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21 de Jan de 2021

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Jorge Luis Prosperi Ramírez

Columnistas

Protejamos nuestra salud

“Esta pandemia de enfermedades no transmisibles es la gran pandemia de este siglo, muestra una tendencia al aumento del número de enfermos y fallecidos por estas causas, y, si no actuamos con firmeza, la seguiremos padeciendo después de que controlemos la actual calamidad”

Hace dos semanas señalé que la recuperación del país en el 2021 no tiene que ver solo con derrotar al virus, también deberemos aprovechar el nuevo año para resolver los asuntos que tenemos pendientes, a fin de poder ofrecer las nuevas herramientas y abordar los problemas sociales y ambientales clave que hacen que algunos sectores de la población sufran mucho más que otros. Entre esos asuntos pendientes está la necesidad de proteger nuestra salud, particularmente frente a las enfermedades no transmisibles, ENT. Me refiero a este tema a continuación.

Para poner en perspectiva la importancia de prevenir y controlar las enfermedades no transmisibles, la OMS nos informa recientemente que, estas enfermedades, incluidas las cardiopatías, los accidentes cerebrovasculares, el cáncer, la diabetes, las enfermedades pulmonares crónicas, y las enfermedades mentales, en especial la depresión, son en conjunto responsables de casi el 70 % de todas las muertes en todo el mundo. Y agrega que, casi tres cuartas partes de todas las muertes por ENT y el 82 % de los 16 millones de personas que murieron prematuramente o antes de cumplir los 70 años se producen en países de ingresos bajos y medios. En nuestro país, de acuerdo con el INEC, alrededor del 67 % de las defunciones anuales son consecuencia de estas enfermedades no transmisibles.

Las enfermedades no transmisibles afectan a personas de todos los grupos de edad. Los niños, los adultos y los ancianos son todos vulnerables a los factores de riesgo que contribuyen a las ENT, ya sea por dietas poco saludables, inactividad física, exposición al humo de tabaco o el uso nocivo de alcohol. Son además impulsadas por fuerzas que incluyen una rápida urbanización no planificada, la globalización de estilos de vida poco saludables y el envejecimiento de la población. Estas dietas poco saludables y la falta de actividad física pueden manifestarse en las personas como hipertensión arterial, aumento de la glucosa en sangre, aumento de los lípidos en sangre y obesidad. Factores de riesgo metabólico que conducen a enfermedades cardiovasculares, la principal ENT en términos de muertes prematuras que pudieron evitarse o postergarse, evitando los factores de peligro asociados a ellas.

Esta pandemia de enfermedades no transmisibles es la gran pandemia de este siglo, muestra una tendencia al aumento del número de enfermos y fallecidos por estas causas, y, si no actuamos con firmeza, la seguiremos padeciendo después de que controlemos la actual calamidad. Tiene consecuencias devastadoras para la salud de las personas, las familias y las comunidades y amenaza con abrumar los sistemas de salud. Adicionalmente, los costos socioeconómicos asociados con estas enfermedades hacen que la prevención y el control de estas enfermedades sean un imperativo importante para el desarrollo del siglo XXI.

Lamentablemente, este grave problema y la promoción de la salud no han sido una prioridad en la agenda política de nuestros gobernantes de los últimos treinta años y carecemos de información actualizada sobre su magnitud. Tampoco poseemos información suficiente sobre las desigualdades en salud, lo cual es crucial para identificar diferencias en salud entre diferentes subgrupos de población, conocer con precisión quién se está quedando atrás, y formular políticas, programas y prácticas de salud que tengan como objetivo cerrar las brechas existentes y hacer más, pero con evidencias, para que protejamos nuestra salud, mediante el fomento de cambios en los estilos de vida y en las condiciones del entorno que faciliten el desarrollo de una “cultura de la salud”.

Está pendiente la reorientación de los servicios de salud para el desarrollo de un modelo de atención con enfoque de Atención Primaria de Salud que incluya la satisfacción de las necesidades de salud de las personas a lo largo de su vida; el abordaje de los determinantes más amplios de la salud mediante políticas y acciones multisectoriales; y el empoderamiento de las personas, las familias y las comunidades para que se hagan cargo de su propia salud.

Al final me queda claro que la promoción de la salud necesita fortalecerse. Lo más importante es redoblar nuestros esfuerzos por reducir los factores de riesgo modificables de las ENT y sus determinantes sociales y ambientales. Adicionalmente, la prevención y el control efectivos de estas, requerirán del liderazgo solvente y fortalecido de nuestro sector salud, y de abordajes multisectoriales, inclusivos, altamente participativos para la producción social de salud a nivel de Gobierno y sociedad.

Por nuestra parte, el gran reto que tenemos es vencer la apatía que nos caracteriza, ejercer el control social, el autocuidado que nos corresponde, proteger nuestra salud y cuidar la vida… ¿Qué esperamos?

Médico, exrepresentante de la Organización Mundial de la Salud (OMS).