Temas Especiales

08 de May de 2021

Vladimir A. Espinosa Aguilar

Columnistas

Reflexiones en torno a la prioridad en vacunarse

“¿Qué implicaciones tiene esta lamentable primera experiencia de vacunación contra la COVID-19 en una situación de carencia de personal médico y paramédico […]?”

El día del arribo de la vacuna contra la COVID-19, mi esposa me invitó a que viéramos la transmisión del acontecimiento en cadena nacional de TV. El avión aterrizó en la terminal de carga del aeropuerto de Tocumen, aproximadamente a eso de la medianoche. El Gobierno había preparado una bienvenida al valioso cargamento, como si estuviéramos recibiendo a alguna personalidad importante. Incluso, en la pantalla del televisor aparecía la trayectoria final del avión, faltando unos 45 minutos antes de tocar suelo patrio.

El ambiente en el aeropuerto era de una gran expectativa que aumentó al abrirse la puerta por la cual aparecería el tan ansiado cargamento de vacunas. Pero, el entusiasmo que tenía se fue esfumando cuando en el montacargas veo una “cajita de fósforo”, si la comparamos con otros cargamentos de vacunas que llegaban a países como México, Chile, Argentina e incluso Costa Rica.

Mi primera expresión, ante lo que percibían mis ojos, fue decirle a mi esposa: “Este primer lote de vacunas no alcanzará para todo el personal de primera línea de los hospitales programados para recibir la vacuna”. Ante esta disyuntiva, las autoridades debieron modificar lo planeado y definir, basados en la nueva realidad, quiénes verdaderamente recibirían la vacuna.

En efecto, al día siguiente se formó una rebatiña por vacunarse, como cuando los niños asistentes a un cumpleaños se abalanzan sobre las golosinas que salen de la piñata. Pero la situación empeoró cuando personal que no estaba programado para ser vacunado en este primer envío se coló, ante la permisividad mostrada por el personal de enfermería que administraba la vacuna, según varios medios informativos. Allí se vacunó personal de salud que ejecuta funciones completamente administrativas, que no atiende pacientes de COVID-19 e inclusive personal administrativo, por lo cual quedó sin vacunarse personal médico y de enfermería que labora en las Unidades de Cuidados Intensivos. La prioridad para vacunarse no se adquiere por méritos, es el grado de riesgo al que se enfrenta el personal lo que determina el orden de preferencia.

¿Qué implicaciones tiene esta lamentable primera experiencia de vacunación contra la COVID-19 en una situación de carencia de personal médico y paramédico para atender las Unidades de Cuidados Intensivos en el país?

En primer lugar, se ha dejado en un estado de total indefensión o de vulnerabilidad a varios integrantes de este grupo que se desempeña en estas unidades de atención.

En segundo lugar, ¿tendrán realmente el presidente, el ministro de Salud, el director de la CSS, que, por cierto, es médico, y todos sus asesores idea de lo que significaría la pérdida de un solo médico o enfermera intensivista por la COVID-19 en la delicada situación de salud que vive nuestro país?

Suscribe esta nota un médico que laboró durante 45 años en la CSS.

Médico anestesiólogo y abogado.