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05 de Mar de 2021

Embajadores de la UE acreditados en Panamá

Columnistas

El futuro pos-COVID-19 tiene que ser verde

No habrá vacuna contra el cambio climático y sus efectos devastadores. Reducir la curva de emisiones solo será posible si tomamos todos juntos medidas climáticas audaces y valientes.

No habrá vacuna contra el cambio climático y sus efectos devastadores. Reducir la curva de emisiones solo será posible si tomamos todos juntos medidas climáticas audaces y valientes. La buena noticia es que lo podemos hacer y así conseguir un futuro más seguro y resiliente, como una tarea inexpugnable para afrontar el desafío económico pos-COVID-19. La Unión Europea (UE), juntamente con sus Estados Miembros, se apegará a su objetivo de ser el primer continente climáticamente neutro en el mundo en 2050, y desafía a cualquier país a que siga su empeño, con el objetivo de que toda la humanidad gane en futuro para nuestros hijos y bienestar. Estamos preparados para comprometernos con socios de todo el mundo y apoyarles a realizar inversiones económicas ambientalmente sostenibles. Estamos disponibles para compartir experiencias, financiar proyectos, explicar nuestras leyes y compartir nuestros principios. Instamos a todos los socios internacionales, y en particular a Panamá y su Gobierno, para que establezcan políticas claras y sólidas con el objetivo de alcanzar bajas emisiones de carbono y estrategias de recuperación verde. El diálogo nacional sobre un pacto bicentenario ofrece una oportunidad ideal para trabajar también en esta dirección.

A medida que el mundo combate la pandemia de COVID-19, y comienza a prepararse gradualmente para enfrentar sus impactos a más largo plazo, los Gobiernos y las sociedades deberían tomarse un momento para reflexionar sobre lo que podemos aprender de esta crisis y utilizar estas lecciones para construir un futuro mejor.

Con más de la mitad de la población mundial confinada, la primera lección aprendida es la profunda interdependencia entre nuestros países y regiones y la alta exposición que todos tenemos a las perturbaciones externas imprevistas.

La segunda lección es que el multilateralismo y la solidaridad global funcionan. Muchos Gobiernos han unido sus fuerzas para establecer mecanismos de coordinación e intercambio de información y han movilizado asistencia a los más afectados y particularmente a los más vulnerables, salvando vidas y medios de subsistencia en todo el mundo.

La tercera lección es que debemos aceptar lo que dice la ciencia y responder a ella. La ciencia nos dice que existen riesgos para nuestra civilización asociados al calentamiento global y a otros desafíos planetarios en los años venideros. Y existen también evidencias crecientes de que muchos nuevos brotes de enfermedades infecciosas se pueden desencadenar o acentuar cada vez más por efecto del impacto del calentamiento global o por la destrucción de la biodiversidad. Los ecosistemas naturales saludables son y serán siempre el requisito previo para una prosperidad continua.

Teniendo esto en cuenta, necesitamos prever y evitar un cambio climático que puede destruir nuestro bienestar futuro. Y lo podemos garantizar utilizando el dinero necesario para salir de esta crisis de manera inteligente. Lo que escojamos hoy definirá el futuro de mañana.

En los próximos dos años, los Gobiernos de todo el mundo destinarán recursos de alrededor de 10 billones de euros en las generaciones futuras. Nadie cuestiona la necesidad de estos fondos, probablemente ni siquiera que sean suficientes. Pero no nos engañemos, alguien va a tener que pagar la cuenta: la juventud, incluso aquellos que todavía no han nacido. ¿Queremos que, además de esta deuda, asuman también la factura de los desastres naturales que ya se anuncian?

Necesitamos hacerlo bien desde el principio. Los planes de recuperación deben diseñarse como una oportunidad única de esta generación para “reconstruir mejor” e invertir en una economía del siglo XXI, y no en la obsoleta economía de carbono del siglo pasado. La Unión Europea ha reconfirmado su compromiso con una recuperación verde, digital y resiliente.

Algunas áreas donde nuestra acción puede conseguir grandes impactos son, por ejemplo, la economía circular, la restauración de los ecosistemas, la renovación del entorno construido, la movilidad sostenible y las energías renovables. En la Estrategia de Biodiversidad para 2030, la Unión Europea y sus Estados Miembros han asumido importantes compromisos para proteger y restaurar sus ecosistemas.

Con políticas claras y sólidas en bajas emisiones de carbono y estrategias de recuperación verde, nuestras sociedades tendrán un sentido, una dirección y un propósito. Esto guiará a inversionistas, empresas, trabajadores y consumidores hacia la sostenibilidad. Trabajar duro para encontrar nuevas formas de ganar este desafío colectivo y permitir que nuestros hijos disfruten de una vida decente en un planeta pacífico y habitable, no es una búsqueda idealista o ingenua. Se trata de permanecer fieles a nuestros valores, escuchar la ciencia, fortalecer nuestras economías y construir un futuro mejor.

Simplemente, no existe una alternativa realista que no sea la recuperación verde. Esperamos que el diálogo nacional que se llevará a cabo en Panamá próximamente no olvide su cita con el futuro: Ser verde o no ser, esta es la cuestión.

(*) Autores: embajadora de Alemania, M. Klumpp; embajador de Bélgica, M. Dewez; embajador de España, J. Pagalday; embajador de Francia, A. de Sury; embajador de Hungría, G. Herczeg; embajador de Italia, M. Ambrossetti; embajadora de Países Bajos, I. Smits; embajador de Polonia, L. Bialy; embajador de Portugal, G. Teles Gomes; embajador de la Unión Europea, C. Hoornaert.