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05 de Mar de 2021

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Jorge Luis Prosperi Ramírez

Columnistas

Inmunidad de rebaño: ¿a costa de cuánto sufrimiento?

A pesar del sostenido aumento diario de casos y defunciones por COVID-19 reportados en el territorio nacional, muchos panameños, principalmente los jóvenes en edad productiva, no aplican las medidas de salud necesarias dentro de las comunidades como el distanciamiento social, evitar multitudes, y usar mascarillas, porque creen que el problema no existe, o porque consideran que se trata de una enfermedad leve que solo se va a controlar cuando todos la hayamos adquirido y superado, creando lo que llaman inmunidad de rebaño, o inmunidad de grupo.

A pesar del sostenido aumento diario de casos y defunciones por COVID-19 reportados en el territorio nacional, muchos panameños, principalmente los jóvenes en edad productiva, no aplican las medidas de salud necesarias dentro de las comunidades como el distanciamiento social, evitar multitudes, y usar mascarillas, porque creen que el problema no existe, o porque consideran que se trata de una enfermedad leve que solo se va a controlar cuando todos la hayamos adquirido y superado, creando lo que llaman inmunidad de rebaño, o inmunidad de grupo.

Ese porcentaje de panameños, que algunos estiman en 15 %, se junta, celebra, se contagia, y es el principal responsable por la transmisión de la enfermedad a sus amistades y familiares, en especial las personas mayores que viven con él. Parece que no hubiera tomado conciencia de que esta epidemia causa todas las semanas cerca de 10 000 enfermos y 100 fallecidos, y si mantenemos este irresponsable y descontrolado ritmo, terminaremos el año con cerca de 250 000 casos acumulados y 3500 fallecimientos por esta enfermedad; con graves secuelas en la salud física y mental de los afectados; así como en la salud emocional, psicológica, social y económica de sus familiares y de toda la población.

En ese contexto, le pregunto a mis conciudadanos que no aplican las medidas de bioseguridad que todos conocemos: ¿van a permanecer indiferentes ante este escenario de sufrimiento nacional?, o ¿se van a sumar para proteger a los más vulnerables y romper las cadenas de transmisión y controlar esta epidemia?

No podemos pensar que la única manera de combatir este coronavirus es dejar que la población, especialmente los jóvenes, se infecte de manera natural, y actúe como una especie de barrera contra la transmisión. Los jóvenes también se enferman, sufren la enfermedad grave, pueden fallecer o quedar con secuelas. Además, esta inmunidad de rebaño es “una falacia sin evidencia científica”, como subrayó hace poco un grupo de 80 investigadores en una carta abierta de la publicación científica The Lancet. En ella, los científicos advertían que la ausencia de medidas de control aumentaría significativamente la mortalidad en toda la población, afectaría toda la economía y prolongará todavía más la epidemia, además de colapsar los sistemas sanitarios. Según algunos cálculos científicos, la inmunidad de rebaño ocasionaría unos 77 millones de muertos, equivalente al 1 % de la población, de los cuales 40 000 podrían ser panameños.

Por su parte, el director de la OMS, manifestó recientemente que la inmunidad de rebaño contra la COVID-19, adquirida naturalmente, es “científica y éticamente problemática”. Se trata de un concepto utilizado para la vacunación, de conformidad con el cual una población puede ser protegida de cierto virus si se alcanza un umbral de vacunación. Por ejemplo, agregó, la inmunidad de rebaño contra el sarampión requiere que cerca del 95 % de la población haya sido vacunado. El cinco por ciento restante será protegido por el hecho de que el sarampión no se propaga entre quienes están vacunados. Lo lógico entonces, es cuidarnos todos, mientras dispongamos de una vacuna efectiva contra el coronavirus SARS-CoV-2. ¿No les parece?

Como si fuera poco, el director agregó que, el mundo todavía no sabe lo suficiente sobre la inmunidad a la COVID-19, incluyendo cuán fuerte o duradera será la respuesta inmunológica, o cómo difiere entre distintas personas, por no mencionar algunos casos de personas que se han contagiado por segunda ocasión. Además, la enorme mayoría de personas, en la mayoría de los países, sigue siendo susceptible al virus, lo que significa que permitir que el virus circule sin control podría causar contagios, sufrimiento y muertes innecesarios. Por otra parte, el mundo apenas empieza a entender los efectos de largo plazo para la salud entre las personas con COVID-19. Y sencillamente es poco ético permitir que un virus peligroso, que no es entendido por completo, circule libremente, dijo.

Finalmente, en el caso de SARS-CoV-2, se ha estimado que la inmunidad de rebaño corresponde a un 70-75 % de la población, y, en Panamá, es probable que no lleguemos ni al 10 %, lo que la hace inviable, y hasta inhumano pensar que lograremos frenar la epidemia promoviendo los contagios. No va a funcionar. Solo va a ocasionar más enfermedad, muertes y pérdidas económicas.

Lo que tenemos que hacer es redoblar el cumplimiento de las medidas ya implementadas y que han demostrado ser eficaces para controlar la transmisión y salvar vidas, como evitar las reuniones multitudinarias, las fiestas, los “parqueos”; proteger a los vulnerables, nuestros hermanos, padres, abuelos; empoderar, educar y comprometer a las comunidades, además de encontrar, aislar, realizar pruebas y atender los casos y rastrear y poner en cuarentena a sus contactos.

Médico, exrepresentante de la Organización Mundial de la Salud (OMS).