Temas Especiales

08 de May de 2021

José Abel Almengor Echeverría

Columnistas

Disturbios de Viernes Santo en Colón y el desarme de la Policía Nacional (2 de abril de 1915)

Siendo el 15 de agosto de 1914, el sueño de muchas generaciones de panameños y americanos se cumplía; por primera vez una embarcación cruzaría el Canal Interoceánico, uniendo el océano Atlántico con el Pacífico y fue el vapor “SS Ancón” el invitado perfecto.

Siendo el 15 de agosto de 1914, el sueño de muchas generaciones de panameños y americanos se cumplía; por primera vez una embarcación cruzaría el Canal Interoceánico, uniendo el océano Atlántico con el Pacífico y fue el vapor “SS Ancón” el invitado perfecto. Varios fueron testigos de este evento mundial. El presidente Belisario Porras, su esposa y gabinete, presenciaban los actos protocolares. Los nubarrones propios a los días previos a una guerra y desolación se empezaban a notar con fuerza; pues era el inicio de la Primera Guerra Mundial, el 28 de julio de 1914. En nuestro país, las relaciones con EE. UU., en los últimos años de la construcción del canal, habían sido tensas, ello se demostró con los incidentes del barrio de Cocoa Grove de julio de 1912 y de febrero de 1915, en donde particulares y empleados del Gobierno fueron heridos y muertos en la ciudad de Panamá. Panamá y EE. UU. se responsabilizaban el uno al otro de los hechos. Sin embargo, una manifestación publicada, por el periódico Panama Morning Journal, del 18 de febrero de 1915, que fue poco atendida, fue profética, al declarar el brigadier general de las tropas norteamericanas, C. R Edwards, lo siguiente: “… Creáme si hay disturbios de nuevo, los Estados Unidos, intervendrán…”.

Los organismos de seguridad del presidente Porras veían con motivación, pero con preocupación, el muy difundido evento deportivo, a través de los periódicos, a saber: el juego de béisbol a celebrarse en Colón, el 2 de abril de 1915, entre el equipo de la unidad de la 5ta Infantería contra Cristóbal. La oportunidad era interesante, para estrechar lazos entre panameños y americanos, para olvidar un poco los contratiempos de la guerra. Ya el béisbol en nuestro país empezaba a tener una influencia enorme.

El gran día llegó y la ciudad de Colón estaba abarrotada, más de 3000 personas, entre empleados del Gobierno norteamericano y civiles. La movilización se hizo por trenes, había muchas personas en el estadio y en las calles.

La ingesta de bebidas alcohólicas se salió de control, aunada a conflictos de racismo y el Gobierno de Panamá, por conducto de las autoridades administrativas de la provincia, pidieron que las patrullas norteamericanas ingresaran a dispersar el área, puesto que la policía panameña era insuficiente. En ese contexto, ingresó a la ciudad de Colón el cabo corporal Maurice Langdon, quien fue asesinado en un confuso incidente. Personal americano detuvo al subteniente panameño Carlos Núñez y lo culpó de haber hecho disparos a los trenes. Lo confuso de los hechos, impidió que se supiera exactamente quién hirió de muerte a Langdon.

Las investigaciones iniciaron en Panamá. Por la gravedad de los hechos, el caso fue elevado al Juzgado Superior de Panamá, con competencia en todo el país. Nombres de valiosos panameños entraron en la escena administrativa, investigativa y de juzgamiento. Entre estos: el canciller de la República, Ernesto Trisdel Lefevre; el alcalde de Colón, Manuel Grimaldo; el gobernador de Colón, Rubén Arcía; los jueces del Juzgado Superior de la República, Juan Demóstenes Arosemena y Dámaso Cervera Daguere; el procurador general de la Nación, Alonso Fábrega y el fiscal del Juzgado Superior de la República, Evaristo Almengor Bendiburg.

El caso fue complejo desde el inicio, generó numerosos intercambios de comunicaciones, cables y telegramas, entre la legación norteamericana en Panamá y el Departamento de Estado. La Cancillería también se comunicó profusamente con los funcionarios panameños. Se dieron innumerables ruedas de identificación, en filas de presos; declaraciones de testigos, panameños y norteamericanos. Ampliaciones del sumario, para incorporar nuevas pruebas. El subteniente Núñez se mantenía detenido y las presiones a Panamá, no cesaban.

Se pretendió que el caso sirviera de escarmiento para que eventos similares no volvieran a ocurrir. Panamá hizo todo lo que pudo, colaboró en todos los escenarios, pero en febrero de 1917, a un jurado de conciencia le tomó 10 minutos declarar inocente a Carlos Núñez. En el interín, siendo este resultado previsible, por la complejidad de los hechos, entre el 14 de enero al 20 de mayo de 1916, se produjeron una de las tensiones diplomáticas más duras entre Panamá y EE. UU., como se comprueba con los cables y telegramas intercambiados entre la Delegación Americana, el gobernador Goethals, el secretario de Estado Lansing, el ministro Jennings Price, donde se hace referencia al incumplimiento de “supuestas” promesas verbales de Panamá de no usar armas largas (bayonetas) en disturbios públicos en Panamá y Colón.

Se cumplía la profecía del general Edwards, se forzaría a nuestro país a desarmar de armas largas a la policía; para lograr el fin se paró el desembolso de un préstamo a Panamá en Norteamérica. El canciller Lefevre, bajo protesta, autorizó el desarme, dejando claro que fue por incapacidad de resistir. El presidente Porras mandó una nota de protesta al presidente de EE. UU.

(*) Ex fiscal nacional en Delitos Relacionados con Drogas, exmagistrado de la Sala Segunda de lo Penal de la Corte Suprema de Justicia, orador de la Herencia Hispana en EE. UU. (2006). Exprofesor de la Universidad Santa María La Antigua (USMA) y de la Universidad Latina de Panamá.