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05 de Mar de 2021

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Jaime Raúl Molina

Columnistas

El canal a nivel contra la COVID-19

En 1879 se celebró en París el Congreso International para el Estudio de un Canal Interoceánico. La estrella del congreso, por supuesto, fue el conde Ferdinand De Lesseps, entonces héroe nacional de Francia, y también del mundo, por su logro con el Canal de Suez.

En 1879 se celebró en París el Congreso International para el Estudio de un Canal Interoceánico. La estrella del congreso, por supuesto, fue el conde Ferdinand De Lesseps, entonces héroe nacional de Francia, y también del mundo, por su logro con el Canal de Suez. Allí presentó su plan para construir por el istmo de Panamá un canal a nivel. Los panameños sabemos muy bien cómo termina la película del canal francés, pero nos puede convenir repasar algunas de sus lecciones no aprendidas, porque estimo que en la estrategia contra la COVID-19, estamos cometiendo errores muy similares.

Dos otros asistentes al congreso manifestaron en sus exposiciones, la imposibilidad práctica de construir un canal a nivel por Panamá. Ambos ingenieros, uno de ellos estadounidense (Aniceto García Menocal, cubano de nacimiento), y el otro francés, el barón Godin de Lépinay. La razón, para ambos, estribaba en que el terreno y el clima de Panamá implicaban condiciones extremadamente diferentes a las del istmo de Suez.

Como relata David McCullough en 'El Cruce entre dos mares', el barón de Lépinay explicó que “en Suez escasea el agua, el terreno es fácil, la tierra está casi al nivel del mar… En la América tropical, hay demasiada agua, el terreno es mayormente rocoso, la tierra tiene un relieve considerable… actuar de igual manera en lugares con características tan opuestas, sería ultrajar a la naturaleza, en lugar de beneficiarse de ella, como es el objetivo primario del ingeniero”.

En su lugar, el barón de Lépinay proponía aprovechar el terreno, el clima y el agua del Chagres, en lugar de luchar contra la naturaleza. Proponía construir un canal con esclusas, que requería crear dos lagos artificiales, uno en la vertiente del Caribe y la otra en la del Pacífico, cuyas aguas serían unidas por un corte en la cordillera en Culebra. El plan de Lépinay “reducía enormemente la cantidad de tierra a ser excavada… eliminaba todo el peligro de las inundaciones del Chagres, dado que el río alimentaría los lagos. Las represas controlarían el río, que serviría como una fuente ilimitada de agua para los lagos, para el canal. Así, el río sería la sangre vital del sistema, en lugar de su enemigo mortal” (McCullough).

Sobra decir que el carisma de De Lesseps pesó más. El proyecto de canal interoceánico que siguió adelante fue el de un canal a nivel, uno que, como habían señalado quienes habían analizado fríamente la situación, equivalía a un intento de luchar contra la naturaleza, en lugar de tratar de ajustarse a ella. Como había sido vaticinado por De Lépinay y Menocal, el canal francés fue un rotundo fracaso. Eventualmente el canal que construyeron después los estadounidenses se basó en el concepto que un cuarto de siglo antes había presentado Lépinay en París. Pero en el camino, la obcecación de De Lesseps llevó a las muertes de decenas de miles de personas, y un escándalo financiero que significó la caída en desgracia en Francia para el otrora héroe nacional.

Contra la COVID-19 insistimos en construir un canal a nivel. Seguimos en noviembre con la misma estrategia concebida en marzo. Mucha agua ha pasado bajo el puente desde entonces, y la evidencia palpable demuestra que los confinamientos no reducen muertes, pero los Gobiernos en occidente siguen empeñados en confinar poblaciones. Es evidente desde hace muchos meses para toda persona que no esté absolutamente en negación, que este virus será endémico, que ha venido para quedarse y que no hay nada que podamos hacer para evitar su propagación en la comunidad. El virus ha seguido patrones estacionales de propagación, que denotan que nada de lo que hemos hecho ha reducido la transmisión. Pero seguimos en las mismas.

Desde hace meses –de hecho, al menos desde febrero— sabemos que la tasa de letalidad sobre infecciones (IFR) es extremadamente asimétrica según grupos etarios. Como señalé en “¿Y si evitar contagios causa más muertes?” (La Estrella de Panamá, 28.09.2020), el riesgo de morir por COVID-19 para un infectado de 70 años o más es tres órdenes de magnitud mayor que el riesgo en menores de 20, y dos órdenes de magnitud mayor que el riesgo entre 20 y 49 años. Cuando usted trata por igual riesgos que se diferencian en dos o más órdenes de magnitud, usted está tratando de hacer un canal a nivel en Panamá, luchando contra el Chagres.

Eventualmente vamos a entender que lo que estamos haciendo es una locura. Tristemente, el daño causado no se podrá deshacer.

Abogado