, aun con la gran cantidad de información confusa, contradictoria y manipulada que ha recibido, ha formado su propia opinión sobre el proceso electoral en curso en los Estados Unidos y sobre la peligrosa perspectiva sociopolítica, cultural y racial en ese país.

Cada persona ve la vida diferente, ya que nuestros anhelos y nuestra visión no son iguales. Algunos vemos diferentes colores, mientras que otros parecen daltónicos. Pero no importa cómo vemos la vida, toda vida importa y es valiosa, sin importar si se es blanco o negro.

En este virulento y extraño clima político y racial que conduce a las próximas elecciones estadounidenses, podemos ver claramente el poder de la prensa al polarizar, manipular y confundir a mucha gente.

El derecho a pensar por sí mismo, a tener su propia opinión y a estar en desacuerdo con sus líderes electos, siempre fue uno de los derechos básicos que disfrutaron los ciudadanos estadounidenses durante siglos, hasta las pasadas elecciones del 2016.

Hoy día, encontramos muchas personas que afirman tener valores conservadores; sin embargo, no están dispuestos a pararse firmes y defender apasionadamente esos principios.

Los radicales izquierdistas y liberales adscritos al Partido Demócrata de EE. UU., en connivencia con los medios de comunicación parcializados, han intimidado a los conservadores y cristianos al punto que muchos tienen miedo a dar sus opiniones sobre cuestiones morales. Miedo a señalar sentido común y razón a la locura de género, aborto y corrección política.

Intimidados de hablar de Dios, del cristianismo, de la iglesia y de su fe con pasión.

Callan por miedo a dar su opinión sobre la intolerancia y la violencia que está consumiendo a su país por elementos marxistas de la sociedad, y para oponerse abiertamente al saqueo, incendio provocado, destrucción de negocios, de estatuas y monumentos históricos, y la violencia contra aquellos que no están de acuerdo con las hordas izquierdistas.

La izquierda radical ahora está activamente financiando y promoviendo la violencia en las calles estadounidenses para dar la falsa ilusión de que hay un levantamiento público masivo que clama por un cambio.

Cualquier persona que realmente cree que destituir al presidente Donald Trump de su cargo pacificará y cancelará la agenda real de la turba izquierdista, se engaña a sí misma. Solo estarán más envalentonados, más violentos y exigentes.

Lo que estamos viendo es una revolución marxista hecho y derecho en los Estados Unidos para derrocar a su presidente legalmente electo, defenestrar su Constitución, sus leyes y forma de vida, y apartar a la policía de su camino.

En estas elecciones de Estados Unidos se trata literalmente de salvar a ese país y su Gobierno constitucional de la tiranía y la destrucción. Es una lucha por la seguridad nacional, la Corte Suprema y la libertad religiosa, y contra el socialismo, la inmigración ilegal, el adoctrinamiento en escuelas públicas, etc.

Con los ocho años orientados al socialismo de la presidencia de Barack Obama y la perspectiva de que Hillary Clinton proporcionara ocho años más a la agenda de izquierda, las élites izquierdistas calcularon que iban a tener dieciséis años continuos para impulsar su agenda socialista a una población desprevenida y en trance, pero el presidente Trump aplastó sus sueños, y lo odian con virulencia.

Trump detuvo instantáneamente décadas de rendición de su país a la agenda mundial socialista-globalista, detuvo la destrucción de su industria manufacturera y la subcontratación de empleos estadounidense a China, Canadá y otros países. Recortó las políticas de regulación excesiva de Obama, impuso reformas fiscales, renegoció acuerdos comerciales más favorables para su país, impulsó la economía más grande en la historia de ese país y restauró su independencia energética.

Ciertamente, esos son logros demasiado destructivos y negativos para cualquier agenda marxista que quiere atraer a la gente y convencerla de la bondad de su ideología.

La izquierda marxista, consciente de que no puede derrotar a Donald Trump electoralmente, ha recurrido a la tiranía de las turbas radicales y a la táctica de crear temor permanente al coronavirus para paralizar y dañar la economía estadounidense antes de las elecciones.

A estas alturas, todos debemos estar conscientes de que el virus ofrece poca amenaza a las personas jóvenes y sanas. El encierro de esas personas ha destruido familias y negocios.

Antes de que apareciera el coronavirus, miles de personas morían todos los días. Es una ley de la naturaleza. Hay muchas personas poco saludables en el mundo. Según estadísticas publicadas, hace cinco años la muerte diaria promedio solo en la ciudad de Nueva York era de 150 personas, o sea 1050 personas por semana. En el 2017, la muerte diaria promedio en todo Estados Unidos fue de 7708 personas.

Hoy, según las estadísticas, debido al encierro y en consecuencia menos accidentes fatales, etc., la tasa promedio diaria de muerte en EE. UU. ha disminuido.

Si comparamos esas cifras con lo que los expertos en coronavirus están dando ahora, ¿cuántas de esas muertes se puede deducir del número de muertes por coronavirus?

Estamos conscientes de que las estadísticas pueden ser modificadas y manipuladas.

Muchas personas que supuestamente murieron a causa del coronavirus probablemente murieron por otras enfermedades.

Planificador jubilado.